Poemas de Manuel del Cabral

Manuel-del-Cabral
Nombre: Manuel del Cabral
Nacimiento: Repblica Dominicana 7 de marzo de 1907
Muerte: Repblica Dominicana 14 de mayo de 1999
Nacionalidad: Repblica Dominicana
Biografía de Manuel del Cabral

Poemas de Manuel del Cabral



Poesías de Manuel del Cabral preferidas de nuestros lectores


  • Trpico suelto


  • 1

    A ratos,
    machacas rumbas con tus zapatos,
    y tu cadera,
    que padece una vieja borrachera,
    y tu aliento
    que a veces quema hasta el fular del viento,
    saben a la locura de tu barro mezclado
    de mula tropical, de sol quemado.

    Mulata que te hicieron de la noche y del da,
    en el caf con leche
    bebo tu carne de fantasa.
    Tabaco para hacerlo picadura
    con el cuchillo de la dentadura:
    tu talle
    que le roba los ojos a la calle.

    Sobre las marejadas de la hamaca
    meces tu carcajada de maraca:
    como si de repente fabricaras la aurora
    en tu carne de cuero de tambora,
    de tambora, que a veces, roncos ruidos arrancas
    para las tempestades de tus ancas.

    Alma de raspadura y piel de aj,
    quema y endulza tu mordedura.

    Voy a decir que te metiste en m
    como si fueras una calentura.

    2

    No.

    Hoy no sueo, no sueo, aqu est el sueo
    en pequeos ciclones de gargantas;
    encerrada la tierra en amuletos;
    el trueno detenido en los tambores.

    Buscando el cielo oculto de su culto
    sube Hait por los pies hasta su grito.
    Aqu est el sueo, se me pone grande
    un mapa que me ronca y que me asalta;
    aqu esta Hait metido en unos dientes,
    aqu est Hait que se derrite en ritos,
    aqu est, retorcido, de repente,
    con golpes de mar seco y de azabache
    Hait tiembla en un vientre.

    Hoy no sueo, no sueo, aqu est el sueo
    sudoroso y espeso, aqu esta el sueo
    desnudo y pegajoso y poco ausente,
    sueo de objeto oscuro y caso rojo.

    Aqu est Hait metido en una hembra:
    en una llama negra.

    3

    El tambor, a ratos,
    va poniendo furiosos tus zapatos.
    Ya con su limpia agilidad de fiera
    trepa el son y trabaja en tu cadera.

    La terca tempestad de la tambora
    sopla la ola de tu vientre ahora.
    Y tu taco toca, y tu taco as,
    riega por el aire tu caliente Hait.

    Revent la selva, desde tu cintura
    hasta el paraso de tu mordedura.

    Tu cancin de curvas canta ms que t:
    sabe los secretos que te dio el vud.
    Negra que sin ropa, tienes lo de aquel
    que siendo secreto se qued en tu piel.

    Tiro mis ojos en tus pezones
    cuando tu vientre derrite sones.
    Trpico que bailas -deja que te siga
    el terremoto de tu barriga,
    terremoto alegre que sudando ron
    con su voz callada canta ms que el son-.

    Negra desatada -deja a tu cintura
    que se derrita con su calentura -.
    Que ya van saliendo del ronco bong
    abuelos remotos del Pap-boc
    Abuelos que tienen en rumba enredados
    tus supersticiosos pies huracanados.

    Trpico furioso y alegre a la vez,
    desde que tu rabia se baj a los pies.

    Ya te vas quedando vestida de viento.
    All son tus pechos dos buches de ron.
    Algo de la tierra me sube violento,
    oigo que tus curvas cantan ms que el son.

    Y tu taco toca, y tu taco, a ratos,
    echa al aire el Congo que hay en tus zapatos.

    4

    Hoy no sueo, no sueo, aqu est el sueo
    metido en clima y derretido en ritos ...

    Aqu:

    Pide collares la negra,
    pide collares de hueso
    al hombre oscuro que tiene
    en su filo un cementerio.

    Pide collares curiosos
    la curiosa que en el viento
    de pie a cabeza desnuda
    deja desnudo al deseo.

    Sombra que sigue a otra sombra,
    inquieta su cuerpo inquieto:
    negra columna de humo
    que no se aparta del suelo.

    Sabe a su isla de cocos;
    mas, por ver si tiene miedo,
    collares de cocodrilos
    ponen duro el ro entero.

    Ya sntesis de la selva:
    goza el peligro su cuerpo
    que tiene el monte por cama,
    que tiene el cielo por techo.

    Y el canbal que da oscuro
    como su piel su veneno,
    satisface la columna
    de aquel humo tan espeso.

    Mas, borracha de caprichos,
    es una tumba su cuello
    que tiene para su adorno
    cadveres de amuletos.

    Y pide otra vez collares,
    pide collares su cuerpo,
    al canbal que ha nevado
    el camino con los huesos.

    Y mientras brilla y espera
    perlas macabras su cuerpo,
    perlas que pesca el cuchillo
    y lustran lenguas de negros,

    corta la sangre cuajada
    de una rosa, que en su pecho,
    revienta como una herida
    que le perfuma su cuerpo.

    Hoy no sueo, no sueo, aqu esta el sueo:
    aqu est Hait metido en una hembra:
    en una llama negra.

    5

    Colasa: manteca inquieta
    quemada a ron con vud,
    no se te va el retacito
    de espiritismo que a gritos
    esta entre tu ropa y t.

    Borracho de muchas cosas,
    yelo, Colasa, bien;
    con cabellos de guitarra
    te voy a enredar los pies.

    Suma de abuelo tu carne
    anochece amaneciendo;
    tu cuerpo a palos moliendo
    lo limpian de brujeras,
    y t roncas, como no,
    tu cuerpo mismo el bongo.

    Y ahora,
    que venga el juez,
    que venga y vea
    que yo te amarre los pies.

    Que venga la polica,
    que otra vez
    caliente mi mano agarra
    los pelos de mi guitarra
    para amarrarle tambin
    al uniforme, la ley.

    Pero de tu carne prieta,
    quiero ahora, de una vez,
    sacar una cosa blanca ...
    No ves que si est en tus pies
    vas a machacar el alma.
    El alma, Colasa, el alma!

    La ves...


  • Nio muerto en un patio


  • Tal vea no diga nada, ni siquiera del patio.

    Todo est en aquel sitio.
    Su cada levanta todas mis cualidades,
    porque s que estas cosas
    son las que bien me obligan a no desperdiciarme.

    Tal vez no hable con nadie sobre este nio muerto.

    Yo llegar a mi casa como todos los das;
    me sentar a la mesa, tomar mi jengibre,
    quizs acaricie el pelo de seda de mi gato,
    y tal vez dos palabras conmigo o con mi hermano
    sobre la lluvia o sobre la cosecha.

    Tal vez no hable con nadie...

    Qu puede hacer la edad de la palabra
    donde la eternidad parece un nio?