Poemas de Miguel Hernández

Miguel-Hernndez
Nombre: Miguel Hernández
Nacimiento: Orihuela, Alicante 30 de octubre de 1910
Muerte: Alicante, 28 de marzo de 1942
Nacionalidad: España
Biografía de Miguel Hernández

Poemas de Miguel Hernández

21  >> El rayo que no cesa
22  >> El rayo que no cesa
12  >> El rayo que no cesa
6  >> El rayo que no cesa
18  >> El rayo que no cesa
8  >> El rayo que no cesa
7   >> El rayo que no cesa
20  >> El rayo que no cesa
27  >> El rayo que no cesa
11  >> El rayo que no cesa
16 class= mw redirect  >> El rayo que no cesa
17  >> El rayo que no cesa
23  >> El rayo que no cesa
24  >> El rayo que no cesa
Soneto final  >> El rayo que no cesa
5  >> El rayo que no cesa
9  >> El rayo que no cesa
28  >> El rayo que no cesa
13  >> El rayo que no cesa
2  >> El rayo que no cesa
19  >> El rayo que no cesa
1  >> El rayo que no cesa
14  >> El rayo que no cesa
10  >> El rayo que no cesa
29  >> El rayo que no cesa
25  >> El rayo que no cesa
26  >> El rayo que no cesa
15  >> El rayo que no cesa
4   >> El rayo que no cesa
3  >> El rayo que no cesa
Elegía segunda  >> Viento del pueblo
Fuerza del Manzanares  >> Viento del pueblo
Los cobardes  >> Viento del pueblo
Recoged esta voz  >> Viento del pueblo
Visión de Sevilla  >> Viento del pueblo
Vientos del pueblo me llevan  >> Viento del pueblo
El incendio  >> Viento del pueblo
El niño yuntero  >> Viento del pueblo
Pasionaria  >> Viento del pueblo
Euzkadi  >> Viento del pueblo
Canción del esposo soldado  >> Viento del pueblo
Elegía primera  >> Viento del pueblo
Aceituneros  >> Viento del pueblo
Llamo a la juventud  >> Viento del pueblo
Sentado sobre los muertos  >> Viento del pueblo
Primero de mayo de 1937  >> Viento del pueblo
Rosario, dinamitera  >> Viento del pueblo
Campesino de España  >> Viento del pueblo
Juramento de la alegría  >> Viento del pueblo
Ceniciento Mussolini  >> Viento del pueblo
Jornaleros  >> Viento del pueblo
Las manos  >> Viento del pueblo
El sudor  >> Viento del pueblo
Nuestra juventud no muere  >> Viento del pueblo


Poesías de Miguel Hernández preferidas de nuestros lectores


  • Vientos del pueblo me llevan


  • Vientos del pueblo me llevan,
    vientos del pueblo me arrastran,
    me esparcen el corazón
    y me aventan la garganta.

    Los bueyes doblan la frente,
    impotentemente mansa,
    delante de los castigos:
    los leones la levantan
    y al mismo tiempo castigan
    con su clamorosa zarpa.

    No soy de un pueblo de bueyes,
    que soy de un pueblo que embargan
    yacimientos de leones,
    desfiladeros de águilas
    y cordilleras de toros
    con el orgullo en el asta.
    Nunca medraron los bueyes
    en los páramos de España.
    ¿Quién habló de echar un yugo
    sobre el cuello de esta raza?
    ¿Quién ha puesto al huracán
    jamás ni yugos ni trabas,
    ni quién al rayo detuvo
    prisionero en una jaula?

    Asturianos de braveza,
    vascos de piedra blindada,
    valencianos de alegría
    y castellanos de alma,
    labrados como la tierra
    y airosos como las alas;
    andaluces de relámpagos,
    nacidos entre guitarras
    y forjados en los yunques
    torrenciales de las lágrimas;
    extremeños de centeno,
    gallegos de lluvia y calma,
    catalanes de firmeza,
    aragoneses de casta,
    murcianos de dinamita
    frutalmente propagada,
    leoneses, navarros, dueños
    del hambre, el sudor y el hacha,
    reyes de la minería,
    señores de la labranza,
    hombres que entre las raíces,
    como raíces gallardas,
    vais de la vida a la muerte,
    vais de la nada a la nada:
    yugos os quieren poner
    gentes de la hierba mala,
    yugos que habéis de dejar
    rotos sobre sus espaldas.
    Crepúsculo de los bueyes
    está despuntando el alba.

    Los bueyes mueren vestidos
    de humildad y olor de cuadra:
    las águilas, los leones
    y los toros de arrogancia,
    y detrás de ellos, el cielo
    ni se enturbia ni se acaba.
    La agonía de los bueyes
    tiene pequeña la cara,
    la del animal varón
    toda la creación agranda.

    Si me muero, que me muera
    con la cabeza muy alta.
    Muerto y veinte veces muerto,
    la boca contra la grama,
    tendré apretados los dientes
    y decidida la barba.

    Cantando espero a la muerte,
    que hay ruiseñores que cantan
    encima de los fusiles
    y en medio de las batallas.


  • Aceituneros


  • Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma: ¿quién,
    quién levantó los olivos?

    No los levantó la nada,
    ni el dinero, ni el señor,
    sino la tierra callada,
    el trabajo y el sudor.

    Unidos al agua pura
    y a los planetas unidos,
    los tres dieron la hermosura
    de los troncos retorcidos.

    Levántate, olivo cano,
    dijeron al pie del viento.
    Y el olivo alzó una mano
    poderosa de cimiento.

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    decidme en el alma, ¿quién
    amamantó los olivos?

    Vuestra sangre, vuestra vida,
    no la del explotador
    que se enriqueció en la herida
    generosa de sudor.

    No la del terrateniente
    que os sepultó en la pobreza,
    que os pisoteó la frente,
    que os redujo la cabeza.

    Árboles que vuestro afán
    consagró al centro del día
    eran principio de un pan
    que sólo el otro comía.

    ¡Cuántos siglos de aceituna,
    los pies y las manos presos,
    sol a sol y luna a luna,
    pesan sobre vuestros huesos!

    Andaluces de Jaén,
    aceituneros altivos,
    pregunta mi alma: ¿de quién,
    de quién son estos olivos?

    Jaén, levántate brava
    sobre tus piedras lunares,
    no vayas a ser esclava
    con todos tus olivares.

    Dentro de la claridad
    del aceite y sus aromas,
    indican tu libertad
    la libertad de las lomas.