Poemas de Miguel de Cervantes

Miguel-de-Cervantes
Nombre: Miguel de Cervantes
Nacimiento: Alcalá de Henares 29 de septiembre de 1547
Muerte: Madrid 22 de abril1 de 1616
Nacionalidad: España
Biografía de Miguel de Cervantes

Poemas de Miguel de Cervantes



Poesías de Miguel de Cervantes preferidas de nuestros lectores


  • Canción de Grisóstomo


  • Ya que quieres, cruel, que se publique,
    de lengua en lengua y de una en otra gente,
    del áspero rigor tuyo la fuerza,
    haré que el mismo infierno comunique
    al triste pecho mío un son doliente,
    con que el uso común de mi voz tuerza.
    Y al par de mi deseo, que se esfuerza
    a decir mi dolor y tus hazañas,
    de la espantable voz irá el acento,
    y en él mezcladas, por mayor tormento,
    pedazos de las míseras entrañas.
    Escucha, pues, y presta atento oído,
    no al concertado son, sino al rüido
    que de lo hondo de mi amargo pecho,
    llevado de un forzoso desvarío,
    por gusto mío sale y tu despecho.
    El rugir del león, del lobo fiero
    el temeroso aullido, el silbo horrendo
    de escamosa serpiente, el espantable
    baladro de algún monstruo, el agorero
    graznar de la corneja, y el estruendo
    del viento contrastado en mar instable;
    del ya vencido toro el implacable
    bramido, y de la viuda tortolilla
    el sentible arrullar; el triste canto
    del envidiado búho, con el llanto
    de toda la infernal negra cuadrilla,
    salgan con la doliente ánima fuera,
    mezclados en un son, de tal manera
    que se confundan los sentidos todos,
    pues la pena cruel que en mí se halla
    para contarla pide nuevos modos.
    De tanta confusión no las arenas
    del padre Tajo oirán los tristes ecos,
    ni del famoso Betis las olivas:
    que allí se esparcirán mis duras penas
    en altos riscos y en profundos huecos,
    con muerta lengua y con palabras vivas;
    o ya en oscuros valles, o en esquivas
    playas, desnudas de contrato humano,
    o adonde el sol jamás mostró su lumbre,
    o entre la venenosa muchedumbre
    de fieras que alimenta el libio llano;
    que, puesto que en los páramos desiertos
    los ecos roncos de mi mal, inciertos,
    suenen con tu rigor tan sin segundo,
    por privilegio de mis cortos hados,
    serán llevados por el ancho mundo.
    Mata un desdén, atierra la paciencia,
    o verdadera o falsa, una sospecha;
    matan los celos con rigor más fuerte;
    desconcierta la vida larga ausencia;
    contra un temor de olvido no aprovecha
    firme esperanza de dichosa suerte.
    En todo hay cierta, inevitable muerte;
    mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo
    celoso, ausente, desdeñado y cierto
    de las sospechas que me tienen muerto;
    y en el olvido en quien mi fuego avivo,
    y, entre tantos tormentos, nunca alcanza
    mi vista a ver en sombra a la esperanza,
    ni yo, desesperado, la procuro;
    antes, por extremarme en mi querella,
    estar sin ella eternamente juro.
    ¿Puédese, por ventura, en un instante
    esperar y temer, o es bien hacerlo,
    siendo las causas del temor más ciertas?
    ¿Tengo, si el duro celo está delante,
    de cerrar estos ojos, si he de vello
    por mil heridas en el alma abiertas?
    ¿Quién no abrirá de par en par las puertas
    a la desconfianza, cuando mira
    descubierto el desdén, y las sospechas,
    ¡oh amarga conversión!, verdades hechas,
    y la limpia verdad vuelta en mentira?
    ¡Oh, en el reino de amor fieros tiranos
    celos, ponedme un hierro en estas manos!
    Dame, desdén, una torcida soga.
    Mas, ¡ay de mí!, que, con cruel victoria,
    vuestra memoria el sufrimiento ahoga.
    Yo muero, en fin; y, porque nunca espere
    buen suceso en la muerte ni en la vida,
    pertinaz estaré en mi fantasía.
    Diré que va acertado el que bien quiere,
    y que es más libre el alma más rendida
    a la de amor antigua tiranía.
    Diré que la enemiga siempre mía
    hermosa el alma como el cuerpo tiene,
    y que su olvido de mi culpa nace,
    y que, en fe de los males que nos hace,
    amor su imperio en justa paz mantiene.
    Y, con esta opinión y un duro lazo,
    acelerando el miserable plazo
    a que me han conducido sus desdenes,
    ofreceré a los vientos cuerpo y alma,
    sin lauro o palma de futuros bienes.
    Tú, que con tantas sinrazones muestras
    la razón que me fuerza a que la haga
    a la cansada vida que aborrezco,
    pues ya ves que te da notorias muestras
    esta del corazón profunda llaga,
    de cómo, alegre, a tu rigor me ofrezco,
    si, por dicha, conoces que merezco
    que el cielo claro de tus bellos ojos
    en mi muerte se turbe, no lo hagas;
    que no quiero que en nada satisfagas,
    al darte de mi alma los despojos.
    Antes, con risa en la ocasión funesta,
    descubre que el fin mío fue tu fiesta;
    mas gran simpleza es avisarte de esto,
    pues sé que está tu gloria conocida
    en que mi vida llegue al fin tan presto.
    Venga, que es tiempo ya, del hondo abismo
    Tántalo con su sed; Sísifo venga
    con el peso terrible de su canto;
    Ticio traya su buitre, y asimismo
    con su rueda Egïón no se detenga,
    ni las hermanas que trabajan tanto;
    y todos juntos su mortal quebranto
    trasladen en mi pecho, y en voz baja
    -si ya a un desesperado son debidas-
    canten obsequias tristes, doloridas,
    al cuerpo a quien se niegue aun la mortaja.
    Y el portero infernal de los tres rostros,
    con otras mil quimeras y mil monstruos,
    lleven el doloroso contrapunto;
    que otra pompa mejor no me parece
    que la merece un amador difunto.
    Canción desesperada, no te quejes
    cuando mi triste compañía dejes;
    antes, pues que la causa do naciste
    con mi desdicha aumenta su ventura,
    aun en la sepultura no estés triste.

    Del libro de "DON QUIJOTE DE LA MANCHA"

  • Redondillas


  • Redondillas al hábito de Fray Pedro de Padilla

    Hoy el famoso Padilla
    con las muestras de su celo
    causa contento en el cielo
    y en la tierra maravilla,

    porque, llevado del cebo
    de amor, temor y consejo,
    se despoja el hombre viejo
    para vestirse de nuevo.

    Cual prudente sierpe ha sido,
    pues, con nuevo corazón,
    en la piedra de Simón
    se deja el viejo vestido,

    y esta mudanza que hace
    lleva tan cierto compás
    que en ella asiste lo más
    de cuanto a Dios satisface.

    Con las obras y la fe
    hoy para el cielo se embarca
    en mejor jarciada barca
    que la que libró a Noé;

    y, para hacer tal pasaje,
    ha muchos años que ha hecho,
    con sano y cristiano pecho,
    cristiano matalotaje,

    y no teme el mal tempero
    ni anegarse en el profundo
    porque en el mar de este mundo
    es práctico marinero,

    y así, mirando el aguja
    divina, cual se requiere,
    si el demonio a orza diere,
    él dará al instante a puja.

    Y llevando este concierto
    con las ondas de este mar,
    a la fin vendrá a parar
    a seguro y dulce puerto,

    donde, sin áncoras ya,
    estará la nave en calma
    con la eternidad del alma,
    que nunca se acabará.

    En una verdad me fundo,
    y mi ingenio aquí no yerra,
    que en siendo sal de la tierra,
    habéis de ser luz del mundo:

    luz de gracia rodeada
    que alumbre nuestro horizonte,
    y sobre el Carmelo monte
    fuerte ciudad levantada.

    Para alcanzar el trofeo
    De estas santas profecías,
    tendréis el carro de Elías
    con el manto de Eliseo,

    y, ardiendo en amor divino,
    donde nuestro bien se fragua,
    apartando el manto al agua,
    por el fuego haréis camino;

    porque el voto de humildad
    promete segura alteza
    y castidad y pobreza,
    bienes de divinidad,

    y así los cielos serenos
    verán, cuando acabarás,
    un cortesano allá más
    y en la tierra un sabio menos.
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    POESÍAS SUELTAS

    De Miguel de Cervantes, a los éxtasis de nuestra beata madre Teresa de Jesús

    Virgen fecunda, madre venturosa,
    cuyos hijos, criados a tus pechos,
    sobre sus fuerzas la virtud alzando,
    pisan ahora los dorados techos
    de la dulce región maravillosa
    que está la gloria de su Dios mostrando:
    tú, que ganaste obrando
    un nombre en todo el mundo
    y un grado sin segundo,
    ahora estés ante tu Dios postrada,
    en rogar por tus hijos ocupada,
    o en cosas dignas de tu intento santo,
    oye mi voz cansada
    y esfuerza, ¡oh madre!, el desmayado canto.
    Luego que de la cuna y las mantillas
    sacó Dios tu niñez, diste señales
    que Dios para ser suya te guardaba,
    mostrando los impulsos celestiales
    en ti, con ordinarias maravillas,
    que a tu edad tu deseo aventajaba;
    y si se descuidaba
    de lo que hacer debía,
    tal vez luego volvía
    mejorado, mostrando codicioso
    que el haber parecido perezoso
    era un volver atrás para dar salto,
    con curso más brïoso,
    desde la tierra al cielo, que es más alto.
    Creciste, y fue creciendo en ti la gana
    de obrar en proporción de los favores
    con que te regaló la mano eterna,
    tales que, al parecer, se alzó a mayores
    contigo alegre Dios en la mañana
    de tu florida edad humilde y tierna;
    y así tu ser gobierna
    que poco a poco subes
    sobre las densas nubes
    de la suerte mortal, y así levantas
    tu cuerpo al cielo, sin fijar las plantas,
    que ligero tras sí el alma le lleva
    a las regiones santas
    con nueva suspensión, con virtud nueva.
    Allí su humildad te muestra santa;
    acullá se desposa Dios contigo,
    aquí misterios altos te revela.
    Tierno amante se muestra, dulce amigo,
    y, siendo tu maestro, te levanta
    al cielo, que señala por tu escuela;
    parece se desvela
    en hacerte mercedes;
    rompe rejas y redes
    para buscarte el Mágico divino,
    tan tu llegado siempre y tan continuo
    que, si algún afligido a Dios buscara,
    acortando camino
    en tu pecho o en tu celda le hallara.
    Aunque naciste en Ávila, se puede
    decir que Alba fue donde naciste,
    pues allí nace donde muere el justo;
    desde Alba, ¡oh madre!, al cielo te partiste:
    alba pura, hermosa, a quien sucede
    el claro día del inmenso gusto.
    Que le goces es justo
    en éxtasis divinos
    por todos los caminos
    por donde Dios llevar a un alma sabe,
    para darle de sí cuanto ella cabe,
    y aun la ensancha, dilata y engrandece
    y, con amor süave,
    a sí y de sí la junta y enriquece.
    Como las circunstancias convenibles
    que acreditan los éxtasis, que suelen
    indicios ser de santidad notoria,
    en los tuyos se hallaron, nos impelen
    a creer la verdad de los visibles
    que nos describe tu discreta historia;
    y el quedar con victoria,
    honroso triunfo y palma
    del infierno, y tu alma
    más humilde, más sabia y obediente
    al fin de tus arrobos, fue evidente
    señal que todos fueron admirables
    y sobrehumanamente
    nuevos, continuos, sacros, inefables.
    Ahora, pues, que al cielo te retiras,
    menospreciando la mortal riqueza
    en la inmortalidad que siempre dura,
    y el visorrey de Dios nos da certeza
    que sin enigma y sin espejo miras
    de Dios la incomparable hermosura,
    colma nuestra ventura:
    oye, devota y pía,
    los balidos que envía
    el rebaño infinito que criaste
    cuando del suelo al cielo el vuelo alzaste,
    que no porque dejaste nuestra vida
    la caridad dejaste,
    que en los cielos está más extendida.
    Canción, de ser humilde has de preciarte
    cuando quieras al cielo levantarte,
    que tiene la humildad naturaleza
    de ser el todo y parte
    de alzar al cielo la mortal bajeza.

    Al señor Antonio Veneziani

    Si el lazo, el fuego, el dardo, el puro hielo
    que os tiene, abrasa, hiere y pone fría
    vuestra alma, trae su origen desde el cielo,
    ya que os aprieta, enciende, mata, enfría,
    ¿qué nudo, llama, llaga, nieve o celo
    ciñe, arde, traspasa o hiela hoy día,
    con tan alta ocasión como aquí muestro,
    un tierno pecho, Antonio, como el vuestro?
    El cielo, que el ingenio vuestro mira,
    en cosas que son de él quiso emplearos
    y, según lo que hacéis, vemos que aspira
    por Celia al cielo empíreo levantaros;
    ponéis en tal objeto vuestra mira,
    que dais materia al mundo de envidiaros:
    ¡dichoso el desdichado a quien se tiene
    envidia de las ansias que sostiene!
    En los conceptos que la pluma
    de la alma en el papel ha trasladado
    nos dais no sólo indicio pero muestra
    de que estáis en el cielo sepultado,
    y allí os tiene de amor la fuerte diestra
    vivo en la muerte, a vida reservado,
    que no puede morir quien no es del suelo,
    teniendo el alma en Celia, que es un cielo.
    Sólo me admira el ver que aquel divino
    cielo de Celia encierre un vivo infierno
    y que la fuerza de su fuerza y sino
    os tenga en pena y llanto sempiterno;
    al cielo encamináis vuestro camino,
    mas, según vuestra suerte, yo discierno
    que al cielo sube el alma y se apresura,
    y en el suelo se queda la ventura.
    Si con benigno y favorable aspecto
    a alguno mira el cielo acá en la tierra,
    obra escondidamente un bien perfecto
    en el que cualquier mal de sí destierra;
    mas si los ojos pone en el objeto
    airados, le consume en llanto y guerra
    así como a vos hace vuestro cielo:
    ya os da guerra, ya paz, y[a fuego y hielo.
    No se ve el cielo en claridad serena
    de tantas luces claro y alumbrado
    cuantas con rica habéis y fértil vena
    el vuestro de virtudes adornado;
    ni hay tantos granos de menuda arena
    en el desierto líbico apartado
    cuantos loores creo que merece
    el cielo que os abaja y engrandece.
    En Scitia ardéis, sentís en Libia frío,
    contraria operación y nunca vista;
    flaqueza al bien mostráis, al daño brío;
    más que un lince miráis, sin tener vista;
    mostráis con discreción un desvarío,
    que el alma prende, a la razón conquista,
    y esta contrariedad nace de aquella
    que es vuestro cielo, vuestro sol y estrella.
    Si fuera un caos, una materia unida
    sin forma vuestro cielo, no espantara
    de que del alma vuestra entristecida
    las continuas querellas no escuchara;
    pero, estando ya en partes esparcida
    que un fondo forman de virtud tan rara,
    es maravilla tenga los oídos
    sordos a vuestros tristes alaridos.
    Si es lícito rogar por el amigo
    que en estado se halla peligroso,
    yo, como vuestro, desde aquí me obligo
    de no mostrarme en esto perezoso;
    mas si me he de oponer a lo que digo
    y conducirlo a término dichoso,
    no me deis la ventura, que es muy poca,
    mas las palabras sí de vuestra boca.
    Diré: "Celia gentil, en cuya mano
    está la muerte y vida y pena y gloria
    de un mísero cautivo que, temprano
    ni aun tarde, no saldrás de su memoria:
    vuelve el hermoso rostro blando, humano,
    a mirar de quien llevas la victoria;
    verás el cuerpo en dura cárcel triste
    del alma que primero tú rendiste.
    Y, pues un pecho en la virtud constante
    se mueve en casos de honra y muestra airado,
    muévale al tuyo el ver que de delante
    te han un firme amador arrebatado;
    y si quiere pasar más adelante
    y hacer un hecho heroico y extremado,
    rescata allá su alma con querella,
    que el cuerpo, que está acá, se irá tras ella.
    El cuerpo acá y el alma allá cautiva
    tiene el mísero amante que padece
    por ti, Celia hermosa, en quien se aviva
    la luz que al cielo alumbra y esclarece;
    mira que el ser ingrata, cruda, esquiva
    mal con tanta beldad se compadece:
    muéstrate agradecida y amorosa
    al que te tiene por su cielo y diosa".

    Canción nacida de las varias nuevas que han venido de la católica armada que fue sobre Inglaterra

    Bate, Fama veloz, las prestas alas,
    rompe del norte las cerradas nieblas,
    aligera los pies, llega y destruye
    el confuso rumor de nuevas malas
    y con tu luz esparce las tinieblas
    del crédito español, que de ti huye;
    esta preñez concluye
    en un parto dichoso que nos muestre
    un fin alegre de la ilustre empresa,
    cuyo fin nos suspende, alivia y pesa,
    ya en contienda naval, ya en la terrestre,
    hasta que, con tus ojos y tus lenguas,
    diciendo ajenas menguas,
    de los hijos de España el valor cantes,
    con que admires al cielo, al suelo espantes.

    A Fray Pedro de Padilla

    Cual vemos que renueva
    el águila real la vieja y parda
    pluma y con otra nueva
    la detenida y tarda
    pereza arroja y con subido vuelo
    rompe las nubes y se llega al cielo:
    tal, famoso Padilla,
    has sacudido tus humanas plumas,
    porque con maravilla
    intentes y presumas
    llegar con nuevo vuelo al alto asiento
    donde aspiran las alas de tu intento.
    Del sol el rayo ardiente
    alza del duro rostro de la tierra,
    con virtud excelente,
    la humildad que en sí encierra,
    la cual después, en lluvia convertida,
    alegra al suelo y da a los hombres vida:
    y de esta misma suerte
    el sol divino te regala y toca
    y en tal humor convierte
    que, con tu pluma, apoca
    la sequedad de la ignorancia nuestra
    y a ciencia santa y santa vida adiestra.
    ¡Qué santo trueco y cambio:
    por las humanas, las divinas musas!
    ¡Qué interés y recambio!
    ¡Qué nuevos modos usas
    de adquirir en el suelo una memoria
    que dé fama a tu nombre, al alma gloria!;
    que, pues es tu Parnaso
    el monte del Calvario y son tus fuentes
    de Aganipe y Pegaso
    las sagradas corrientes
    de las benditas llagas del Cordero,
    eterno nombre de tu nombre espero.

    Al secretario Gabriel Pérez del Barrio Angulo

    Tal secretario formáis,
    Gabriel, en vuestros escritos,
    que por siglos infinitos
    en él os eternizáis;
    de la ignorancia sacáis
    la pluma, y en presto vuelo
    de lo más bajo del suelo
    al cielo la levantáis.
    Desde hoy más, la discreción
    quedará puesta en su punto,
    y el hablar y escribir junto
    en su mayor perfección,
    que en esta nueva ocasión
    nos muestra, en breve distancia,
    Demóstenes su elegancia
    y su estilo Cicerón.
    España os está obligada,
    y con ella el mundo todo,
    por la sutileza y modo
    de pluma tan bien cortada;
    la adulación defraudada
    queda, y la lisonja en ella;
    la mentira se atropella,
    y es la verdad levantada.
    Vuestro libro nos informa
    que sólo vos habéis dado
    a la materia de estado
    hermosa y cristiana forma;
    con la razón se conforma
    de tal suerte que en él veo
    que, contentando al deseo,
    al que es más libre reforma.
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