Poemas de Nicolás Fernández de Moratín

Nicols-Fernndez-de-Moratn
Nombre: Nicolás Fernández de Moratín
Nacimiento: Madrid, España 20 de julio de 1737
Muerte: Madrid, España 11 de mayo de 1780
Nacionalidad: España
Biografía de Nicolás Fernández de Moratín

Poemas de Nicolás Fernández de Moratín



Poesías de Nicolás Fernández de Moratín preferidas de nuestros lectores


  • Canción. A Pedro Romero, torero insigne


  • Cítara áurea de Apolo, a quien los dioses
    hicieron compañera
    de los regios banquetes, y ¡oh sagrada
    musa! que el bosque de Helicón venera,
    no es tiempo que reposes;
    alza el divino canto y la acordada
    voz hasta el cielo osada,
    con eco que supere resonante
    al estruendo confuso y vocería,
    popular alegría,
    y aplauso cortesano triünfante,
    que se escucha distante
    en el sangriento coso matritense,
    en cuya arena intrépido se planta
    el vencedor circense,
    lleno de glorias que la fama canta.

       Otras quiere adquirir, y así de espanto
    y de placer se llena
    la Villa que domina entrambos mundos.
    Corre el vulgo anhelante, rumor suena,
    y se corona en tanto
    de bizarros galanes sin segundos
    y atletas furibundos
    el ancho anfiteatro. Allí se asoma
    todo el reino de Amor, y la hermosura
    que a Venus desfigura,
    y no hay humano pecho que no doma
    (baldón de Grecia y Roma),
    y en opulencia y aparato hesperio
    muestra Madrid cuanto tesoro encierra
    corte de tanto imperio,
    del mayor soberano de la tierra.

       Pasea la gran plaza el animoso
    mancebo, que la vista
    lleva de todos, su altivez mostrando,
    ni hay corazón que esquivo le resista.
    Sereno el rostro hermoso,
    desprecia el riesgo que le está esperando;
    le va apenas ornando
    el bozo el labio superior, y el brío
    muestra y valor en años juveniles
    del iracundo Aquiles.
    Va ufano al espantoso desafío,
    ¡con cuánto señorío!
    ¡qué ademán varonil! ¡qué gentileza!
    Pides la venia, hispano atleta, y sales
    en medio con braveza,
    que llaman ya las trompas y timbales.

       No se miró Jasón tan fieramente
    en Colcos embestido
    por los toros de Marte, ardiendo en llama,
    como precipitado y encendido
    sale el bruto valiente
    que en las márgenes corvas de Jarama
    rumió la seca grama.
    Tú le esperas, a un numen semejante,
    sólo con débil, aparente escudo,
    que dar más temor pudo;
    el pie siniestro y mano está delante;
    ofrécesle arrogante
    tu corazón que hiera, el diestro brazo
    tirado atrás con alta gallardía;
    deslumbra hasta el recazo
    la espada, que Mavorte envidiaría.

       Horror pálido cubre los semblantes,
    en trasudor bañados,
    del atónito vulgo silencioso;
    das a las tiernas damas mil cuidados
    y envidia a sus amantes;
    todo el concurso atiende pavoroso
    el fin de este dudoso
    trance. La fiera que llamó el silbido
    a ti corre veloz, ardiendo en ira,
    y amenazando mira
    el rojo velo al viento suspendido.
    Da tremendo bramido,
    como el toro de Fálaris ardiente,
    hácese atrás, resopla, cabecea,
    eriza la ancha frente,
    la tierra escarba y larga cola ondea.

       Tu anciano padre, el gladiator ibero
    que a Grecia España opone,
    con el silvestre olivo coronado,
    por quien la áspera Ronda ya se pone
    sobre Elis, y el ligero
    Asopo el raudo curso ha refrenado,
    cediendo al despeñado
    Guadalevín; tu padre, que el famoso
    nombre y valor en ti ve renovarse,
    no puede serenarse,
    hasta que mira al golpe poderoso
    el bruto impetüoso
    muerto a tus pies, sin movimiento y frío,
    con temeraria y asombrosa hazaña,
    que por nativo brío
    solamente no es bárbara en España.

       ¿Quién dirá el grito y el aplauso inmenso
    que tu acción vocifera,
    si el precio de tus méritos pregona
    la envidia, con adorno a la extranjera,
    que dice: «En el extenso
    mundo, ¿cuál rey que ciña la corona
    entre hijos de Belona
    podrá mandar a sus vasallos fieros
    (como el dueño feliz de las Españas)
    hacer tales hazañas?
    ¿Cuál vencerán a indómitos guerreros
    en lances verdaderos,
    si éstos sus juegos son y su alegría?»
    ¡Oh, no conozca España qué varones
    tan invencibles cría!
    ¡Rogádselo a los cielos, oh naciones!

       Y tú, por quien Vandalia nombre toma
    cual la aquiva Corinto
    (ni tal vio el circo máximo de Roma),
    si algo ofrece a mi verso el dios de Cinto,
    tu gloria llevaré del occidente
    a la aurora, pulsando el plectro de oro;
    la patria eternamente
    te dará aplauso, y de Aganipe el coro.


  • Epigrama. Saber sin estudiar

  • EPIGRAMA
     SABER SIN ESTUDIAR

    Admiróse un portugués
    de ver que en su tierna infancia
    todos los niños en Francia
    supiesen hablar francés.
    «Arte diabólica es»,
    dijo, torciendo el mostacho,
    «que para hablar en gabacho
    un fidalgo en Portugal
    llega a viejo, y lo habla mal;
    y aquí lo parla un muchacho».