Poemas de Pedro Miguel Obligado

Pedro-Miguel-Obligado
Nombre: Pedro Miguel Obligado
Nacimiento: Buenos Aires Argentina en 1892
Muerte: Buenos Aires Argentina en 1967
Nacionalidad: Argentina
Biografía de Pedro Miguel Obligado

Poemas de Pedro Miguel Obligado



Poesías de Pedro Miguel Obligado preferidas de nuestros lectores


  • Melancolía


  • Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…
    Vaga la melancolía de una pena que ignoro.
    El viento que estremece marchitas congojas,
    pasa como un recuerdo por el bosque sonoro.

    Es otoño. Parece que un ensueño renuncia,
    que un desencanto esparce las efímeras galas…
    Una dorada pompa que a la muerte denuncia,
    con el follaje mustio forma una lluvia de alas.

    Estoy solo. Se siente que el otoño es un viaje…
    Hay un alma que llora porque alguien se despide.
    Este ocaso de plantas que enrojece el paisaje,
    con mi desalentada serenidad coincide.

    Pienso en ti, oyendo un canto perdido en lontananza.
    Cantan las cosas muertas, la música del vuelo.
    Como mi amor caído conserva su esperanza,
    la floresta marchita quiere subir al cielo.

    Caen las hojas. La selva trágica se derrumba.
    Desparrámase un sauce cual generosa fuente.
    Las hojas más diversas tienen la misma tumba,
    y entremezcladas ruedan en un mismo torrente.

    Tú eres como una brisa para mi huerto sonoro.
    Mi vida es una rama, a tu paso, deshojas;
    y que tendrá a los vientos, un destino que ignoro.
    Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas…



  • ¿Nada más


  • ¿Nada más que tu amble disciplina merezco,
    y el cariño oportuno que dices que me das,
    y sonrisas piadosas para el mal que padezco?
    ¿Nada más, nada más?...

    Yo sé que no te he dado sino un alma sincera,
    y un amor que no buscas y que no buscarás,
    y los días opacos de una vida cualquiera.
    Nada más, nada más…

    Tal vez como un sonido que se pierde en la altura,
    vagamente en ti misma, mi ensueño sentirás;
    y será mi recuerdo, delicada amargura.
    Nada más, nada más…

    Pero cuesta volverla juiciosa, a la esperanza,
    mostrarle que su ensueño querido está de más,
    y sólo es una sombra que sobre el suelo danza.
    Nada más, nada más…