Poemas de Ramón de Campoamor

Ramón-de-Campoamor
Nombre: Ramón de Campoamor
Nacimiento: Navia Asturias 24 de septiembre de 1817
Muerte: Madrid 11 de febrero de 1901
Nacionalidad: España
Biografía de Ramón de Campoamor

Poemas de Ramón de Campoamor



Poesías de Ramón de Campoamor preferidas de nuestros lectores


  • La niña y la mariposa



  • Va una mariposa bella
    volando de rosa en rosa,
    y de una en otra afanosa
    corre una niña tras ella.

    Su curso, alegre y festiva,
    sigue con pueril afán,
    y con airoso ademán
    la mariposa se esquiva.

    A veces con loco intento
    quiere hacer presa en sus galas,
    y, en vez de tocar sus alas,
    toca las alas del viento.

    Y su empeño duplicando,
    cuanto más corre afanosa,
    más leda la mariposa
    va su inocencia burlando.

    La ciñe en rápido giro,
    y al ir a cogerla esbelta,
    por cada vez que se suelta,
    suelta la niña un suspiro.

    Mas, sin ceder en su anhelo,
    presta una, y la otra ligera,
    ni una acorta su carrera,
    ni la otra amaina su vuelo.

    Y vagan embebecidas,
    sin sentir indiferentes
    ni el són de las claras fuentes,
    ni el de las auras perdidas.

    Ni los pájaros que espantan,
    entre las ramas divisan,
    ni ven las flores que pisan,
    ni oyen las aves que cantan.

    Y mientras estas cantando
    siguen con plácido estruendo,
    la niña sigue corriendo,
    la mariposa volando.

    -Amaina el vuelo sereno,
    mariposa,
    de quien es albergue el seno
    de la rosa.
    ¿Por qué en tal dulce ocasión
    vas sin tino
    huyendo así la prisión
    de lazo tan peregrino?

    Reina de las blandas flores,
    sus enojos
    no temas, ni los ardores
    de sus ojos,
    porque ese puro arrebol
    que enamora,
    si es luciente como el sol,
    es tierno como la aurora.

    Entre mil palmas no hay talle
    más galano,
    ni azucena en todo el valle
    cual su mano.
    No oirás de su voz divina
    la dulzura,
    ni el ruiseñor que trina,
    ni el raudal que murmura.

    Aprende el aura a ser leve
    de su planta,
    y, para formar con nieve
    su garganta.
    le dió el cisne el atavío
    de su pluma,
    lumbre la aurora, y el río
    su plata, cristal y espuma.

    -No sigas más la inconstante
    mariposa,
    enamorada y errante
    niña hermosa,
    que al fin vendrá a ser cautiva
    de tu llama,
    si aun amorosa, aunque esquiva,
    la luz de los cielos ama.

    Y aunque aspira de mil flores
    la fragancia,
    no imites en tus amores
    su inconstancia;
    que al fin de tanto vagar,
    suele, hermosa,
    entre las flores hallar
    la yerba más venenosa.

    Imita sólo su vuelo,
    pues serena,
    jamás, niña toca el cielo,
    ni la arena.
    Quien se humilla o sin razón
    subir quiere,
    muere a manos de un halcón
    si a las de un áspid no muere.

    Mas ¡ay! que vas en pos de ella
    vagarosa,
    sin escuchar mi querella,
    niña hermosa.
    Sigues con presteza tanta
    tu contento,
    que así encomiendas tu planta,
    como mi súplica, al viento.-

    Y en tan inocente afán,
    como su gusto entretienen,
    así vagabundas vienen,
    y así vagabundas van.

    A veces en su embeleso
    la mariposa, al pasar,
    suele fugaz estampar
    sobre su mejilla un beso.

    Y rauda su vuelo alzando,
    la niña de angel blasona,
    al trazar una corona
    sobre su frente girando.

    Y siguen acordemente
    la mariposa en sus giros,
    la niña con sus suspiros,
    con sus rumores la fuente.

    Vagan los aires süaves
    formando dobles acentos,
    y al grato son de los vientos,
    siguen cantando las aves.

    Y entre tanta melodía,
    tanta corriente murmura,
    que es todo el aire frescura,
    aroma, luz y armonía.

    Y susurrando congojas
    prosiguen mintiendo quejas,
    en el pensil las abejas,
    y en la enramada las hojas.

    Y tiernas flores hollando,
    y frescas auras batiendo,
    la niña sigue corriendo,
    la mariposa volando.


  • La Rueda del Amor


  • Aquellas niñas hermosas
    que en suma beldad conformes,
    teniendo la tez cual nieve,
    tengan los ojos cual soles,
    y el alma sintiendo, tiernas,
    herida de mal de amores,
    tanto les falte de esquivas,
    cuanto de bellas les sobre,
    salgan al campo conmigo
    ricas de gracias, adonde
    favor al mayo risueño
    las brinden, con gracias dobles,
    corrientes aguas los valles,
    frescos doseles los bosques,
    con su verdura los campos
    y con su esencia las flores.
    Oiréis sonar encontrados,
    y aunque encontrados, acordes,
    los enamorados trinos
    de músicos ruiseñores,
    cuando en sentidos acentos
    mustias las tórtolas lloren,
    dando en su vuelo a los aires
    matices, plumas y sones.
    Venid, y hagamos la rueda
    llamada de los amores
    (que al aprenderla de niño,
    nola olvidé desde entonces).
    las ricas flores hollando,
    y el aire hendiendo veloces,
    el aire con los cabellos,
    y con las plantas las flores.
    Las blancas manos asiendo,
    y tan blancas, que las cortes
    nunca tan nítidas manos
    dan a sus reyes en dote,
    en torno agitad festivas
    los aires murmuradores;
    que yo vendaré mis ojos,
    haciendo del día noche.
    Volad, palomas; que osado
    yo espantaré los halcones,
    si alguna vez para heriros
    muestran sus garras feroces.
    Volad, que a la que esta rama,
    pasando furtiva, toque,
    con la venda de mis ojos
    habrá de nublar sus soles.
    -¡Oh, que triste es nuestros ojos
    cubrir de sombras informes,
    y no sentir de los vuestros
    los penetrantes arpones,
    ni ver con ansias mortales
    de vuestra faz los colores,
    ni sobre el aura, al tenderlos,
    de vuestro talles los cortes!
    Niñas, corred; que aún no escucho
    con plácidas emociones
    de vuestras ropas flotantes
    los sutilísimos roces;
    y aunque me pesa en el alma,
    no siento los corazones
    que muellemente se agitan
    bajo esos pechos de bronce.
    Volad, palomas; que osado
    yo espantaré los halcones,
    si alguna vez para heriros
    muestran sus garras feroces.
    Volad, que a la que esta rama!
    pasando furtiva, toque,
    con la venda de mis ojos
    tendrá que nublar sus soles.
    Mas ¿cómo sin dar amante
    a vuestro enojo ocasiones,
    huís, dejándome solo,
    sin advertirme por dónde,
    tal que siquiera dejasteis,
    pasando como ilusiones,
    ni removida la arena,
    ni destroncadas las flores?
    Sin duda en mágico vuelo,
    como celestes visiones,
    entre la grama y los aires
    os deslizasteis veloces,
    huyendo mi fe constante,
    pues vuestros pechos traidores
    tienen el aire por guía,
    y la inconstancia por norte.
    ¡Una y mil veces mal haya
    quien de vuestras invenciones
    amante se fía, y de ellas
    la falsedad no conoce!
    Y más que en tanto a la sombra
    de esos altísimos robles
    maldiga yo vuestro agrado,
    y mis desagrados llore;
    vosotras entretenidas
    mirad las aguas que corren;
    que bien está vuestra fe
    con su inconstancia conforme,
    pues no hay onda que no agiten
    a cualquier viento que sople,
    ni conchas que no remuevan
    ni árbol ni flor que no mojen,
    ni campos que no dibujen,
    ni imágenes que no borren,
    ni risas que no deshagan,
    ni círculos que no formen.
    Mas luégo que el sol sus rayos
    extienda en el horizonte,
    haciendo en las nubes iris
    tocando el mar de colores;
    y luégo que en regia pompa
    parezcan a sus fulgores;
    y mares de sombra los valles,
    y mares de luz los montes,
    vendréis a buscar frescura
    cuando el calor os agobie,
    y me tendréis que encontrar,
    aunque no queráis entonces,
    y yo a la sombra tendido
    de estos altísimos robles,
    no os he de dejar el puesto,
    por más que tierno os adore,
    ni miraré enamorado
    de vuestra faz los colores,
    ni sobre el aura, al tenderlos,
    de vuestros talles los cortes;
    y no vendaré mis ojos,
    más que en no hacerlo os enoje,
    y hasta ahogaré mis suspiros,
    aunque con ellos me ahogue.
    Haré todo esto digo,
    y más que veréis entonces,
    y a fe de amante lo juro
    por esas aguas que corren.