Poemas de Salomé Ureña

Salom-Urea
Nombre: Salomé Ureña
Nacimiento: Santo Domingo 21 de octubre de 1850
Muerte: Santo Domingo 6 de marzo de 1897
Nacionalidad: República Dominicana
Biografía de Salomé Ureña

Poemas de Salomé Ureña



Poesías de Salomé Ureña preferidas de nuestros lectores


  • El ave y el nido


  • ¿Por qué te asustas, ave sencilla?
    ¿Por qué tus ojos fijas en mí?
    Yo no pretendo, pobre avecilla,
    llevar tu nido lejos de aquí.

    Aquí, en el hueco de piedra dura,
    tranquila y sola te vi al pasar,
    y traigo flores de la llanura
    para que adornes tu libre hogar.

    Pero me miras y te estremeces,
    y el ala bates con inquietud,
    y te adelantas, resuelta, a veces,
    con amorosa solicitud.

    Porque no sabes hasta qué grado
    yo la inocencia sé respetar,
    que es, para el alma tierna, sagrado
    de tus amores el libre hogar.

    ¡Pobre avecilla! Vuelve a tu nido
    mientras del prado me alejo yo;
    en él mi mano lecho mullido
    de hojas y flores te preparó.

    Mas si tu tierna prole futura
    en duro lecho miro al pasar,
    con flores y hojas de la llanura
    deja que adorne tu libre hogar.


  • Ruinas



  • Memorias venerandas de otros días,
    soberbios monumentos,
    del pasado esplendor reliquias frías,
    donde el arte vertió sus fantasías,
    donde el alma expresó sus pensamientos.

    Al veros ¡ay! con rapidez que pasma
    por la angustiada mente
    que sueña con la gloria y se entusiasma
    la bella historia de otra edad luciente.

    ¡Oh, Quisqueya! Las ciencias agrupadas
    te alzaron en sus hombros
    del mundo a las atónitas miradas;
    y hoy nos cuenta tus glorias olvidadas
    la brisa que solloza en tus escombros.

    Ayer, cuando las artes florecientes
    su imperio aquí fijaron
    y creaciones tuviste eminentes,
    fuiste pasmo y asombro de las gentes,
    y la Atenas moderna te llamaron.

    Águila audaz que rápida tendiste
    tus alas al vacío
    y por sobre las nubes te meciste:
    ¿por qué te miro desolada y triste?
    ¿dó está de tu grandeza el poderío?

    Vinieron años de amarguras tantas,
    de tanta servidumbre;
    que hoy esa historia al recordar te espantas,
    porque inerme, de un dueño ante las plantas,
    humillada te vio la muchedumbre.

    Y las artes entonces, inactivas,
    murieron en tu suelo,
    se abatieron tus cúpulas altivas,
    y las ciencias tendieron, fugitivas,
    a otras regiones, con dolor, su vuelo.

    ¡Oh, mi Antilla infeliz que el alma adora!
    Doquiera que la vista
    ávida gira en tu entusiasmo ahora,
    una ruina denuncia acusadora
    las muertas glorias de tu genio artista.

    ¡Patria desventurada! ¿Qué anatema
    cayó sobre tu frente?
    Levanta ya de tu indolencia extrema:
    la hora sonó de redención suprema
    y ¡ay, si desmayas en la lid presente!

    Pero vano temor: ya decidida
    hacia el futuro avanzas;
    ya del sueño despiertas a la vista,
    y a la gloria te vas engrandecida
    en alas de risueñas esperanzas.

    Lucha, insiste, tus títulos reclama:
    que el fuego de tu zona
    preste a tu genio su potente llama,
    y entre el aplauso que te dé la fama
    vuelve a ceñirte la triunfal corona.

    Que mientras sueño para ti una palma,
    y al porvenir caminas,
    no más se oprimirá de angustia el alma
    cuando contemple en la callada calma
    la majestad solemne de tus ruinas.