Poemas de Salvador Rueda

Salvador-Rueda
Nombre: Salvador Rueda
Nacimiento: Macharaviaya Málaga 3 de diciembre de 1857
Muerte: Málaga 1 de abril de 1933
Nacionalidad: España
Biografía de Salvador Rueda

Poemas de Salvador Rueda



Poesías de Salvador Rueda preferidas de nuestros lectores


  • La Bacanal

  • desierto y mudo su elocuente Foro;
    con estallar de estrépito sonoro
    la delirante bacanal asoma.

    No importa que minando la carcoma
    esté su base de sillares de oro,
    ni que entre mares de imborrable lloro
    caiga como la impúdica Sodoma.

    El festival con su esplendor la baña,
    y sus noches magnificas recrea,
    y con báquicos bailes le acompaña.

    Y Roma, entre el festín que la rodea,
    vacila como tronco en la montaña
    que, antes de herirlo, el viento bambolea.

    2

    Abren la marcha grupos numerosos
    de Silenos con pieles revestidos,
    que adelantan el paso confundidos
    con grupos de bacantes bulliciosos.

    Agitando los tirsos primorosos
    de cien lazos espléndidos ceñidos,
    excitan y enardecen los sentidos
    con sus bailes de ritmos cadenciosos.

    De la noche rompiendo las tristezas,
    van antorchas de rayos penetrantes
    que del cuadro destacan las bellezas.

    Y un escuadrón de sátiros saltantes
    conduce en las cornígeras cabezas
    hojas de hiedra en círculos triunfantes.

    3

    Mujeres con figura de victoria
    siguen vestidas de lujosas galas,
    y abren en sus omóplatos las alas,
    símbolo de su triunfo y de su gloria.

    Vivas luces ardiendo a la memoria
    del gran Dionisos brillan cual bengalas,
    y de sus tonos tienden las escalas
    sobre el festín de la romana escoria.

    Un bello altar de perlas coronado,
    que irradia como asiático tesoro,
    va de frondosas pámpanas orlado.

    Y en pos de cien niños a compás sonoro,
    llevan como presente delicado
    el azafrán en páteras de oro.

    4

    Tras de un tropel que rompe y desbarata,
    libre de toda ley, lazos y frenos,
    llegan en el tumulto dos Silenos
    en cuya piel la luz rayos desata.

    Uno que e1 vivo júbilo retrata
    va dando brincos de destreza llenos,
    y el otro lanza vibradores truenos
    de una trompeta de maciza plata.

    Entre los dos, de trágico vestido,
    un hombre va colérico accionando
    y el rostro tras la máscara escondido.

    Es el actor que avanza declamando,
    y viene con acento enardecido
    dáctilos y espondeos recitando.

    5

    Esparciendo, prolíficas, los dones
    con que la madre tierra las dotara,
    entre pompas que un rey ambicionara
    avanzan las diversas estaciones.

    Resuenan encomiásticas canciones
    en las que va la perfección más rara,
    y en copa enorme que de hervir no para
    hacen sátiros mil sus libaciones.

    Trípodes al de Delfos semejantes
    y piedras erizadas de facetas,
    van mezclados con copas deslumbrantes.

    Y ensalzan en su lira los poetas,
    con ditirambos bellos y brillantes,
    el premio destinado a los atletas.

    6

    Baco, encima de un carro reluciente,
    va por torvas panteras arrastrado,
    y en un vaso de plata cincelado
    bebe la espuma del licor hirviente.

    Un tazón de Laconia transparente,
    bajo el dosel de pámpanas formado,
    luce su primoroso modelado
    junto a jarros y perlas del Oriente.

    Muestran las cabelleras destrenzadas
    en el carro triunfal nobles matronas
    con las sacerdotisas inspiradas.

    Y cubiertas de pieles de leonas,
    van al pagano rito encadenadas
    mujeres con laureles y coronas.

    7

    Cien brutos de otro carro van tirando:
    es un lagar de áureos racimos lleno,
    que están, al son de un canto de Sileno,
    enardecidos sátiros pisando.

    Al brusco ritmo con que van bailando,
    la uva derrama su jugoso seno,
    y fingen sordo resonar de trueno
    los duros pies el suelo golpeando.

    Copas de plata el chorro desprendido
    reciben en sus fondos deslumbrantes,
    cual si el nácar hubiéralos bruñido.

    Trasiéganlas las turbas delirantes,
    y el carro lleva a su espaldar uncido
    un reguero de lúbricas bacantes.

    8

    De la profusa bacanal liviana
    avanza otro vehículo asombroso
    bajo un odre gigante y portentoso
    que de leopardas pieles se engalana.

    Sobre su inmensa cima soberana,
    como en hombros de homérico coloso,
    en montón hacinado y prodigioso
    junta sus artes la ciudad romana.

    Jarros, trípodes, vasos a porfía,
    bajo relieves de cincel divino,
    asombran la exaltada fantasía.

    Y a lo largo llevadas del camino,
    al par que derramando la alegría,
    van vertiendo las cráteras el vino.

    9

    Sigue un cuadro de gracia y de belleza:
    niños vestidos de ideal blancura
    muestran ceñidas en la frente pura
    coronas que tejió Naturaleza.

    Sobre un carro cargado de riqueza
    vierte una gruta esencias y frescura,
    y hay un coro de ninfas que asegura
    verde laurel a la gentil cabeza.

    Dos fuentes de las peñas se desmandan
    entre ramajes y aromadas pomas,
    y leche y vino en sus raudales mandan.

    Ungen el aire asiáticos aromas,
    y por cima del carro se desbandan
    espirales de espléndidas palomas.

    10

    Dos cazadores con venablos de oro,
    de numerosos perros circundados,
    que Hircania regaló en sus collados
    para ornamento del festín sonoro,

    van escuchando el encendido coro
    de entusiásticos himnos, dedicados
    al dios que lleva a su poder atados
    tanto regio esplendor, tanto tesoro.

    Arboles de magnífico follaje
    ponen dosel de agreste poesía
    al cuadro halagador con su ramaje.

    Y en sus hojas estalla la armonía
    de cien aves de espléndido plumaje
    que en bellas jaulas regaló Etiopía.

    11

    Siguen el lento paso torvas fieras
    de hirsuta piel en tintas salpicadas,
    elefantes de trompas enroscadas,
    las de diente voraz rubias panteras.

    Con lanas como blondas cabelleras
    van las llamas de formas delicadas,
    y las alas de armiño inmaculadas
    abren los cisnes como dos banderas.

    Aguilas de pupila rutilante,
    de duras garras y de corvo pico,
    nobleza prestan al festín brillante.

    Y el pavo real, de tornasoles rico,
    desata la baraja deslumbrante
    de las plumas sin fin de su abanico.

    12

    Cierra la marcha, espléndido y grandioso,
    un grupo de cien carros resonantes,
    donde avestruces, ciervos y elefantes,
    pasan en un desfile esplendoroso.

    Baco, en medio, deslumbra victorioso
    coronado de pámpanas flotantes,
    entre sabias ciudades que triunfantes
    simbolizó el artista prodigioso.

    El vino en copas cinceladas prueban
    sátiros que, beodos, van saltando
    y a las bacantes lúbricas sublevan.

    Y esclavos rudos a compás danzando,
    ébano en troncos colosales llevan
    sobre los recios hombros descansando.

    13

    Y entre esa orgía de placer profundo,
    pasmo y asombro del cerebro humano,
    que atraviesa en desfile soberano
    con su tropel de carros rubicundo;

    entre ese delirar vivo y jocundo
    río que corre al lóbrego Océano
    donde revueltas en su estruendo vano
    van a morir las glorias de este mundo,

    la antigua sociedad, roto su cielo,
    siente que en su espaldas se desploma,
    y herida pliega el vacilante vuelo.

    Borra el festín su embriagador aroma,
    se apagan las antorchas, tiembla el suelo,
    ¡se abre el abismo y se sepulta Roma!


  • Sonetos


  • Tiene la mariposa cuatro alas;
    tú tienes cuatro versos voladores;
    ella, al girar, resbala por las flores;
    tú por los labios, al girar, resbalas.

    Como luces su túnica, tú exhalas
    de tu forma divinos resplandores,
    y fingen ocho vuelos tembladores
    tus cuatro remos y sus cuatro palas.

    Ya te enredas del alma en una queja,
    ya en la azul campanilla de una reja,
    ya de un mantón en el airoso fleco.

    En el pueblo, andaluz, copla, has nacido,
    y tienes --¡ave musical!-- tu nido
    de la guitarra en el sonoro hueco.

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