Poema Por qu no mandas de Pedro Bonifacio Palacios

Por qu no mandas

de Pedro Bonifacio Palacios


I

Como al nacer el sol en el oriente
los negros lomos de la tierra inflama,
como Dios al mirar sobre los pueblos
desaloja la duda de las almas
en mis tinieblas
casi macabras
como rayo de sol fu tu sonrisa,
consolacin de Dios fu tu mirada.

Como brill una luz en el desierto
para salvar una nacin esclava,
como cruz una estrellas los espacios
al comenzar la Redencin humana,
-resplandecientes,
a llamaradas-,
surgieron, en mi senda, tu sonrisa,
y en mi noche angustiosa, tu mirada.

Como el riego copioso de la nube
las duras glebas del erial ablanda
y los aires impuros purifica
del polvo impuro que su velo empaa,
-lluvia de oro,
sonora y franca-,
humedeci mis penas tu sonrisa,
purific mis besos tu mirada.

Como el endeble crneo de los hombres,
a pesar de caber en las dos palmas,
la inmensidad del Universo encierra
y sus ruines paredes no se rajan;
as en el parvo
duomo de mi alma,
est como la aurora tu sonrisa...
como todos los orbes tu mirada!

Como pjaro y flor, en las agrestes,
pavorosas llanuras desoladas,
sol el retoque audaz que les proyecta
vida, color, perfume, resonancia:
en mi solemne,
desierta pampa,
como cntico y flor fu tu sonrisa,
como cntico y flor fu tu mirada.

II

Como pugna una fuerza prodigiosa
detrs de cada sol y cada larva,
en la mole del mar y del roco
en la espiga del trigo y la montaa:
t no me tocas,
t no me hablas,
y eres la sola vida de mi vida,
su voluntad, su numen, su palanca.

Como a plena luz del medioda
semejan un insendio las caadas,
y a los oblcuos rayos de la tarde
tranquilos mares de bruida plata
-sol de virtudes,
astro que ama-,
t, sobre todos mis dolores juntos
las ilusiones de tu luz levantas.

III

Como el Seor querra el Angel malo,
si el Seor le volviese la Esperanza
y en el vaco enorme de aquel odio
la enormidad de su Perdn volcara;
as a raudales,
as a cascadas,
se ha inundado mi pecho de un cario
que por cielos y tierra se derrama.

Cario universal que me transporta
ms all de mis dudas y mis ansias,
que me impone surgir del horizonte
limpio de mis pasiones y mis lacras,
como penacho
de ardientes llamas
que hubiera puesto Dios sobre mi testa
para darme el dominio de las almas.

Cario que refunde mis potencias
en la sola potencia sobrehumana
de sentir nada ms que lo sublime,
de llorar nada ms que por las alas...
virgen del cielo
llena de gracia,
que bajaste a gemir con los mortales
y has hecho de mi espritu tu alczar!

All estars como la sola duea,
all sers la sola soberana:
como rigen los astros a los mares,
t regirs mis ondas tumultuarias.
Reina absoluta
por que no mandas?
Yo har que todo el mundo conmovido
se postre de rodillas a tus plantas!

Y te har de mi gloria una diadema,
de mi mente una tnica de grana,
de laureles y aplausos una alfombra,
de mi pecho y mi sangre una muralla;
porque yo tengo
virtud en mi alma,
para llenar de admiracin los orbes
si una mirada tuya me lo manda!



Analizar métrica y rima de Por qu no mandas