Poema Cancin de Jos Cadalso

Cancin

de Jos Cadalso


Sigue con dulce lira
el metro blando y amoroso acento
que el gran Febo te inspira:
pues Venus te da aliento
y el coro de las musas te oye atento.

Sigue, joven gracioso,
de mirto, grato a Venus, coronado,
y quedara envidioso
aquel siglo dorado
por Lasos y Villegas afamado.

Dichosa la zagala
a quien le sea dado el escucharte,
pues tu musa la iguala
con la Diosa de Marte;
tal es la fuerza de tu ingenio y arte.

Aunque ms dura sea
que mrmoles y jaspes de Granada,
cual otra Galatea,
o sea ms helada
que fuente por los yelos estancada.

Al punto que te oyere,
te ofrecer su cndido regazo;
Si tu voz prosiguere,
te estrechar su brazo;
y amor aplaudir tan dulce lazo.

Y las otras pastoras
de envidia corrern por selva y prado,
y ver la que adoras
el triunfo que ha ganado
por haber tus ternezas escuchado.

Mas, ay de aquellos necios
que intenten competir con tu blandura!
Slo hallarn desprecios
de aquella hermosura
que una vez escuchare tu dulzura.

Dirn su rabia y celos
en el bosque ms lbrego metidos,
injuriando a los cielos;
y oyendo sus gemidos,
respondern las fieras con bramidos.

La entrada del averno
parecer aquel bosque desdichado;
y do tu metro tierno
hubiere resonado,
el campo que a los buenos dar el hado.

Pas mi primavera
(los aos gratos al amor y a Febo
quin revocar pudiera!)
y a juntar no me atrevo
mi voz cansada con tu aliento nuevo.

Si no, yo cantara
al tono de tu lira mis amores;
y al tono de la ma
cantaras, entre flores,
atnitas las aves y pastores.

Sigue, sigue cantando,
no pierdas tiempo de la edad florida:
que yo voy acabando
mi fastidiosa vida
en milicia y en corte mal perdida.

En alas de la fama
tus versos llegarn a mis odos.
Si la trompa me llama
a los moros vencidos
o a los indios de Apache embravecidos,

o al antrtico polo,
llevando las banderas del gran Carlos,
dirame siempre Apolo
tus versos, y a escucharlos
acudirn las gentes y a alabarlos.

Ni el estrpito horrendo
de Neptuno, que ofrece muerte impa,
ni de Marte el estruendo
turbar el alma ma,
si suena en mis odos tu armona.

Aun cuando dura Parca
mayores plazos a mi vida niegue,
y en la fnebre barca
por la Estigia navegue
y a las delicias del Elseo llegue;

oir cuando Catulo,
a la sombra de un mirto recostado,
con Propercio y Tibulo,
lea maravillado
los versos que tu musa te ha dictado,

cuando acudan ansiosos
Laso y Villegas al sonoro acento,
repitiendo envidiosos:
Qu celestial portento!,
a quin ha dado Apolo tanto aliento!.

Yo, que ser testigo
de tu fortuna, que tendr por ma,
dir: Yo fui su amigo,
y por tal me tena,
gozando yo su amable compaa.

Haranme mil preguntas,
puesto en medio de todos: De quin eres?,
y cuntas gracias juntas?,
y a cul zagala quieres?,
y cmo baila cuando el plectro hieres?.

Y con igual ternura
que el padre cuenta de su hijo amado
la gracia y hermosura,
y se siente elevado
cuando le escuchan todos con agrado,

responder contando
tu nombre, patria, genio y poesa:
y asombraranse cuando
les diga tu elega
a la memoria de la Filis ma.


Analizar métrica y rima de Cancin