Poema Claudia de Salvador Diaz Mirn

Claudia

de Salvador Diaz Mirn


Con hermana y cuado veranea
En quinta seoril, sobre un ribazo,
Asiento y gracia de salubre aldea.
Y no para en el rstico regazo;
Y es como una paloma que aletea
Por eludir o quebrantar un lazo.

Un amor doloroso e inconfeso
que le punza la sien como una espina,
y que le sella el labio como un beso;
y que no es como un fruto que se inclina
en dbil fibra, por el grave peso,
y cae a la primera ventolina!

Como helnica estatua, por la suma
Correccin de la forma; tez morena;
Negro y lustre de corvina pluma
En la rizada y prdiga melena;
Y ojos que afectan, en su gris de bruma,
Transparencias de linfa sobre arena.

Y qu voz! Cmo vibra en cada nota!
Cambia de timbre y tono en un instante.
Emperlada y sutil fluye y borbota,
Cual por lecho de guijas onda errante;
Y en transicin violenta rompe y brota
Con aristas que hirieran el diamante.

Hermosura infeliz! Arrostra y huella
fiero crter; y a guisa de aureola,
cie y carga en la frente una centella.
A un deber sacrantsimo se inmola;
Y arde con el sigilo de una estrella
En los nublados indistinta y sola.

Prueba coraza en donde sufre injuria;
Halla en su doble ser mpetu y traba;
Y hervorosa de honor y de lujuria,
Y a un mismo tiempo meritoria y prava,
Muestra el pesar, la humillacin, la furia
De una deidad que se sintiera esclava.

Huye del trato y se resiste al brillo;
Y busca en el encierro una quimera:
La paz del corazn puro y sencillo.
Como si por milagro consiguiera,
al golpe de la puerta en el pestillo,
burlar sus cuitas y dejarlas fuera!

En pequeo batel hiende la rada,
Rigiendo con primor caa y escota;
Y dice a la tormenta: "camarada"!
Y en el peligro y sin temerlo flota;
Y de todo su afn no arroja nada
En su curso y su grito de gaviota!

Pobre mujer! Al rayo de la Luna,
pasea su desvelo y su histerismo,
lamentando el rigor de su fortuna.
Conversa con un faro del abismo;
Y a los misterios de la noche aduna
Su secreto, su oprobio, su herosmo.

Admirable amazona la doncella!
Pide un corcel, y en el silln de planta
nerviosa y gil, cimbradora y bella;
y parte con un nudo en la garganta;
y compele y fustiga y atropella...
y a su cruel torcedor no se adelanta!

Porta en alto su nombre, como el
lirio
Su estambre, la palmera su verdura,
Su airn el casco, su fulgor el cirio,
La fe su emblema y el volcn su albura
Y a veces los antojos de un delirio
Infiernan a la extraa criatura.

Y en el espasmo sbito que al vuelo
De la colgante y columpiada soga
Muere y crispa las carnes del chicuelo-,
Claudia, gime, se increpa, se desfoga,
Y a pezones erguidos mira el cielo,
Y aun osa blasfemar, porque se ahoga.

Y luego ante una efigie se arrodilla;
Y ay! No logra en la espuma del torrente
Aferrarse a la rama de la orilla.
Plae y ora, confusa y penitente;
Dase a Dios, azorada y amarilla;
Y en un vrtigo va por la corriente!

Ciega y tenaz la religin del triste
que demanda mercedes que no alcanza
y en adorar por obtener insiste!
Cndida y portentosa confianza
en una providencia que no existe
en otra inmensidad que la esperanza!

* * *

Cabe un lago de mrice, - como radial
corona,
O escudo excelso y ntido, el Sol occiduo esplende;
Y por el claro pilago inflada y sesga lona
Resbala, con un sculo del astro que desciende.

El msero casucho y la soberbia granja
ostentan igual fausto, bermejo al par que blondo;
Y entre plomizas nubes aurina y crespa franja
Corta de Oriente a Ocaso el curvo y zarco fondo.

Mirfico el paisaje! Cromticos vapores
ruedan en copos fusiles, que un hlito desliga;
y de arrebol purpreos los bueyes aradores
surcan los mondos predios y mugen de fatiga.

En spera y herbosa ladera que dilata
sus pliegues en profuso y ameno desarrollo,
lanuda grey blanquea, como bullente plata
que sobre ponto glauco revela oculto escollo.

En el confn las cumbres, cubiertas de
celajes,
suspenden y subliman la extremidad agreste.
As en pos de un prcer las manos de los pajes
levantan y sustentan la fimbria de la veste.

El fango en la hondonada resulta pedrera;
los pjaros gorjean en tumultuario coro;
y oblicuo el trapo trgido, el barquichuelo estra
un mar que arruga en rasos el ndigo y el oro.

Pero por amplio rumbo, abajo abierto
adrede,
la nave se rellena de lquido salobre.
La tarde se destie y a la penumbra cede
y el magno dombo asume la ptina del cobre.

Obscuro y vago aspecto de lira se dibuja
al Noroeste; rachas con lgubre armona
llegan; y el agua es clera que grue y salta y puja
y con fragor voltea nevada serrana.

Y cual humoso aroma venido por encanto
desde una catacumba que la piedad inciensa,
yna melancola de iglesia y campo santo
se aade augusta y fnebre a la borrasca intensa.

Sentada en el esquife, y con sayal de luto,
y sueltos en dos alas convulsas los cabellos,
y el firmamento el rostro, ya crdeno y enjuto,
la joven ve apagarse los ltimos destellos.

Y en su nimo y orgullo, que de temblar la
eximen
se forja en la catstrofe patraas prodigiosas.
Figrase que reina en el horror de un crimen
tan grande, que perturba el orden de las cosas.

Rabia y estruendo y caos. Ni un plcido
reflejo.
Ni rtilos encajes, ni sbanas carmneas.
Hostil y enorme cpula, como de bronce viejo,
arquea, parda y prxima, sus implacables lneas!

Hora siniestra y larga, fatdica y
suprema!
el bote combatido e hidrpico se hunde;
y cual de miedo loca, la vela en jiras trema
en las silbantes rfagas; y la tiniebla cunde.

Ola que airada y tmida y resonante
meces
en tus agruras ntimas el trgico despojo:
ten lstima y resrvalo al hambre de los peces,
o recogido y grvido publicar un sonrojo!



Analizar métrica y rima de Claudia