Poema Dcimas de Francisco de Rojas Zorrilla

Dcimas

de Francisco de Rojas Zorrilla



1

No se causan mis enojos,
Clori, de ajenas glorias;
otras temidas victorias
dan lgrimas a mis ojos.
No envidio dulces despojos
de amante favorecido,
que la suerte me a trado
a no amar ser envidiado;
morir alegre abrasado,
como no fuera ofendido.

Fundo mi cierta alegra
en vivir dentro en mi fuego,
i aquel deleite me niego
que tu luz darme podra.
Mi dulce passin porfa
en llevarme a tu rigor,
pero ardiendo aun tengo horror
del desprecio con que miras,
i llego a sentir tus iras
ms que a estimar tu favor.

No hay sombra de bien que pueda
concederme la fortuna;
crece mi llama importuna
esparziendo el humo en rueda.
I tan abrasado queda
el pecho de su violencia
que desmaya la paciencia;
mas despus un favor lento
ass ensuavece el tormento
que aun lo busca la prudencia.

Mas tan poco se detiene,
que vengo a desengaarme
que Amor no quiere matarme
porque ms de espacio pene.
La esperiencia me previene
a que huya el cierto dao,
pero amo tanto el engao
que a la imagen de un favor
siento apagado el dolor
del incendio ms estrao.

No s si llame piedad
a esta remissin de pena,
porque afloxar la cadena
para apretarla, es crueldad.
En esta inhumanidad
a mi llama lisonjea
un cierto error porque crea
en tan acabada fee
que no es cierto lo que ve
sino aquello que desea.

Yo triste a conocer vengo
que mi bien desvaneci;
como sombra me huy;
lgrimas ya le prevengo
Ser qu'en el mal que tengo
halle imperio el llanto mo?
Mas, necio desvaro!:
contra llamas celestiales
no pueden tibios cristales
ostentar sobervio bro.

2

Quiero mi grave tormento
en silencio padecer,
pues ass usurpa el temer
la fuera al atrevimiento.
Mas no es mi fuego tan lento
qu'el humo pueda ocultar;
modos vengo a dessear
con que desmienta mi ardor,
i la fuera del dolor
aun quita el imaginar.

Pierda el nombre de atrevido
quien no pretende favores,
i no acuse mis dolores
quien nunca los a sufrido.
Viva yo en pblico olvido,
siempre ocioso a la memoria,
i alcance aquella vitoria
que me diere tu piedad:
que a corta capacidad
no conviene mayor gloria.

En qu te injuria quien ama,
Clori, la encendida rosa
que por tu nieve hermosa
dulcemente se derrama?
No aumenta el rigor la fama;
sienta tu crueldad el da
que a hazer polvo porfa
el fuego con que as vencido,
porque ofender al rendido
es covarde valenta.

Y si es ofensa adorarte
dentro en m con blando ruego,
permite que trate el fuego
pues l puede ass vengarte;
que si vienes a enojarte
con menor belleza miras:
el puro cielo que admiras
i los mares espaciosos
no se ven menos hermosos
cuando ms muestran sus iras?

Ofendes a tu razn
en tener tanta fiereza,
que Amor es de la belleza
apazible adulacin.
Quien no huie tu prisin
bien merece menor mal:
no ves el manso cristal
que a la flor que ama su frente
le da con crespa corriente
de agradecido seal?

3

En tan lento resistir
i en incendio tan severo
poco a la razn espero
i mucho temo al vivir.
Una ley vengo a sentir
cuya violencia no acuso;
tiemblo i sgola confuso,
que avisos de la prudencia
dizen que no hay resistencia
contra el imperio del uso.

I quedo entre este temor
con tal gusto persuadido,
que aun cuando ms ofendido,
hallo deleite en mi ardor.
Tus altos modos, Amor,
tarde llego a conocer:
el siempre elar i encender
a quien tu fe solicita
es porque slo acredita
las glorias el padecer.

Solamente el bien de amar
quiero, sin correspondencia,
pues muere ass la paciencia
en naciendo el dessear.
Tiempo, dexa de apagar
el fuego que me eterniza:
que tu hielo atemoriza,
i el arte de la razn
no tiene juridicin
para encender la ceniza.

Esta luz que en m florece
i obraron passiones mas,
a la injuria de los das
sin advertir desvanece.
Fueras el discurso ofrece
del nimo al blando fuego;
mas su esfuero i risa i juego
contra la edad a de ser:
que es violencia su poder
i el de la razn es ruego.

Pero si roba la flor
de tu voz i de tu aliento,
Clori, el sol menos violento,
bien tengo a mi ofensa horror.
Qu osar humano valor
viendo divinos despojos?
Mas, importunos enojos!
pues aun no da la esperana
engaos a la vengana,
d el dolor llanto a mis ojos.



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