Poema El adis de Ramn Lpez Velarde

El adis

de Ramn Lpez Velarde

EL ADIS

A Francisco Gonzlez Len

Fuensanta, dulce amiga,
blanca y leve mujer,
duea ideal de mi primer suspiro
y mis copiosas lgrimas de ayer;
enlutada que un da de entusiasmo
so condecorar,
prendiendo, en la alborada de las nupcias,
en el gro mobiliario de tu pecho
una fecunda rama de azahar;
dime: es verdad que ha muerto mi quimera,
y el idlatra de tu palidez
no volver a soar con el milagro
de la difana rosa de tu tez?

(As interrogo en la profunda noche
mientras las nubes van
cual pesadillas lbregas, y gimen,
a distancia, unos hurfanos sin pan).

De las cercanas torres
bajo el fnebre son
de un toque de difuntos, y Fuensanta
clama en un gesto de desolacin:
No escuchas las esquilas agoreras?

Tocan a muerto por nuestra ilusin!
Me duele ser crel
y quitar de tus labios
la ltima gota de la vieja miel.

Mas el cadver del amor con alas
con que en horas de infancia me quisiste,
yo lo he de estrechar
contra mi pecho fiel, y en una urna
presidir los lutos de mi hogar.

(Hemos callado porque nuestras almas
estn bien enclavadas en su cruz.
Me despido... Ella gua,
llevando, en un trasunto de Evangelio,
en las frgiles manos una luz.
Pero apenas llegados al umbral
suspiro de alma en pena
o soplo del Espritu del mal,
un golpe de aire mata la buja...

Alla un perro en la calma sepulcral).

Fue as como Fuensanta y el idlatra
nos dijimos adis en las tinieblas
de la noche fatal...



Analizar métrica y rima de El adis