Poema El cndor y el poeta de Andrs Bello

El cndor y el poeta

de Andrs Bello


Dilogo

POETA
-Escucha, amigo Cndor, mi exorcismo;
obedece a la voz del mago Mitre,
que ha convertido en trpode el pupitre;
aprstate a una esplndida misin.

CNDOR
-Poeta audaz, que de mi areo nido
en el silencio lbrego derramas
cntico misterioso! a qu me llamas?
Yo sostengo de Chile el paladin.

POETA
-No importa; es caso urgente, es una empresa
digna de ti, de tu encumbrado vuelo,
y de tus uas; subirs al cielo,
escalars la vasta esfera azul.

CNDOR
-Y qu ser del paladin en tanto,
cuya custodia la nacin me fa?

POETA
-Puedes encomendarlo por un da
a las fieles pezuas del Huemul.

CNDOR
Pero el camino del Olimpo ignoro.

POETA
-Mientes; t hurtaste al cielo, ave altanera,
en pro de nuestros padres, la primera
chispa de libertad que en Chile ardi.

CNDOR
-Falaz leyenda! Apcrifa patraa!
Robaba entonces yo por valle y cumbre,
segn mi antigua natural costumbre;
monarca de los buitres era yo.
Aos despus, llamronme, y conmigo
vino esa pobre, tmida alimaa,
de los andinos valles ermitaa;
y, el paladin nos dieron a guardar.
Mal concertada yunta, que, algn da,
recordando los hbitos de marras,
estuve a punto de esgrimir las garras,
y atroz huemulicidio ejecutar.

POETA
-Oh mente de los hombres adivina!
Oh inspiracin proftica! No sabes,
alado monstruo, espanto de las aves,
el oculto misterio de esa unin.

Junto a la mansa paz, atroz instinto
de pillaje y de sangre! Incauto el uno,
audaz el otro en tentador ayuno,
y de la Patria en medio el paladin!

Tremendo porvenir, yo te adivino,
pero no tiemblo. Es fuerza te abras paso
de la ilustrada Europa al rudo ocaso;
est en el libro del destino as.

Sus ltimos destellos da la antorcha
que el hijo de Japeto trajo al mundo;
suceda al viejo faro moribundo
joven tizn, ardiente, balad.

CNDOR
-No s, poeta, interpretar enigmas;
no entiendo de tizones ni de faro.
Deja los circunloquios, y habla claro.
De qu se trata? Explcate una vez.

POETA
-De aquel fuego sagrado que trajiste
nigaslo en vano? a un nclito caudillo,
apenas queda agonizante brillo;
nos viene encima infausta lobreguez.
Renovarlo es preciso.

CNDOR
-Cmo?

POETA
-Debes
seguir del sol la luminosa huella,
sorprenderle, robarle una centella,
metrtela en los ojos, y escapar.

CNDOR
-Muy bien; me guardo el fuego en las pupilas,
cual si fueran volcnicas cavernas.
Y qu har luego de mis dos linternas?

POETA
-Quiero a Chile con ellas incendiar.

CNDOR
-Incendiarlo? Ests loco? De eso tratas?

POETA
-Incendiarlo pretendo en patriotismo;
abrasarlo, molondro, no es lo mismo;
quiero hacer una inmensa fundicin.
Quiero llamas que cundan pavorosas,
descomunales llamas, llamas grandes,
que derritan la nieve de los Andes
y la de tanto helado corazn.

Abrasar? Linda flema! -Es tiempo ahora
de contentarse con mezquinas brasas
que den plida luz, chispas escasas,
como para el abrigo de un desvn?
No, seor; vasto incendio, llamas, llamas,
que unas sobre las otras se encaramen,
y levantando rojas crestas bramen,
y les sirva de fuelle un huracn.

Despacha, pues; arranca; desarrolla
el raudo vuelo; tiende el ala grave,
como la parda vela de la nave
cuando silba en la jarcia el vendaval.
Vuela, vuela, plumfero pirata;
recuerda tu nativa felona;
asalta de improviso al rey del da
en su carroza de oro y de cristal.

CNDOR
-Ya te obedezco, y tiendo como mandas,
el ala; aunque eso de tenderla un ave
no ligera ni leve, sino grave,
para tanto volar no es lo mejor.
Y si de ms a ms tenderla debo,
como la parda vela el navegante
cuando oye la tormenta resonante
que amenazando silba, peor que peor.

Que no desplega entonces el velamen,
antes amaina el cauto marinero,
y aguanta a palo seco el choque fiero,
si salvar piensa al msero bajel.
As lo vi mil veces, revolando
entre las nubes negras, cuando hinchaba
la Mar del Sur sus ondas, y bregaba
contra la tempestad el timonel.

POETA
-No lo entiendes: la nave del Estado
es la que yo pintaba; y la maniobra
a que apelamos hoy, cuando zozobra,
no es amainar, estpido ladrn.

CNDOR
-Pues qu ha de hacer entonces el piloto?

POETA
-Segn doctrina de moderna escuela,
debe correr fortuna a toda vela,
sin bitcora, sonda, ni timn.
Si t leyeras, avechucho idiota,
gacetas nacionales y extranjeras,
la ignorancia en que vives conocieras;
todo ha cambiado entre los hombres ya.

Altos descubrimientos reservados
tuvo el destino al siglo diecinueve;
hoy en cualquiera charco un nio bebe
ms que en un hondo ro su pap.
Oh siglo de los siglos! Cual machacas
es tu almirez decrpitas ideas!

Qu de fantasmagoras coloreas
en el vapor del vino y del caf!
No era lstima ver encandilarse
los hombres estudindose a s mismos;
y tras mil embrollados silogismos,
salir con slo s que nada s!

Ea, pues! A la empresa! Bate el ala,
y apercibe tambin las corvas uas,
y gurdate de m si refunfuas,
lobo rapaz, injerto de avestruz.

CNDOR
volando? -Ama an el buitre robador su nido;
Chile, a traerte voy, no la centella
que incendiando devora, sino aquella
que da calor vital y hermosa luz.



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