Poema El paso del dspota de Luis Muoz Rivera

El paso del dspota

de Luis Muoz Rivera



Yo no soy el juglar de los festines;
yo soy el trovador de la montaa.

(Gautier Bentez)

PLUS QUAM CIVILlA BELLA

Aqu doliente esclava, en medio al oceano,
mirando de las olas el rpido vaivn,
remedio a sus dolores en vano pide, en vano,
del cielo abandonada la dulce Borinquen.

Extrema sus rigores la odiosa tirana;
el ltigo crujiente sacude al opresor;
su espada Themis quiebra, y la sangrienta orga
preside, ebrio de triunfos, ci genio del terror.

La soldadesca impone, beoda y turbulenta,
el brbaro suplicio con furia criminal;
la ley es humo leve que arrastra la tormenta;
el pueblo, pobre acacia que dobla el vendaval.

Se llenan de inocentes los negros calabozos;
se acusa en el tormento la victima infeliz;
se escuchan por doquiera gemidos y sollozos,
y todos ante el dspota inclinan la cerviz.

Violado el templo sacro do se elevara augusto
de los hispanos fueros el venerado altar,
altivo se levante, impvido y robusto,
el ciego e implacable imperio militar.

La libertad sucumbe sin compasin herida;
la dignidad se oculta huyendo a la traicin,
y siente el ciudadano pesar sobre su vida
perpetuas amenazas de inicua delacin.

Y en tanto que el autcrata sereno se presenta
haciendo de sus triunfos ostentacin fatal,
a ley es humo leve que arrastra la tormenta;
el pueblo pobre acacia que dobla el vendaval.



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