Poema En el botado de Gastn Fernando Deligne

En el botado

de Gastn Fernando Deligne


Cacique de una tribu de esmeralda,
aquel palacio indgena, el boho
de la corta heredad a que respalda
un monte, que a su vez respalda un ro;
cuando el idilio de un Adn silvestre
y su costilla montaraz, le hiciera
venturoso hospedaje,
paraso terrestre;
lo ms saliente y copetudo era
del ameno paisaje.

Su flamante armazn de tabla oscura,
su gris penacho de lucientes yaguas,
hacan reverberar con nuevas aguas
la circunstante joya de verdura.

Aplanada en el techo,
se oxidaba la luz cual plata vieja:
o se colgaba a lomos y antepecho,
en rubia palidsima crineja.

No era sino comn que se trepase
un ruiseor a su cumbrera holgada,
y en fugitivas notas ensayase
la trmula cancin de la alborada.

O que bajo su alero, en que penda
mazorcado maz de granos de oro,
el gallo, al enervante medioda
victorease sonoro.

Entonces, ese albergue en que bulla
la vida crepitante,
ms que un detalle de la huerta, era
o su tono, o su arteria, o su semblante.

Pero en una lluviosa primavera,
la dbil cerca desligada y rota
empuj la pareja enamorada
a otra huerta remota;
y en medio a tanta flor recin abierta,
quedse la heredad abandonada,
y la mansin desierta.

Advertido, no tanto del saqueo,
entre cuyo costal desaparece
de la ventana en pos la que fue puerta;
ni tanto del goloso merodeo
de la turba infantil, donde perece
aun no puesto en sazn, el verde fruto;
mas del monte advertido, porque invade
con apretadas filas de maleza
la botada heredad, el Tiempo hirsuto
a comprender empieza
que hay algo all que estorba;
y aferra en la mansin su garra corva!

Fue primero una horrible pualada,
y despus una serie,
conque se abri por la techumbre entrada
a la malsana y hmeda intemperie.

Si el sol que se filtraba por el techo,
sola escapar por los abiertos vanos,
no as las aguas del turbin deshecho;
cavaban y cavaban hondo lecho
a turbias miniaturas de pantanos.

Furiosa ventolera
por all no pasara que no hiciera
de las yaguas decrpitas, aicos;
y tragedia mayor aconteciera,
si en jcaro el ms negro y ms bravo
no angulara el boho.

Torcido, deslustrado,
por reptiles del cieno visitado;
el albergue que fuera de la huerta
lo ms noble y sereno,
gozo, atraccin y gala deleitosas,
ni es ms que una verruga del terreno,
ni menos que un sarcasmo de las cosas!

Como al herido por la suerte aleve,
hasta la misma timidez se atreve!...

Un bejucal de plantas trepadoras,
que en torno a la vivienda
cerraban toda senda;
avanzando traidoras,
e indicando a la ruina; cuchicheaban:
ni se defiende, ni hay quin la defienda!

Y enlazando sus ramos
como para animarse, murmuraban:
si tal pasa, y tal vemos, qu esperamos?

Fue un aguinaldo lvido quien dijo:
o es que trepis, o trepar de fijo!

A lo que una "saudosa" pasionaria
expuso, comentando la aventura:
por cierto que es bizarra coyuntura
para mirar el sol desde ms alto!

Fue la palabra fulminante!, todas
clamaron en un punto
trmulas y erizadas, "al asalto!"...

Qu embrollado conjunto
de hojas, antenas, vstagos, sarmientos!...
Y cun terrible asalto presenciaron
los troncos azorados y los vientos.

Cual, por la tabla escueta
tal sube que parece que resbala;
cual se columpia inquieta
de algn clavo saliente haciendo escala.

Cual la mansin en torno circunvala,
vuelta enroscado caracol, y asciende
con estrechura tal y tan precisa,
que es cuestin insoluble e indecisa
si ahogara o si medira es lo que emprende.

Cual, errando el camino,
con impaciente afn la puerta allana,
y luego adentro, recobrado el tino,
sus msculos asoma a la ventana.

No hay menudo resquicio
en que su flujo de invasin no apuren;
ni hueco ni intersticio
que sus hojas no tapien y no muren.

Ya el albergue sombro
es un alcor en forma de boho;
ya su contorno lgubre se pierde
en la gama riqusima del verde;

ya brota en tanta planta que le enreda,
con matizada y colosal guirnalda,
satinados renuevos de esmeralda,
iris de tul, campnulas de seda...

Transformacin magnifica y divina!
cmo de ti se cuida generosa,
Naturaleza, el hada portentosa,
Naturaleza, el hada peregrina!...

Renovacin piadosa
que en tan grande esplendor cubre una ruina;
desde una inerte hechura
a la humana criatura,
con hilos invisibles cun intensa
relacin estableces!...

Quin dentro, en lo que siente o lo que piensa
por el dolor severo fulminadas,
no se ha dejado a veces
alczar, quinta o choza abandonadas?...

Quizs quien no!... Mas a la oculta mina
labrada por recnditos dolores,
alguna trepadora se avecina;
algo que sube a cobijar la ruina,
algo lozano que revienta en flores!...



Analizar métrica y rima de En el botado