Poema Epstola. Prncipe de la Paz. Dedicndole la comedia de La Mogigata de Leandro Fernndez de Moratn

Epstola. Prncipe de la Paz. Dedicndole la comedia de La Mogigata

de Leandro Fernndez de Moratn

Prncipe de la Paz
Dedicndole la comedia de La Mogigata

Esta que me inspir fcil Tala
moral ficcin, y aguarda numeroso
vulgo que ocupe la espaola escena,
voz adquiriendo, movimiento y formas,
hoy te presento con afecto puro
de gratitud y amor, que en vano aspiro
por otra senda a la difcil cumbre
subir del Pindo, en vano, y muchas veces
llor burlado el atrevido intento.
Cuntas, pulsando las aonias cuerdas,
quise prendar con nmeros saves
la esquiva hermosa, que en silencio adoro,
y la voz imitar y la armona
que un tiempo el eco en la floresta verde
repiti del Zurgun! Quise animado
de ms sublime ardor sonando Clo
la trompa que marcial ira difunde,
de Espaa celebrar los altos triunfos.
Del cuello altivo sacudiendo rota
la brbara coyunda en las arenas
de Libia ardiente, el vencedor vencido;
Numancia satisfecha en el estrago
de la soberbia Roma, abandonada
al espantoso militar desorden;
dueo Corts del estandarte de oro
en los valles de Otumba, y a sus plantas
el cetro occidental. Pero ofendida
culp mi error la musa de Menandro,
y la ctara y flautas pastoriles
quitome airada, y el clarn de Marte.

Sigue, me dijo, por el rumbo solo
que te indica mi voz, si honor procuras
que a pesar del silencio de la muerte
haga tu nombre eterno. Yo amorosa
una y mil veces en tu labio infante
dulce beso imprim, y al repetido,
celeste arrullo que enton, dormas.
T mi delicia y mi cuidado fuiste,
y en ti los que verti propicios dones
naturaleza, cultivar me plugo.

Ya con festiva aclamacin sonando
la patria escena, en su alabanza justa
tu gloria afirma. Sigue, y en la cumbre
del sagrado Helicn, que Cintio baa
con su luz inmortal, las Musas bellas
de yedra y lauros te darn corona.

No te ofenda, seor, si tan humilde
tributo te consagro; y cul sera
de la grandeza de tu nombre digno?
Limitado es el don, rico el deseo;
y no bastando a ms la vena estril,
cuanto puedo te doy. As, postrado
ante las aras que levanta rudas,
suele el cultor acumular los frutos
sencillos de su campo, y los ofrece
al alto numen tutelar que adora,
y aromas vierte agradecido y flores.