Poema Fragmentos de Mara Rosala Rita de Castro

Fragmentos

de Mara Rosala Rita de Castro



Cuando mir de soledad vestida
la senda que el destino me traz,
sent en un punto aniquilar mi vida.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Cuando infeliz me contempl perdida
y el rbol de mi fe se desgaj,
tuvieron, ay!, para llorar mis ojos
de amargura y de hiel tristes despojos!

La nada contempl que me cercaba,
y... al presentir mi aterrador quebranto,
mir que solitaria me anegaba
en un mar de dolores y de llanto!

Nadie ni amor ni compasin cantaba,
ni un ngel me cubri bajo su manto,
slo la voz mi corazn oa
de la ltima ilusin que se perda!...

Ya marchita la flor de mi esperanza
vi revolar no ms en torno mo,
vaga esfera sin luz que nunca alcanza
dar resplandor a un corazn ya fro.

Vano es el ay! que desgarrado lanza
por el dolor de ese vivir sombro:
La oscuridad de esa existencia muerta,
cierra de un bien al porvenir la puerta!

La risa y el sarcasmo por doquiera
que fuera yo mi corazn palpaba,
y doquiera tambin que me escondiera,
ay!, la risa sardnica encontraba.

No hubo un rincn donde vivir pudiera,
no hubo esa paz que con afn buscaba;
guerra sin fin, fatdica existencia,
fue en mi vivir la delicada esencia!

Y rotas ya de la existencia ma
de paz y amor las ilusiones bellas,
llenas de horror las contempl en un da
cual en cielo sin luz, muertas estrellas:
Su oscuridad mi porvenir parta,
mi fe y mi paz se confundi con ellas;
que eran del alma indisolubles lazos
que se fueron al fin, hechas pedazos!

Al caminar despus por mil abrojos
mi frente juvenil se marchit,
y al sentir las espinas en mis ojos
de angustia el corazn se posey;
luego al cielo exclam puesta de hinojos,
y el cielo mis clamores no advirti;
y sola combat con mis pesares
lgrimas tristes derramando a mares!

Padecer y morir: Tal era el lema
que en torno mo murmurar sent,
y mirando en redor de espanto llena,
su fatdico emblema comprend;
y al ver el torcedor que me encadena
de espanto y de temor retroced...
Sola era yo con mi dolor profundo
en el abismo de un imbcil mundo!

Y buscando un apoyo, una caricia,
el eco Soledad me respondi:
Y cual cauce que ronco se desquicia
fatdico en mi pecho resbal,
regalndome a un tiempo una delicia
que hel mi sien, y el porvenir mat;
que era fra y glacial como ella sola,
y aun sin querer, el corazn guardla!

La soledad... cuando en la vida un da
circunda nuestra frente su fulgor,
un mundo de mortal melancola
nos presenta un fantasma aterrador,
quitndole a las aves su armona,
cubriendo de la luz el resplandor:
Noche sin fin al porvenir avanza
ahuyentando el amor y la esperanza!

Por eso, ay Dios!, al caminar an pura
entre inmundicias mil que tropec,
llenaron de dolor y desventura
la hermosa realidad con que so:
Terrible asolacin, esencia impura
lanzaron al Edn que acarici;
y aquel Edn se convirti en infierno
triste ilusin de mi dolor eterno!

Hoy yerto el corazn, falto de vida,
horas de horror e insensatez presiente,
largas horas sin fin que en la partida
marchitan su ilusin, secan su ambiente.
Y al dejar su ilusin seca y perdida,
vana esperanza el porvenir le miente;
sabe muy bien que esa esperanza es vana
sombra fugaz de su primer maana!

Cubierto de sombros nubarrones
un cielo en lontananza divis,
y un canto singular de maldiciones
en sus bvedas altas retumb.
Rasgaban al pasar esas canciones
el alma del que triste las oy;
por eso el pecho en su dolor profundo
sinti cubierto de aspereza el mundo!

Imgenes bellsimas de amores
flgidos rayos de brillante aurora,
frescas coronas de lucientes flores
que un sol de fuego con su luz colora.
Dulces cantos de amor arrobadores
que al delirar el corazn adora;
todo vol con la ilusin de un da
rota la flor de la esperanza ma!

Las horas que so desparecieron,
cual la flor que un torrente arrebat;
y all en la nada del no ser se hundieron...
Que mi espritu aqu no las hall!...
Tal vez ellas tambin se arrepintieron
de brindarme el placer que me halag:
Y huyeron, ay!, a una regin lejana
que dice sin cesar: ya no hay maana!...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Mas por qu se fatiga el pensamiento
en indagar el mal de esa partida?
Ignoro yo quiz que es como el viento
la dicha que arrullara nuestra vida?
Lo pasado ser de hoy ms un cuento
que se escuch veloz...
Y correr en este vivir incierto
cual brisa solitaria del desierto!...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Qu es este miedo aterrador que siento
y esta congoja inalterable y fra,
que cuanto ms desvanecerle intento
ms se burla mordaz del ansia ma?
Quin se fue que me rob violento
cndida paz que recobrara un da,
clavndole en la mitad del pecho mo
la terrible visin de un desvaro?...

Por qu en mi acerbo padecer maldigo
mis placeres sin fin, llena de enojos?
Por qu si os amo alguna vez les digo,
se llenarn de lgrimas mis ojos?
Por qu terrible un pensamiento abrigo
que marca mi camino con abrojos,
entrelazando espinas con las flores,
que forman el Edn de mis amores?

Ay!... yo buscando un lenitivo leve
en el dulce elixir de una esperanza,
siento sin ver que a mi dolor se atreve
el viento asolador de la mudanza:
Las hojas, ay!, de mi placer conmueve
con el soplo voraz de su pujanza;
y la acritud de un pensamiento triste,
me grita sin cesar: La fe perdiste!...

Y perdida la fe... la fe perdida...
Roto el cristal de esa belleza oculta,
el cielo encantandor de nuestra vida
entre plidas nubes se sepulta...
Su luz tan celestial queda escondida,
nuestra la faz aterradora e inculta;
y atmsfera infernal, monte de plonio,
pesa en el alma, sin saberse el cmo!...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Yo callo a esa verdad que me despierta
a un mundo de aridez desconocido,
y muevo sin pensar mi planta incierta,
sin buscar ese bien que hallo perdido.
Porque esa flor de mis jardines muerta
nada... y nada no ms se ha convertido;
y quin la nada en algo convirtiera?
Sabio fuera en verdad quien lo dijera!...



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