Poema Huda de Nueva York de Federico Garca Lorca

Huda de Nueva York

de Federico Garca Lorca



Dos valses hacia la civilizacin
PEQUEO VALS VIENS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la maana
en el museo de la escarcha.
Hay un saln con mil ventanas.
Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de s, de muerte y de coac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melanclico pasillo,
en el oscuro desvn del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que suea la tortuga.
Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.
Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mo,
en el desvn donde juegan los nios,
soando viejas luces de Hungra
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailar contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de ro.
Mira qu orillas tengo de jacintos!
Dejar mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografas y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mo, amor mo, dejar,
violn y sepulcro, las cintas del vals.

VALS EN LAS RAMAS

Cay una hoja
y dos
y tres.
Por la luna nadaba un pez.
El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.
La dama
estaba muerta en la rama.
La monja
cantaba dentro de la toronja.
La nia
iba por el pino a la pia.
Y el pino
buscaba la plumilla del trino.
Pero el ruiseor
lloraba sus heridas alrededor.
Y yo tambin
porque cay una hoja
y dos
y tres.
Y una cabeza de cristal
y un violn de papel
y la nieve podra con el mundo
una a una
dos a dos
y tres a tres.
!Oh duro marfil de carnes invisibles!
Oh golfo sin hormigas del amanecer!
Con el numen de las ramas,
con el ay de las damas,
con el croo de las ranas,
y el geo amarillo de la miel.
Llegar un torso de sombra
coronado de laurel.
Ser el cielo para el viento
duro como una pared
y las ramas desgajadas
se irn bailando con l.
Una a una
alrededor de la luna,
dos a dos
alrededor del sol,
y tres a tres
para que los marfiles se duerman bien.

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Dos odas
Huda de Nueva York
El poeta llega a la Habana



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