Poema Juramento de la alegra de Miguel Hernndez

Juramento de la alegra

de Miguel Hernndez


Sobre la roja Espaa blanca y roja,
blanca y fosforescente,
una historia de polvo se deshoja,
irrumpe un sol unnime, batiente.

Es un pleno de abriles,
una primaveral caballera,
que inunda de galopes los perfiles
de Espaa: es el ejrcito del sol, de la alegra.

Desaparece la tristeza, el da
devorador, el marchitado tallo,
cuando, avasalladora llamarada,
galopa la alegra de un caballo
igual que una bandera desbocada.

A su paso se paran los relojes,
las abejas, los nios se alborotan,
los vientres son ms frtiles, ms profusas las trojes,
saltan las piedras, los lagartos trotan.

Se hacen las carreteras de diamantes,
el horizonte los perturban mieses
y otras visiones relampagueantes,
y se sienten felices los cipreses.

Avanza la alegra derrumbando montaas
y las bocas avanzan como escudos.
Se levanta la risa, se caen las telaraas
ante el chorro potente de los dientes desnudos.

La alegra es un huerto del corazn con mares
que a los hombres invaden de rugidos,
que a las mujeres muerden de collares
y a la piel de relmpagos transidos.

Alegraos por fin los carcomidos,
los desplomados bajo la tristeza:
salid de los vivientes atades,
sacad de entre las piernas la cabeza,
caed en la alegra como grandes taludes.

Alegres animales,
la cabra, el gamo, el potro, las yeguadas,
se desposan delante de los hombres contentos.
Y paren las mujeres lanzando carcajadas,
desplegando en su carne firmamentos.

Todo son jubilosos juramentos.
Cigarras, vias, gallos incendiados,
los rboles del sur: naranjos y nopales,
higueras y palmeras y granados,
y encima el medioda curtiendo cereales.

Se despedaza el agua en los zarzales:
las lgrimas no arrasan,
no duelen las espinas ni las flechas.
Y se grita Salud! a todos los que pasan
con la boca anegada de cosechas.

Tiene el mundo otra cara. Se acerca lo remoto
en una muchedumbre de bocas y de brazos.
Se ve la muerte como un mueble roto,
como una blanca silla hecha pedazos.

Sal del llanto, me encontr en Espaa,
en una plaza de hombres de fuego imperativo.
Supe que la tristeza corrompe, enturbia, daa ...
Me alegr seriamente lo mismo que el olivo.



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