Poema La Misa de las flores de Manuel Gutirrez Njera

La Misa de las flores

de Manuel Gutirrez Njera

A Ricardo Domnguez
Que fais-tu l? me dit Virgile
Matre, je mets Pgase au vert.
VCTOR HUGO

Boileau se queda en el aula
y Voltaire en la ciudad.
Musa, al campo! Abre la jaula!
Seores versos, entrad!

Alce la oda en el bosque
su deslumbrante oriflama;
que la stira se enrosque
y que brinque el epigrama.

Beba el madrigal coqueto
en los lirios vino blanco,
y pensativo el soneto
descanse en rstico banco.

Tenue, frgido remusgo
entre los alcores sopla.
Cuntas perlas en el musgo
hay para tu cuello, copla!

Despierta, perezosilla,
despierta, que viene el alba…
Para hacerte una sombrilla
cort Robn esta malva.

Deja tu alcoba: el jazmn
no en blando reposo olvides,
que te aguarda tu escarpn,
tu pequeo nomeolvides.

La persiana de cristal
que anoche teji la escarcha
en tu cmara nupcial,
rompe de un soplo y en marcha!

Ya no triste soliloquia
el nocturno ruiseor,
y el gorrin madrugador
llama a misa en la parroquia.

Vamos al templo. Hoy es fiesta.
Tulipn dir el sermn;
en la misa, gran orquesta;
y en la tarde, procesin.

Palomas y codornices,
con hojitas de azahares
remiendan sobrepellices
y componen los altares.

Un pobre topo, el ms mandria
y apocado, barre el coro.
Hoy va a cantar la calandria,
la calandria de voz de oro!

Ser el zenzontle, tenor;
jilguero, primer violn;
y maestro director
el arrogante clarn.

La pila de agua bendita
que est en el rincn umbro,
es silvestre margarita
llena de fresco roco.

El candelabro mayor
es una hermosa araucaria,
y aquel altar, siempre en flor,
es de santa pasionaria.

Mil cazoletas de almendro
perfuman el tabernculo;
ya viene con mitra y bculo
monseor el rododendro.

Van los breves aretillos
repicando cascabeles,
y detrs, rojos claveles
vestidos de monaguillos.

Doble sarta de corales
parecen: mira al monago
que marcha entre dos ciriales
y alza la cruz de Santiago.

Otro, guapo y petimetre
va con acetre e hisopo,
y el hisopo de su acetre
es un pompn de heliotropo.

Del coro bajo en las rejas,
absortas en sus plegarias,
se agrupan las trinitarias,
que tienen caras de viejas.

No miras los blancos cirios
de plateadas escamas?
Son encarrujados lirios,
y de mirto son las llamas.

A la camelia patricia
ya la azalea pizpireta
ve la azucena novicia
con sus ojos de violeta.

En un sitial la dahalia
como priora se esponja,
mientras la trtola monja
entra de sayo y sandalia.

Abajo, frescas irdeas
cubren la arena del piso,
y forman rido friso
en los muros las orqudeas.

No oste parar un coche?
Es del alcalde. Qu gruesa
va la seora alcaldesa
con su dondiego de noche!

En cambio qu jubilosas,
qu frescas y qu elegantes
estn las jvenes rosas!
Qu indevotos sus amantes!

Aqul que de negro viste,
el de las grandes ojeras,
es un pensamiento triste...
Sufre mucho! Si supieras!…

Mas silencio! De rodillas!
Ya el monago de roquete
girar hace el rehilete
de azulinas campanillas.

Parece el altar brillante
ascua de plata inflamada.
Ya levanta el oficiante
la gardenia inmaculada!

Luego, una rfaga fra
sbita baja del coro
y apaga la luz que arda
en el gran trbol de oro.

Los rojos mirtos, prendidos
en los cirios, azulean,
se retuercen, parpadean
y qudanse al fin dormidos.

Sus pbilos en hilera
simulan negro rosario;
por la torcida escalera
baja el cuervo al santuario.

Frente al sagrario se hinca,
el agudo pico tiende
y, lmpara azul, se enciende,
tremulante, la pervinca.

Salgamos: la muda selva
derrama dulce beleo,
y esparce la madreselva
su apacible olor de sueo.

Cierran las flores sus broches (1)
calla la breve campana:
flores nuevas, buenas noches;
Musa azul, hasta maana.
Manuel Gutirrez Njera, 1892
(1) La edicin de Francisco Gonzlez Guerrero trae en este verso Cierran las flores su broche


Analizar métrica y rima de La Misa de las flores