Poema La Rueda del Amor de Ramn de Campoamor

La Rueda del Amor

de Ramn de Campoamor


Aquellas nias hermosas
que en suma beldad conformes,
teniendo la tez cual nieve,
tengan los ojos cual soles,
y el alma sintiendo, tiernas,
herida de mal de amores,
tanto les falte de esquivas,
cuanto de bellas les sobre,
salgan al campo conmigo
ricas de gracias, adonde
favor al mayo risueo
las brinden, con gracias dobles,
corrientes aguas los valles,
frescos doseles los bosques,
con su verdura los campos
y con su esencia las flores.
Oiris sonar encontrados,
y aunque encontrados, acordes,
los enamorados trinos
de msicos ruiseores,
cuando en sentidos acentos
mustias las trtolas lloren,
dando en su vuelo a los aires
matices, plumas y sones.
Venid, y hagamos la rueda
llamada de los amores
(que al aprenderla de nio,
nola olvid desde entonces).
las ricas flores hollando,
y el aire hendiendo veloces,
el aire con los cabellos,
y con las plantas las flores.
Las blancas manos asiendo,
y tan blancas, que las cortes
nunca tan ntidas manos
dan a sus reyes en dote,
en torno agitad festivas
los aires murmuradores;
que yo vendar mis ojos,
haciendo del da noche.
Volad, palomas; que osado
yo espantar los halcones,
si alguna vez para heriros
muestran sus garras feroces.
Volad, que a la que esta rama,
pasando furtiva, toque,
con la venda de mis ojos
habr de nublar sus soles.
-Oh, que triste es nuestros ojos
cubrir de sombras informes,
y no sentir de los vuestros
los penetrantes arpones,
ni ver con ansias mortales
de vuestra faz los colores,
ni sobre el aura, al tenderlos,
de vuestro talles los cortes!
Nias, corred; que an no escucho
con plcidas emociones
de vuestras ropas flotantes
los sutilsimos roces;
y aunque me pesa en el alma,
no siento los corazones
que muellemente se agitan
bajo esos pechos de bronce.
Volad, palomas; que osado
yo espantar los halcones,
si alguna vez para heriros
muestran sus garras feroces.
Volad, que a la que esta rama!
pasando furtiva, toque,
con la venda de mis ojos
tendr que nublar sus soles.
Mas cmo sin dar amante
a vuestro enojo ocasiones,
hus, dejndome solo,
sin advertirme por dnde,
tal que siquiera dejasteis,
pasando como ilusiones,
ni removida la arena,
ni destroncadas las flores?
Sin duda en mgico vuelo,
como celestes visiones,
entre la grama y los aires
os deslizasteis veloces,
huyendo mi fe constante,
pues vuestros pechos traidores
tienen el aire por gua,
y la inconstancia por norte.
Una y mil veces mal haya
quien de vuestras invenciones
amante se fa, y de ellas
la falsedad no conoce!
Y ms que en tanto a la sombra
de esos altsimos robles
maldiga yo vuestro agrado,
y mis desagrados llore;
vosotras entretenidas
mirad las aguas que corren;
que bien est vuestra fe
con su inconstancia conforme,
pues no hay onda que no agiten
a cualquier viento que sople,
ni conchas que no remuevan
ni rbol ni flor que no mojen,
ni campos que no dibujen,
ni imgenes que no borren,
ni risas que no deshagan,
ni crculos que no formen.
Mas lugo que el sol sus rayos
extienda en el horizonte,
haciendo en las nubes iris
tocando el mar de colores;
y lugo que en regia pompa
parezcan a sus fulgores;
y mares de sombra los valles,
y mares de luz los montes,
vendris a buscar frescura
cuando el calor os agobie,
y me tendris que encontrar,
aunque no queris entonces,
y yo a la sombra tendido
de estos altsimos robles,
no os he de dejar el puesto,
por ms que tierno os adore,
ni mirar enamorado
de vuestra faz los colores,
ni sobre el aura, al tenderlos,
de vuestros talles los cortes;
y no vendar mis ojos,
ms que en no hacerlo os enoje,
y hasta ahogar mis suspiros,
aunque con ellos me ahogue.
Har todo esto digo,
y ms que veris entonces,
y a fe de amante lo juro
por esas aguas que corren.



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