Poema La barca de Jos Gautier Bentez

La barca

de Jos Gautier Bentez


(Struggle for life: Combate por la vida)

La aurora lucia tranquila en Oriente,
la luz inundaba los montes y valles,
las flores abran los ptalos leves
y a Dios saludaban trinando las aves.

Solt mi barquilla, y al centro del ro
de un golpe de remo lancla contento;
marino errabundo, pensaba aquel da
hallar el ansiado magnifico puerto!

Un blanco fantasma se sienta en la caa
y el rumbo dirige, mirndome fijo,
y yo, desde el banco, le va temblando
de horror y de angustia, de miedo y de fro.

Al fin me resuelvo. Quin eres?, pregunto.
Con voz cavernosa responde el espectro:
"Yo soy el eterno patrn de las barcas
que al ro se lanzan en busca de puerto".

Seguimos bajando la rauda corriente,
yo a entrambas orillas mirando con ansia,
que en una y en otra, del sol a los rayos,
castillos, jardines y bosques se alzaban.

Ya frente al primero, la barca se va,
bizarros galanes y lindas doncellas,
asidos del brazo, dicindose amores,
cruzaban el bosque, jardn y pradera.

Algunos en gruta de mirto y jazmines
buscaban la sombra y el grato misterio,
trayendo a la barca del aire las ondas,
ahogados suspiros, rumores de besos.

Volvme al fantasma, que fro, inmutable,
miraba impasible tan dulces escenas,
y al fin le pregunto con voz anhelosa:
"Arrojo aqu el ancla?" Respndeme: "Rema".

Baj la cabeza, y un triste suspiro
sali de mi pecho, pensando en que alegre
pasara mi vida por grutas y valles
con una de aquellas hermosas mujeres.

Y sigo remando y el sol ascenda,
el agua imploraba mi labio sediento
y esplndida plaza vease cerca
que alegre llenaba frentico un pueblo.

El remo abandono, y en medio la turba
a algunos contemplo ceidos del laura,
taendo sin pena la citara blanda
y dando a los aires su frvido canto.

Mis ojos despiden torrentes de lumbre,
la sangre a mi rostro de pronto se agolpa
y digo al fantasma con voz en que vibra
la fuerza de un alma que el triunfo ambiciona:

"Tambin, coma ellos, yo tengo mi canto;
tambin, coma ellos, yo tengo una lira;
un mundo, cual ellos, yo siento en mi alma;
tal vez, coma a ellos, coronas me cian.

Qu hermoso es el triunfo! Qu bella es la gloria!
Cun luce en las sienes la noble diadema
que el Bardo conquista luchando constante!
Arrojo aqu el ancla?" Respndeme: "Rema".

Al pecho, agitada, mi alma inclinse
y amargas y ardientes corrieron mis lgrimas
cual plomo fundido quemando mi pecho,
dejndome inmenso dolor en el alma.

El sol a Occidente, con marcha tranquila
llevaba el tesoro de luz y colores;
la tarde llegaba; mi brazo rendido,
las ondas apenas hera del golpe.

Un ltimo y grande castillo se alza,
an brilla en el cielo la luz del ocaso
y el rayo postrero bordaba las nubes
con franjas de plata, de fuego y topacio.

Al pie del castillo, soberbios magnates
cobraban tributos de pueblos y villas,
y el oro rodaba, cual corre en las playas
al soplo del viento la arena amarilla.

"Ni amores ni gloria"-, pens con tristeza-;
pues oro tengamos, poder y fortuna,
que el mundo se humilla delante del oro
y el oro es el amo de estpidas turbas".

"Por fin- a la blanca fantasma le digo-,
un ltimo puerto, lo ves?, ya nos queda:
entrambas orillas desiertas contemplo.
Arrojo aqu el ancla?" Respndeme:"(Rema"

Y sigo remando, y el golpe inseguro
mova con lento vaivn la barquilla;
la noche avanzaba, la tierra y el cielo
crepsculo vago, medroso, envolva.

All, tras la cumbre lejana del monte,
la luna cual globo brillante se alza,
y finge su rayo, jugando en la espuma,
encajes y blondas de azul y de plata.

Se extingue del ro la rauda corriente,
perdindose en ancho, tranquilo remanso,
y ya a la barquilla faltbale fondo,
a veces la arena la quilla rozando.

De pronto la luna, rasgando las nubes,
alumbra una extraa ciudad en la orilla,
y cruces y verjas, cipreses y sauces
formaban las calles de tumbas sombras.

Hirsuto el cabello, la faz descompuesta,
le digo al fantasma con voz temerosa:
"Aqu no es posible que el puerto busquemos
al centro del ro volvamos la proa.

Mi brazo conserva su fuerza y empuje,
el ltimo aliento gastemos remando,
y mreme lejos del cuadro sombro
que forman las tumbas, cipreses y osarios!"

Con triste sonrisa que aterra y fascina,
me toma una mano la horrible fantasma,
y "Aqueste es el puerto -me dijo----;
llegamos; el remo abandona y arroja tu ancla".




Analizar métrica y rima de La barca