Poema La duquesa Job (1884) de Manuel Gutirrez Njera

La duquesa Job (1884)

de Manuel Gutirrez Njera

A Manuel Puga y Acal

En dulce charla de sobremesa,
mientras devoro fresa tras fresa,
y abajo ronca tu perro Bob,
te har el retrato de la duquesa
que adora a veces el duque Job.

No es la condesa de Villasana
caricatura, ni la poblana
de enagua roja, que Prieto am;
no es la criadita de pies nudosos,
ni la que suea con los gomosos
y con los gallos de Micol.

Mi duquesita, la que me adora,
no tiene humos de gran seora:
es la griseta de Paul de Kock.
No baila Boston, y desconoce
de las carreras el alto goce
y los placeres del five o'clock.

Pero ni el sueo de algn poeta,
ni los querubes que vio Jacob,
fueron tan bellos cual la coqueta
de ojitos verdes, rubia griseta,
que adora a veces el duque Job.

Si pisa alfombras no es en su casa;
si por Plateros alegre pasa
y la saluda Madame Marnat,
no es, sin disputa, porque la vista;
s porque a casa de otra modista
desde temprano rpida va.

No tiene alhajas mi duquesita,
pero es tan guapa y es tan bonita,
y tiene un cuerpo tan v'lan, tan pschutt;
de tal manera trasciende a Francia
que no la igualan en elegancia
ni las clientes de Hlne Kossut.

Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay espaola, yanqui o francesa,
ni ms bonita, ni ms traviesa
que la duquesa del duque Job.

Cmo resuena su taconeo
en las baldosas! Con qu meneo
luce su talle de tentacin!
Con qu airecito de aristocracia
mira a los hombres, y con qu gracia
frunce los labios Mim Pinson!

Si alguien la alcanza, si la requiebra,
ella, ligera como una cebra,
sigue camino del almacn;
pero, ay del tuno si alarga el brazo!
Nadie se salva del sombrillazo
que le descarga sobre la sien!

No hay en el mundo mujer ms linda!
Pie de andaluza, boca de guinda,
esprit rociado de Veuve Clicquot;
talle de avispa, cutis de ala,
ojos traviesos de colegiala
como los ojos de Louise Tho.

gil, nerviosa, blanca, delgada,
media de seda bien restirada,
gola de encaje, cors de crac!,
nariz pequea, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca
rizos tan rubios como el coac.

Sus ojos verdes bailan el tango;
nada hay ms bello que el arremango
provocativo de su nariz.
Por ser tan joven y tan bonita,
cual mi sedosa, blanca gatita,
diera sus pajes la emperatriz.

Ah t no has visto cuando se peina,
sobre sus hombros de rosa reina
caer los rizos en profusin!
T no has odo que alegre canta,
mientras sus brazos y su garganta
de fresca espuma cubre el jabn.

Y los domingos!... Con qu alegra,
oye en su lecho bullir el da
y hasta las nueve quieta se est!
Cul se acurruca la perezosa,
bajo la colcha color de rosa,
mientras a misa la criada va!

La breve cofia de blanco encaje
cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canap;
altas, lustrosas y pequeitas,
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie.

Despus, ligera, del lecho brinca.
Oh quin la viera cuando se hinca
blanca y esbelta sobre el colchn!
Qu valen junto de tanta gracia
las nias ricas, la aristocracia,
ni mis amigas del cotilln?

Toco; se viste; me abre; almorzamos;
con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen biftec,
media botella de rico vino,
y en coche juntos, vamos camino
del pintoresco Chapultepec.

Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay espaola, yanqui o francesa,
ni ms bonita ni ms traviesa
que la duquesa del duque Job.
Manuel Gutirrez Njera, 1884


Analizar métrica y rima de La duquesa Job (1884)