Poema Los fantasmas del deseo de Luis Cernuda

Los fantasmas del deseo

de Luis Cernuda


A Bernab Fernndez-Canivell

Yo no te conoca, tierra;
con los ojos inertes, la mano aleteante,
llor todo ciego bajo tu verde sonrisa,
aunque, alentar juvenil, sintiera a veces
un tumulto sediento de postrarse,
como huracn henchido aqu en el pecho;
ignorndote, tierra ma,
ignorando tu alentar, huracn o tumulto,
idnticos en esta melanclica burbuja que yo soy
a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir.

Bien s ahora que t eres
quien me dicta esta forma y este ansia;
s al fin que el mar esbelto,
la enamorada luz, los nios sonrientes,
no son sino t misma;
que los vivos, los muertos,
el placer y la pena,
la soledad, la amistad,
la miseria, el poderoso estpido,
el hombre enamorado, el canalla,
son tan dignos de m como de ellos yo lo soy;
mis brazos, tierra, son ya ms anchos, giles,
para llevar tu afn que nada satisface.

El amor no tiene esta o aquella forma,
no puede detenerse en criatura alguna;
todas son por igual viles y soadoras.
Placer que nunca muere
beso que nunca muere,
slo en ti misma encuentro, tierra ma.
Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombros,
rizosos o lnguidos como una primavera,
sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos
que tanto he amado intilmente,
no es en vosotros donde la vida est, sino en la tierra,
en la tierra que aguarda, aguarda siempre
con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos.

Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes
este mundo divino que ahora es mo,
mo como lo soy yo mismo,
como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos,
como la arena, que al besarla los labios
finge otros labios, dctiles al deseo,
hasta que el viento lleva sus mentirosos tomos.

Como la arena, tierra,
como la arena misma,
la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira.
T sola quedas con el deseo,
con este deseo que aparenta ser mo y ni siquiera es mo,
sino el deseo de todos,
malvados, inocentes,
enamorados o canallas.

Tierra, tierra y deseo.
Una forma perdida.



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