Poema Los robles de Mara Rosala Rita de Castro

Los robles

de Mara Rosala Rita de Castro


LOS ROBLES

I

All en tiempos que fueron, y el alma
Han llenado de santos recuerdos,
De mi tierra, en los campos hermosos,
La riqueza del pobre era el fuego;
Que al brillar, de la choza en el fondo,
Calentaba los rgidos miembros
Por el fro y el hambre ateridos,
Del nio y del viejo.

De la hoguera sentados en torno,
En sus brazos la madre arrullaba
Al infante robusto;
Daba vuelta, afanosa la anciana
En sus dedos nudosos, al huso,
Y al alegre fulgor de la llama,
Ya la joven la harina cerna,
O ya desgranaba
Con su mano callosa y pequea,
Del maz las mazorcas doradas.

Y al amor del hogar calentndose
En invierno, la pobre familia
Campesina, olvidaba la dura
Condicin de su suerte enemiga;
Y el anciano y el nio, contentos
En su lecho de paja dorman,
Como duerme el polluelo en su nido
Cuando el ala materna le abriga.

II

Bajo el hacha implacable, cuan presto
En tierra cayeron
Encinas y robles!
Y a los rayos del alba risuea,
Qu calva aparece
La cima del monte!

Los que ayer fueron bosques y selvas
De agreste espesura,
Donde envueltas en dulce misterio
Al rayar el da
Flotaban las brumas,
Y brotaba la fuente serena
Entre flores y musgos oculta,
Hoy son ridas lomas que ostentan
Deformes y negras
Sus hondas cisuras.

Ya no entonan en ellas los pjaros
Sus canciones de amor, ni se juntan
Cuando mayo alborea en la fronda
Que qued de sus robles desnuda.
Slo el viento al pasar trae el eco,
Del cuervo que grazna,
Del lobo que aulla.

III

Una mancha sombra y extensa
Borda trechos del monte la falda,
Semejante a legin aguerrida
Que acampase en la abrupta montaa
Lanzando alaridos
De sorda amenaza.

Son pinares que al suelo desnudo
De su antiguo ropaje le prestan
Con el suyo el adorno salvaje
Que resiste del tiempo la afrenta
Y corona de eterna verdura
Las speras breas.

rbol duro y altivo, que gustas
De escuchar el rumor del Ocano
Y gemir con la brisa marina
De la playa en el blanco desierto,
Yo te amo!, y mi vista reposa
Con placer en los tibios reflejos

Que tu copa gallarda iluminan
Cuando audaz se destaca en el cielo,
Despidiendo la luz que agoniza,
Saludando la estrella del vspero.

Pero t, sacra encina del celta,
Y t, roble de ramas aosas,
Sois ms bellos con vuestro follaje
Que si mayo las cumbres festona
Salpicadas de fresco roco
Donde quiebra sus rayos la aurora,
Y convierte los sotos profundos
En mansin de gloria.

Ms tarde, en otoo,
Cuando caen marchitas tus hojas,
Oh roble!, y con ellas
Generoso los musgos alfombras,
Qu hermoso est el campo!
La selva, qu hermosa!

Al recuerdo de aquellos rumores
Que al morir el da
Se levantan del bosque en la hondura
Cuando pasa gimiendo la brisa
Y remueve con hmedo soplo
Tus hojas marchitas,
Mientras corre engrosado el arroyo
En su cauce de frescas orillas,

Estremcese el alma pensando
Dnde duermen las glorias queridas
De este pueblo sufrido, que espera
Silencioso en su lecho de espinas
Que suene su hora
Y llegue aquel da
En que venza con mano segura,
Del mal que le oprime,
La fuerza homicida.

IV

Torna roble, rbol patrio, dar sombra
Cariosa la escueta montaa
Donde un tiempo la gaita guerrera
Alent de los nuestros las almas;
Y comps hizo al eco montono
Del canto materno,
Del viento y del agua,
Que en las noches de invierno al infante
En su cuna de mimbre arrullaban.
Que tan bello apareces, oh roble!,
De este suelo en las cumbres gallardas
Y en las suaves graciosas pendientes
Donde umbrosas se extienden tus ramas,
Como en rostro de plida virgen
Cabellera ondulante y dorada,
Que en lluvia de rizos
Acaricia la frente de ncar.

Torna presto poblar nuestros bosques;
Y que tornen contigo las hadas
Que algn tiempo tu sombra tejieron,
Del hroe gallego
Las frescas guirnaldas!



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