Poema Los tributarios de Andrs Eloy Blanco

Los tributarios

de Andrs Eloy Blanco


Siete caballos, como tralla,
sin rienda ni silla,
por siete caminos vienen en tropel;
como una tralla de grandes mastines,
espesos de espumas, de nervios, de crines,
los siete caballos llegan hasta l.

l les ve llegar:
El primer caballo le ofreces sus ancas
para cabalgar,
el segundo, dale sus espumas blancas,
como las del mar,
el otro, en la floja nariz que palpita
le da un humo blanco con calor de hogar,
el cuarto se encabrita
y el quinto relincha, de azogue el ijar
y el sexto murmura y el sptimo grita
y el Orinoco es todo lo que llega al mar.

Los cuatro primeros
son la guardia de las Fuentes,
los Sacerdotes de la Palabra Secreta,
la trinchera del indio, cuatro potros inmviles
en las cuatro esquinas de su tumba abierta.

Guardajoyas del misterio:
el Caura y el Guaviare y el Vichada y el Meta,
antemurales de la Tradicin,
caballos de San Marcos de los ros de Amrica.

El quinto es la piedra que va monte abajo,
potro desbocado, cola y crines negras,
piedra de diamante,
luminosa piedra.

Camino arduo de los Conquistadores,
zarzal de la limpia rosa misionera,
breal por donde se mete
el Cristo buscando ovejas,
milagro de la Conquista,
Caron, Bucfalo de Amrica.

Es sexto es un caballo alegre,
con el anca nevada de una garza llanera;
vio el engao del Yagual
y la astucia de las Queseras,
buen amigo de Ulises, el Arauca de plata
fue el Caballo de Troya de los ros de Amrica.

Y el sptimo fue el ro que baj de los Andes
y cruz el llano, espoleado por la Leyenda,
en el lomo le floreci un Centauro
injerto del tritn, que tom Las Flecheras,
caballo del Prodigio, cimarrn de la Hazaa,
Apure es el Pegaso de los ros de Amrica...

Y a ti vinieron los siete caballos
y entraron los siete por tus siete estrellas
y tus siete heridas se te iluminaron
cuando detuviste tu carrera,
porque un hombre triste se aferr a tu lomo,
y sentiste sus manos fuertes como dos riendas
y marchaste con el hombre triste
que te pesaba como un mundo... y tan pequeo como era!
y as fue que en tu espalda march Alonso Bolvar
y fuiste el Rocinante de los ros de Amrica...




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