Poema Los tristes de Mara Rosala Rita de Castro

Los tristes

de Mara Rosala Rita de Castro


LOS TRISTES

I

De la torpe ignorancia que confunde
Lo mezquino y lo inmenso;
De la dura injusticia del ms alto,
De la saa mortal de los pequeos,
No es posible que huyis cuando os conocen
Y os buscan, como busca el zorro hambriento
A la indefensa trtola en los campos;
Y al querer esconderos
De sus cobardes iras, ya en el monte,
En la ciudad en el retiro estrecho,
Ah val, exclaman. Ah va!, y all os insultan
Y sealan con ntimo contento,
Cual la mano implacable y vengativa
Seala al triste y fugitivo reo.

II

Cay por fin en la espumosa y turbia
Recia corriente, y descendi al abismo
Para no subir ms la serena

Y tersa superficie. En lo ms ntimo
Del noble corazn ya lastimado
Reson el golpe doloroso y fro
Que ahogando la esperanza
Hace abatir las nimos altivos;
Y plegando las alas torvo y mudo,
En densa niebla se envolvi su espritu.

III

Vosotros, que lograsteis vuestros sueos,
Qu entendis de sus ansias malogradas?
Vosotros, que gozasteis y sufristeis,
Qu comprendis de sus eternas lgrimas?
Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos
Son como niebla que disipa el alba,
Qu sabis del que lleva de los suyos
La eterna pesadumbre sobre el alma!

IV

Cuando en la planta con afn cuidada
La fresca yema de un capullo asoma,
Lentamente arrastrndose entre el csped,
Le asalta el caracol y la devora.

Cuando de un alma atea,
En la profunda obscuridad medrosa
Brilla un rayo de fe, viene la duda
Y sobre l tiende su gigante sombra.

V

En cada fresco brote, en cada rosa erguida,
Cien gotas de roco brillan al sol que nace;
Mas l ve que son lgrimas que derraman los tristes
Al fecundar la tierra con su preciosa sangre.

Henchido est el ambiente de agradables aromas,
Las aguas y los vientos cadenciosos murmuran;
Mas l siente que rugen con sordo clamoreo
De sofocados gritos y de amenazas mudas.

No hay duda! De cien astros nuevos, la luz radiante
Hasta las ms recnditas profundidades llega;
Mas sus hermosos rayos
Jams en torno suyo rompen la bruma espesa.

De la esperanza, en dnde crece la flor ansiada?
Para l, en dondequiera al retoar se agosta,
Ya bajo las escarchas del egosmo estril,
ya del desengao la menguada sombra.

Y en vano el mar extenso y las vegas fecundas,
Los pjaros, las flores y los frutos que siembra!
Para el desherado, slo hay bajo los cielos
Esa quietud sombra que infunde la tristeza.

VI

Cada vez huye ms de los vivos,
Cada vez habla ms con los muertos,
Y es que cuando nos rinde el cansancio,
Propicio la paz y al sueo,
El cuerpo tiende al reposo,
El alma tiende a lo eterno.

VI

As como el lobo desciende poblado,
Si acaso en la sierra se ve perseguido,
Huyendo. del hombre que acosa los tristes,
Busc entre las fieras el triste un asilo.

El sol calentaba su lbrega cueva,
Piadosa velaba su sueo la luna,
El rbol salvaje le daba sus frutos,
La fuente sus aguas de grata frescura.

Bien pronto los rayos del sol se nublaron,
La luna entre brumas vel su semblante;
Secse la fuente y el rbol negle,
Al par que su sombra, sus frutos salvajes.

Dejando la sierra busc en la llanura
De otro rbol el fruto, la luz de otro cielo;

Y a un ro profundo de nombre ignorado,
Pidile aguas puras su labio sediento.

Ya en vano!, sin tregua siguile la noche,
La sed que atormenta y el hambre que mata,
Ya en vano!, que ni rbol, ni cielo, ni ro,
Le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas.

Y en tanto el olvido, la duda y la muerte
Agrandan las sombras que en torno le cercan,
All en lontananza la luz de la vida,
Hiriendo sus ojos feliz centellea.

Dichosos mortales quien la fortuna
Fu siempre propicia... Silencio!, silencio!
Si veis tantos seres que corren buscando
Las negras corrientes del hondo Leteo.



Analizar métrica y rima de Los tristes