Poema Madrigal de Jos Lezama Lima

Madrigal

de Jos Lezama Lima


El tallo de una rosa se ha encolerizado con las avispas
que impedan que su cintura fuese y viniese con las mareas
cuando estaba tan tranquila en las graderas de un templo
y un marinero llamado por la palabra marea
se ha unido la los clamores de alfileres sin sueo
y le ha dado un fuerte pellizco al tallo de una rosa
lo que no mereca lo que no alcanzaba en su sonrisa
en su ctara en su respiracin tornasolada
la clera de un marinero
mil manos que se alzaban en el remedo de un beso
en esta pirmide de besos
para que en lo alto ms despacio ms pauelo ms seorita
una rosa una rosa
que no puede aislar ni unas cuantas avispas encolerizadas
que la han vencido que se le han: pegado tenazmente a los flancos
y ya son ramita entre dos recuerdos.
Desconchamiento de lunas que no vienen
sus escamas de otoo
pero el nio que se ha quedado detenido frente a los encantamientos
de un caballo blanco
se apresura en su dulce memoria de lunares
a evocar sus regalos para ingresar en la nieve
entre dos recuerdos de aire pulsado entre dos conchas
que recorren un hilo de sienes de sien a sien
como entre dos recuerdos
un dedo besado atormentado desnudado
una muchedumbre de Perseos enlunados
que esperan a los ms crecidos cazadores de medianoche
porque ha llegado el da que no se alcanza con media docena de ctaras
redondas espinas siempre festn de nieve enhebrado
que se adelantan con la crecida del aire
de dos conchas entre dos recuerdos
entrecortados silbidos en las graderas de un templo
hasta el instante en que es la sangre de hoy
hojas del recuerdo en las ventanas de las joyeras
ojos que miran cmodamente la avispa mordiendo el tallo de una rosa
para negrtelo en el aire guante fronda lenta flauta
la misma rosa que ha inclinado su frente para recoger tu pauelo
y esconderlo hasta que pasen los cazadores de medianoche.

(El puerto para aludir al hombre y al toro saliendo. Para trazar las apariencias con
esencias, se inscriben la madre, la esposa y el hijo. Sale de la aldea de su madre para
hacer letras armadas, para caer en otra aldea donde sus deseos inflan la arcilla, pero de
all tambin se huye al no preocuparle la criatura ni la rumia de la noche placentaria,
sino la suerte de su penetracin. En una noche portuaria con soltura de oportos y
guitarreos, el maduro es tocado por alguien que se quiere colgar como de su sangre, pero
sin preocuparse de aciertos, contina su trecho ms penetrador, buscando un cuero ms
duro, una piel imposible. De regreso, el fuego devor a su madre, donde su madre poda
haberlo devorado a l.

Un breve rodeo para no encontrarse con la posibilidad de la esposa [el principio formal].
Queda ciego y casi ciego. Los dos guardianes dialogan sobre la excepcin del Jorobado.
Decide ir a las Pases Bajos, para escaparse de las hechiceras y scubos que han
puesto tienda hasta en la Vasconia, para ver como un buey, guerrear, discutir y pasar.
All se ata con mujer protestante, pero ella se desata. Ella y sus dos hijas lo atosigan.
En los tres das de agona, mientras el veneno lo nutre con aguas malas, el maduro
desinfla a su mujer y la ve como madre [el retrato ovalado]. La hija le apetece entonces
como mujer, y su carne, en el segundo da de agona, cuando ya empieza a inmovilizarse,
balbucea un lenguaje como el hongo de la muerte en su lengua. En el tercer da de
agona, cree poder interpretar a su hijo que se acerca en el amarillento tinte rosa de la
hija de la protestante.)



Analizar métrica y rima de Madrigal