Poema Oda VIII Noche serena de Fray Luis de Len

Oda VIII Noche serena

de Fray Luis de Len


A Don Loarte

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueo y en olvido sepultado,

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
Loarte y digo al fin con voz doliente:

Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
naci, qu desventura
la tiene en esta crcel baja, escura?

Qu mortal desatino
de la verdad aleja as el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?

El hombre est entregado
al sueo, de su suerte no cuidando;
y, con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.

Oh, despertad, mortales!
Mirad con atencin en vuestro dao.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamao,
podrn vivir de sombra y de engao?

Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
burlaris los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

Es ms que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que ser, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto
sus pasos desiguales
y en proporcin concorde tan iguales;

la luna cmo mueve
la plateada rueda, y va en pos della
la luz do el saber llueve,
y la graciosa estrella
de amor la sigue reluciente y bella;

y cmo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Jpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;

rodase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras l la muchedumbre
del reluciente coro
su luz va repartiendo y su tesoro:

quin es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?

Aqu vive el contento,
aqu reina la paz; aqu, asentado
en rico y alto asiento,
est el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado.

Inmensa hermosura
aqu se muestra toda, y resplandece
clarsima luz pura,
que jams anochece;
eterna primavera aqu florece.

Oh campos verdaderos!
Oh prados con verdad frescos y amenos!
Riqusimos mineros!
Oh deleitosos senos!
Repuestos valles, de mil bienes llenos!




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