Poema Oda a la noche de Jos Mara de Heredia

Oda a la noche

de Jos Mara de Heredia


Reina la noche: con silencio grave
gira los sueos en el aire vano;
cndida, pura, el silencioso llano
viste la luna de su luz suave.
Hora de paz!... Aqu, do a nadie miro,
en esta cumbre, alzado,
heme, Seor, del mundo abandonado.

Cmo embelesa la quietud augusta
de la natura, a la sensible alma
que oye su voz, y en deleitosa calma
de esta mansin y su silencio gusta!
Grato silencio, que interrumpe el ro
distante murmurando,
o en las hojas el viento susurrando.

Ya de la noche con el fresco ambiente
gira en lnguidas alas el reposo,
que vela fiel bajo del cielo umbroso
y huye la luz del sol resplandeciente.
Invisible con l y misterioso
en llano y montes yace
el bello horror, que contristando place.

Cmo en el alma esttica se imprime
el delicioso y triste pensamiento!
Cmo el cuadro feliz que miro atento
es a par melanclico y sublime!
Ah! su paz de la msica prefiero
al eco poderoso
con que se anima el baile bullicioso.

All en saln soberbio, por do quiera
terso cristal duplica los semblantes:
de oro vestida y perlas y diamantes
hermosura gentil danza ligera,
y con sus gracias y afectado hechizo
de mil adoradores
lleva tras s los votos y loores.

Admirable es aquesto! Yo algn da,
de la simple niez salido apenas,
en los bailes magnficos y cenas
de mi amor al objeto persegua;
y atesor con mgica ventura
de la Joven amada
un suspiro fugaz, una mirada.

Mas ya por los pesares abatido,
y a languidez y enfermedad ligado,
muy ms me place que saln dorado
Este llano en la noche oscurecido;
a la brillante danza prefiriendo
el meditar tranquilo
bajo este cielo, en inocente asilo.

Ah! brllenme por siempre las estrellas
en un cielo tan puro como ahora,
y a la alta mano de mi ser Autora
pudame yo elevar, vindola en ellas.
A ti, Dios de los cielos, en la noche
alzo en humilde canto
la dolorosa voz de mi quebranto.

Te saludo tambin, amiga luna:
siempre tierno te am, reina del cielo:
siempre fuiste mi hechizo, mi consuelo,
en la adversa y la prspera fortuna.
T sabes cuantas veces anhelando
gozar tu compaa,
maldije el brillo del ardiente da.

Asentado tal vez a las orillas
del mar, cuyo cristal te retrataba
en cavilar dulcsimo pasaba
las leves horas en que leda brillas;
y recordando mi nublada gloria,
mir tu faz serena
y en tierno llanto desahogu mi pena.

Mas ay! el pecho con dolor palpita,
herido ya de consuncin tirana,
y cual t al esplendor de la maana,
palidece mi rostro y se marchita.
Cuando caiga por fin, inunde al menos
esa luz calma y pura
de tu amigo la humilde sepultura...

...Mas, qu canto suavsimo resuena
del inmediato bosque en la espesura?
Es tu voz, ruiseor, que de ternura
en dulce soledad mi pecho llena.
Siempre te am, porque debiste al cielo
genio triste y sombro,
tierno y agreste, como el genio mo.

Perezca el que a tu nido te arrebata,
y porque gimas gusta de oprimirte:
Por qu no viene como yo a seguirte
del bosque espeso entre la sombra grata?
Salta libre y feliz de ramo en ramo
en torno de tu nido,
que a nadie quiero esclavo ni oprimido.

Noche, antigua deidad, que el caos profundo
produjo antes que al sol, y al sol postrero
has de sobrevivir, cuando severo
el brazo del Seor trastorne el mundo;
yeme: t sers mientras me dure
este soplo de vida
celebrada por m, de mi querida.

Antes del primer tiempo, sepultada
del caos en el vrtice yacas:
inspirada tal vez ya preveas
a tu beldad la gloria destinada;
y ociosa, triste, en el sombroso velo
tu frente rebozabas,
y en el futuro imperio meditabas.

A la voz del Criador, del Ocano
reina saliste, el cetro levantando,
de estrellas coronada, desplegando
el manto rico por el ter vano;
y al mundo silencioso deleitaba
en tu frente severa
de la alma luna la argentada esfera.

Cuntas altas verdades he aprendido
en tu solemne horror, sublime diosa!
En el silencio de la selva umbrosa
Cuntas inspiraciones te he debido!
En ti miro al Criador, y arrebatado
de fervoroso anhelo,
pulso mi lira y me levanto al cielo.

Salve, gran diosa! en tu apacible seno
djame consolar y recrearme:
tu blsamo feliz puede aliviarme
el triste pecho de dolores lleno.
Noche, de los poetas y almas tiernas
dulce, piadosa amiga,
en blanda paz convierte mi fatiga!


Analizar métrica y rima de Oda a la noche