Poema Para el Zenzontle impvido de Ramn Lpez Velarde

Para el Zenzontle impvido

de Ramn Lpez Velarde

PARA EL ZENZONTLE IMPVIDO

He vuelto a media noche a mi casa, y un canto
como vena de agua que solloza, me acoge...
Es el msico clibe, es el solista dcil
y experto, es el zenzontle que mece los cansancios
seniles y la incauta ilusin con que suean
las damitas... No cabe duda que el prisionero
sabe cantar. Su lengua es como aquellas otras
que el candor de los clsicos llam lenguas arpadas.
No seran los clsicos minuciosos psiclogos,
pero atinaban con el mundo elemental
y daban a las cosas sus nombres...
Sigo oyendo
la musical tarea del zenzontle, y lo admiro
por impvido y fuerte, porque no se amilana
en el caos de las lbregas vigilias, y no teme
despertar a los monstruos de la noche. Su pico
repasa el cuerpo de la noche, como el de una
amante; el valeroso pico de este zenzontle
va recorriendo el cuerpo de la noche: las cejas,
y la nuca, y el bozo. Sbitamente, irrumpe
el arpegio animoso que reta en su guarida
a todas las hostiles reservas de la amante...

Hay acaso otro solo poeta que, como ste,
desafe a las incgnitas potestades, y hiera
con su venablo lrico el silencio desptico?
Respondamos nosotros, los necios y cobardes
que en la noche tememos aventurar la mano
afuera de las sbanas...
El zenzontle me lleva
hasta los corredores del patio solariego
en que haba canarios, con el buche teido
con un verde inicial de lechuga, y las alas
como onzas acabadas de troquelar. Tambin
haba por aquellos corredores, las roncas
palomas que se visten de canela y se ajustan
los collares de luto... Corredores propicios
en que Jos Manuel y Berta platicaban
y en que la misma Berta, con un gentil descoco,
me dijo alguna vez: Si estos corredores
como tumbas, hablaran qu cosas no diran!
Mas en estos momentos el zenzontle repite
un silbo montaraz, como un pastor llamando
a una pastora; y caigo en la lgubre cuenta
de que el zenzontle vive castamente, y su limpia
virtud no ha de obtener un premio en Josafat.
Es seguro que al pobre cantor, que da su msica
a la ertica letra de las lunas de miel,
lo aprisionaron virgen en su monte; y me apena
que ignore que la dicha de amar es un galope
del corazn sin brida, por el desfiladero
de la muerte. Deploro su castidad reclusa
y hasta le cedera uno de mis placeres.

Mas ya el sueo me vence... El zenzontle prolonga
su confesin meldica frente a las potestades
enemigas, y corto aqu mi panegrico
para el zenzontle impvido, virgen y confesor.



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