Poema Silvas de Francisco de Rojas Zorrilla

Silvas

de Francisco de Rojas Zorrilla


1

Queriendo pintar un pintor la figura de Apolo en una tabla de laurel.

Mancho el pinzel con el color en vano
para imitar, Febo, tu figura
en tabla de laurel: o los colores
no obedecen la mente ni la mano,
o huye tambin Dafne tu pintura,
rbol, an no olvidando tus amores.
Perdi la rosa i nieve que sola
teir su boca i frente,
mas no la castidad con que viva,
pues oi la guarda en la corteza dura.

Si perdi solamente
color i hermosura,
i anima el rudo tronco Dafne esquiva
en tu desdn, an a tu imagen viva?
A la Aurora pint en el horizonte
entre inflamadas nuves i distintas,
con puras luzes i rosado arreo.
De la Ninfa que abita el geco monte
ment con los pinzeles el desseo,
cuerpo dando a la voz con varias tintas.
I t, Marte soberbio, aunque guerrero,
contra m no vibraste el limpio azero
porque con los colores te mostrara
espirando fiereza.

Sola esta virgen prueva su dureza
en m, porque intentara
que, leo informe, Apolo la abraara.
Dafne l'arte a vencido;
venci ya Dafne l'arte.
Cintio, culpa tuya!
D est el arco, d est el divino aliento?
A tan flaco poder mengua es que huya
y que dl se remita alguna parte.

Dime, l'antigua llama
con imperio en tu sangre se derrama?
Que el desdn slo puede en un rendido!
Ya tu desprecio i no el del arte siento:
que s queda sin gloria (ilustre Apolo)
tu fbula, i sin lustre al mundo solo.

2

A la riqueza

mal seguro bien, cuidadosa
riqueza, i cmo a sombra de alegra
i de sossiego engaas!
El que vela en tu alcance i se desva
del pobre estado i la quietud dichosa,
ocio i seguridad pretende en vano:
pues tras el luengo errar d'agua i montaas,
cuando el metal precioso coja a mano,
no a de ver sin cuidado abrir el da.

No sin causa los dioses te ascondieron
en las entraas de la tierra dura;
mas qu hall difcil o encubierto
la sedienta codicia?
Turb la paz segura
con que en la antigua selva florecieron
el abeto i el pino,
i trxolos al puerto,
i por campos de mar les dio camino.

Abrisse el mar i abrisse
altamente la tierra,
i saliste del centro al aire claro,
hija del'avaricia,
a hazer a los ombres cruda guerra.
Saliste t i perdisse
la piedad, que no habita en pecho avaro.

Tantos daos, riqueza,
an venido contigo a los mortales,
que aun cuando nos pagamos a la muerte,
no cessan nuestros males:
pues el cadver que acompaa el oro,
o el costoso vestido,
slo por opulento es perseguido;
i el ltimo descanso i el reposo
que tuviera en pobreza, l'es negado,
siendo de su sepulcro conmovido.

A cuntos arm el oro de creza,
i a cuntos a dexado
en el ltimo trance, dura suerte!
Pierde su flor la virginal pureza
por ti, i vesse manchado
con adulterio el lecho, no esperado.

Al menos animoso,
para que te possea,
das, riqueza, ardimiento licencioso.
Ninguno hay que se vea
por ti tan abastado i poderoso
que caresca de miedo.

Qu cosa habr de males tan cercada?,
pues ora pretendida, ora alcanada,
i aun estando en desseos,
pena ocultan tus ciegos devaneos.
Pero cnsome en vano; dezir puedo
que si sombras de bien en ti se vieran,
los immortales dioses te tuvieran.

3

A la pobreza

Desde el infausto da
que visit con lgrimas primeras,
me tienes, pobreza, compaa;
aunque tan buena, como dizen, fueras,
por ser tanto de m comunicada,
me vinieras a ser menos preciada.

Dir tus males sin que mucho ahonde
en ellos, que es mui raro
lo que por glorias tuyas contar puedes.
Tal vez el que en su casa un monte asconde

de Numidia i de Paro
en arcos i paredes,
cuando entre el blando lino se rodea,
puesto de los cuidados en el fuego,
sin conocerte alaba tu sossiego,
i nunca, aunque lo alaba, lo dessea;
llegas a ser de alguno, en fin, loada,
mas de ninguno apenas desseada.

Si eres t de los males
el que nos trata con mayor creza,
cmo podr ninguno codiciarte?
Despus que naci el oro,
i con l la grandeza,
muri tu ser, muri tu igual decoro,
en otra edad divino:
si por esso, pobreza, en toda parte
con enfermo color andas contino?

Con preciosos metales
siempre veo levantado
lo que tienes t sola derribado.
Qu ciudad populosa
se sabe que por ti se aya fundado?
Qu fuera inespunable i espantosa
por ti se a fabricado?

El save color, la hermosura
slo en tu ausencia con su lustre dura.
Pintame la belleza
mayor que imaginares,
compuesta de jasmines i de grana:
si con vestido tuyo la adornares,
su lustre pierde i gracia soberana.

Pues cuando el agro ivierno,
hijo tuyo sin duda,
que, como t, tambin siempre desnuda,
roba al bosque el verdor i lo despoja
de su amarilla hoja,
pobre por ti su frente,
ni su sombra codicia ms la gente,
ni sus ramas las aves.

I si yo vanamente no dicierno,
cundo armarse pudieron vastas naves
donde se vio tu sombra?,
cundo exrcitos gruessos?
El nmero infelice de sucessos
que por ti an avenido, a quin no assombra?
Hablen los nunca sepultados gessos
que en las playas blanquean,
de tantos que por falta de sustento
al mar rindieron el vital aliento.

Cuntos as ascondido
en los anchos desiertos
para que al mal seguro caminante
asalten encubiertos!
, en cuntas partes se ver teido
el campo con la sangre de los muertos!
No hay voz, aunque de hierro, que bastante
sea a dezir los males que acarrean
duras necessidades.

Los pobres que habitan las ciudades,
qu afrenta no padecen?:
lo que por sus ingenios merecieron,
pobreza, por ti lo desmerecen.
Qu pobre hubo discreto?
Cundo tuvo amistades
que aun con pequeo honor correspondieran?
Cundo con la pobreza algn respeto
jams se tuvo a las tendidas canas
que t de blanca nieve, edad, coloras?

mentes de la humilde gente vanas,
no cuidis, a despecho
de vuestra pobre i msera fortuna,
levantaros al cerco de la luna!
Mirad que cuantos hijos van saliendo
del nunca en vano frequentado lecho,
tantos esclavos, ai!, os van creciendo
que ocupis en mesquina servidumbre,
no sin tormento vuestro, no sin llanto.

Qu vale, pobres, levantaros tanto?
Mirad que es necio error, necia costumbre,
soltar a la soberbia ass la rienda:
que yo apenas, humilde i sin contienda,
puedo contar en paz algunas oras
de las que passo en el silencio oscuro,
olvidado en pobreza i no seguro.

4

Al clavel

A ti, clavel ardiente,
invidia de la llama i de l'Aurora,
mir al nacer ms blandamente Flora:
color te dio ecelente
i del ao las oras ms saves.

Cuando a la ecelsa cumbre de Moncayo
rompe luziente sol las canas nieves
con ms caliente rayo,
tiendes igual las hojas abrasadas.
Mas, quin sabe si a Flora el color deves,
cuando devas las oras ms templadas?
Amor, Amor, sin duda, dulcemente

te ba de su llama refulgente
i te dio el puro aliento soberano:
que eres, flor encendida,
pblica admiracin de la belleza,
lustre i ornato a pura i blanca mano,
i ornato i lustre i vida
al ms hermoso pelo
que corona nevada i tersa frente,
sola merced de Amor, no de suprema
otra deidad alguna,
flor de alta fortuna!

Cuantas vezes te miro
entre los admirables lazos de oro
por quien lloro i suspiro,
por quien suspiro i lloro,
en invidia i amor junto me enciendo.
Si forman por la pura nieve i rosa
(dir mejor, por el luziente cielo)
las dulces hebras amoroso buelo,
quedas, clavel, en crcel amorosa
con gloria peregrina aprisionado.

Si al dulce labio llegas que provoca
a save deleite al ms helado,
luego que tu encendido seno toca
a su color sangriento,
buelves, ai, dolor!, ms abrasado.
Dite naturaleza sentimiento?
yo dichoso a avrseme negado!
Hable ms de tu olor i de tu fuego
aqul a quien invidias de favores
no alteran el sossiego.

5

A la rosa

Pura, encendida rosa,
mula de la llama
que sale con el da,
cmo naces tan llena de alegra
si sabes que la edad que te da el cielo
es apenas un breve i veloz buelo,
i ni valdrn las puntas de tu rama
ni prpura hermosa
a detener un punto
la execucin del hado presurosa?

El mismo cerco alado
que estoi viendo rente,
ya temo amortiguado,
presto despojo de la llama ardiente.
Para las hojas de tu crespo seno
te dio Amor de sus alas blandas plumas,
i oro de su cabello dio a tu frente.

fiel imagen suya peregrina!
Bate en su color sangre divina
de la deidad que dieron las espumas,
i esto, purprea flor, esto no pudo
hazer menos violento el rayo agudo?

Rbate en una ora,
rbate licencioso su ardimiento
el color i el aliento:
tiendes an no las alas abrasadas,
i ya buelan al suelo desmayadas.

Tan cerca, tan unida
est al morir tu vida,
que dudo si en sus lgrimas la aurora
mustia tu nacimiento o muerte llora.



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