Poema Sonetos de Francisco de Rojas Zorrilla

Sonetos

de Francisco de Rojas Zorrilla


1

Corre con albos pies al espacioso
Ocano, veloz Tarteso ro,
ass no cia el abrasado esto
tu dilatado curso gloroso;

i di a mi ardor que crece tu espumoso
seno a las muchas lgrimas que envo,
o esparza la dudosa luz roco
o muestre Cintia lustre generoso.

Que oyendo en mustio son mi afn ardiente
de ti, con crespa lengua resonado
en verde prado o en sedienta arena,

ser que blandas luzes al herviente
humor muestre (ya en vano derramado)
mi acerba i dulce i clara luz serena.

2

Sube, frondosa vid, i en estendido
ramo corona la desnuda frente
deste infelice povo, que al corriente
cristal yaze, de honor destituido.

Sube, ass no amanzille el aterido
ivierno en duro yelo tu ecelente
cima, ni Febo, cuando ms ardiente,
muestre a tu gloria el rayo embravecido.

Que pues, cuando en su lustre floreca,
te dio el spero tronco i dilatado
seno donde luziesse tu ufana,

es razn, sacra vid, qu'el despojado
leo de verde i fresca loana
ornes agora en su funesto estado.

3

Ya del saudo Breas el nevoso
soplo cess, el triste ivierno elado,
dando passo, al divino ardor templado,
huy al profundo centro tenebroso.

I buelve el verde honor al espacioso
seno vuestro, del yelo despojado,
sacros povos, que ornis el intricado
curso del claro Guadiamar ondoso.

Felices vos!, que ufanos al save
rayo de Febo coronis la frente,
libres del yerto humor que os oprima.

Mas, triste yo!, que de importuno i grave
yelo siento oprimir la frente ma,
lexos de ver mi altiva luz ardiente.

4

Menoba, que con turbia i alta frente
buelas veloz al gran Tarteso ro,
horrible a fuera del pluvioso i fro
Austro, la selva oprime tu corriente.

I vi yo cuando en la sazn ardiente,
corriendo apena, de cristal vazo,
ella te defendi del cano esto,
de tu ceido umor mustia i doliente.

No des al aire, pues, ro sagrado,
razes de tan fiel i generosa
selva que te asombr al estivo fuego.

Templa la saa i el confuso i ciego
hervir de tu profunda agua espumosa;
ass discurras puro i dilatado.

5

Marchite, nunca!, fro i cano yelo
de tus labios la dulce i blanda rosa,
do las Gracias, do Amor siempre reposa,
ni otro sitio invidiando ni otro cielo.

Dellos nunca a herir levanta el buelo,
ni hacha cuida o flecha rigurosa,
que una blanda palabra gracosa
arma i enciende en el purpreo velo.

Destos, pues, roxos, blandos i saves
labios do se arma Amor, i que encendieron
mi pecho en llama i rosa dulcemente,

nunca, tiempo!, permitas que los graves
yelos de edad la prpura ardiente
amortigen, i llama en que m'ardieron.

6

Salve, mancebo, flor de la hermosa
llama qu'enciende i cerca el puro cielo!,
cuanto menos que Cintia generosa,
tanto luzes ms cndido en el suelo.

Apazible destierra en la sombrosa
noche el horror de su medroso velo,
que an no vibra su hacha luminosa
Venus mirando al gran seor de Delo.

Luze en su vez, Hspero dichoso!,
en su silencio, i con tu luz m'envia
a mi dulce esplendor i mi cuidado.

Y si tal vez sentiste el amoroso
fuego que ass encendi mi pecho helado,
dame no errar por tenebrosa va.

7

Otro tiempo profundo i dilatado
te vi correr, sacro Esperio ro,
i ya te cie el abrasado esto
i tu luziente mrmol seca airado.

Triste pensava yo nunca sobrado
sentir tal vez el ardimiento mo,
o elasse al Tnais el ivierno fro,
o regalasse el sol su curso elado.

Pero si t, gran lustre d'Ocidente,
Betis, siendo deidad, del inhumano
tiempo la vez i sientes la creza,

no desespero de mi ardor insano
buelta ver en ceniza la grandeza
mientra Febo rayare en Orente.

8

Lnguida flor de Venus, que ascondida
yazes, i en triste sombra i tenebrosa,
verte impiden la faz al sol hermosa
hojas i espinas de que ests ceida;

i ellas el puro lustre i la vistosa
prpura, en que te vi apuntar teida,
te arrebatan, i a par la dulce vida
del verdor que descubre, ardiente rosa.

Igual es, mustia flor, tu mal al mo:
que si nieve tu frente descolora
por no sentir el vivo rayo ardiente,

a m, en profunda oscuridad i fro
yelo, tambin de muerte me colora
l'ausencia de mi luz resplandeciente.

9

A don Juan de Fonseca i Figueroa

Ya la hoja que verde orn la frente
desta selva, don Juan, en el verano,
tiende amarilla por el suelo cano
fuera de helado espritu ardente;

i la ova que en agua vi pendiente
de un geco risco con verdor loano,
mustio ya i sin color, despojo vano,
Betis esplaya con mayor corriente.

I yo ass bien no desigual mudana
siento en mi mal, que ya mi ardor intenso
cambia el yelo en ceniza vana i fra.

Quin esper igual bien? grata usana
del tiempo: que fallece a par del da
si un hermoso verdor, un fuego inmenso!

10

Aunque pisaras, Fili, la sedienta
arena qu'en la Libia Apolo enciende,
sintieras, ai!, que el Aquiln me ofende,
i del yelo i rigor la pluvia lenta.

Oye con qu rido la violenta
furia del viento en el jardn s'estiende,
i que apena aun la puerta se defiende
del soplo que en mi dao se acrecienta.

Pon la soberbia, Fili, i blandos ojos
muestra, pues ves en lgrimas baado
el umbral que adorn de blanda rosa;

que no siempre tu ceo i tus enojos
podr sufrir, ni el mustio ivierno helado,
ni de Breas la saa impetuosa.

11

Claro i tranquilo el mar me conduza
a que sulcara su profundo seno,
i apena entr, cuando el color sereno
huy, de Breas con la saa fra.

Crespos montes de humor al cielo va
subir, i el mar, d'oscura sombra lleno,
cambiar varios semblantes, i el terreno
assiento entre las olas pareca.

Entonce, ai!, mesquino!, un mortal yelo
me cubra, i el geco leo roto
luchava con las aguas fatigado.

En tanto afn, con voz ya incierta, al cielo
mov a piedad; librme, i hize voto
de fiar nunca en ponto sossegado.

12

Cuando entre luz i prpura aparece
l'alba, i despierto, ai, triste!, i miro el da
i no hallo la blanca Fili ma,
alba i prpura i luz se me oscurece.

Lloro, i crece mi llanto cuanto crece
ms la lumbre i la sombra se desva;
i un torpe yelo ass me ata i refra
que aun la voz para alivio me fallece.

I a un tiempo apura amor con alto fuego
en este ancho desierto el pecho mo,
donde el pesar lo aviva ms i enciende.

Lloro, pues, i ardo ass, i el mal se estiende
tanto, que a luz i a sombra i a roco
muero en llamas i en lgrimas me anego.

13

Ai, amarilla selva, que desnuda
yazes, i en cano i yerto humor cubierta,
cmo tu hrrida faz en m despierta
nuevo mal a mi incendio i llama cruda!

Sintome, ai, triste!, arder cuando se muda
tu frente, i se descubre blanca i yerta;
i cuando l'alma tierra ms desierta
se ve de luz, mi llama es ms aguda.

Pero qu mucho, selva, si la ardiente
hacha con que te alienta el claro da
declina tanto al Austro pluvoso,

i yo estoi tan cercano al refulgente
rayo que de sus hizes siempre enva
mi dulce ardor, Aglaida, i gloroso?

14

No esperes, no, perpetua en tu alba frente,
Aglaya, lisa tez, ni que tu boca,
que al ms helado a blando amor provoca,
bae siempre la rosa dulcemente.

Ves el sol que naci resplandeciente,
cul con luz desvanece tibia i poca,
i t sorda a mis ruegos como roca
ests, en quien se rompe alta corriente?

Goza la nieve i rosa que los aos
te ofrecen; mira, Aglaya, que los das
llevan tras s la flor i la belleza;

que cuando de la edad sientas los daos,
as de invidiar el lustre que tenlas
i as de llorar en vano tu dureza.

15

Passa, Tirsis, cual sombra incierta i vana
este nuestro vivir i, como nieve
al tibio rayo, desvanece en breve
todo apazible bien i gloria humana.

Mira cunto en color, cunto en loana
juventud confiar el hombre deve,
si ass acab Medrano: , en buelo leve
subido aya a la estana soberana!

Siendo su fin veloz (aunque no incierto,
triste imagino aqul que nos aguarda)
slo por no avenirle en pena, en lloro.

Tirsis, dexa este mar, buelve ya al puerto
la nave i busca el celestial tesoro:
que a nos, qui, tan triste fin no tarda.

16

Cuando te miro, fresno, ass al helado
soplo del Aquiln, calvo la frente,
i al tibio i blando soplo de Ocidente
de purpreo verdor la cima ornado,

alegre buelvo a mi infelice estado
i esfuero ass mi coran doliente:
Espera, no importunes al luziente
cielo con vozes i con llanto airado.

Tiempo ser que tan crecida pena
acabe, i tu luz gozes, si oprimido
yazes aora en tan profundo yelo.

I si el bolver del incansable cielo
da a un mudo tronco el verde honor perdido,
cmo a ti no tu pura luz serena?

17

Yo acabar, infelice, en el ondoso
golfo que ensaa i turba el viento airado,
pues en nevoso ivierno sulqu osado
pilago ass profundo i proceloso.

Ya me arrebata el ponto furoso,
i miro el leo, en pieas desatado,
entre la espuma errar (ai, yo cuitado!)
i no el cielo a mis lgrimas piadoso.

Yo acabar, pues me cre imprudente
del manso mar, que inmenso me rodea
i bolver en sus olas mis desnudos

gesos. No fe de cristal luziente,
tome exemplo en mi mal quien no dessea
ser, cual yo, pasto de nadantes mudos.

18

Nufraga onda, i cmo leda frente
tuya, mientra ocio fcil possea,
otra vez me a engaado, que crea
siempre tranquilo tu cristal luziente!

Ya no miro encresparse dulcemente
el mar con l'aura que Ocidente enva,
mas espumosos montes que a porfa
levanta al cielo el Euro furente.

Tres vezes fueron ya qu'e1 hondo Egeo
romp, mal cauto, con aguda prora,
nufrago, i tantas lo sulqu animoso.

Debiera escarmentar, porque no ahora,
opuesto en vano al mar impetuoso,
llorara el cierto fin en que me veo.

19

Este que ves, gsped, vasto pino,
til slo a la llama ya en el puerto,
selva frondosa un tiempo, en descubierto
cielo dio amiga sombra al peregrino.

De la cumbre Citoria al ponto vino,
por la mordaz segur el tronco abierto,
i despus, alta mquina, el incierto
golfo abri, siempre con hinchado lino.

Vientos, aguas sufri; lleg a la Aurora,
veloz nave, i rompi luengos caminos,
i a su patria bolvi soberbia i rica.

Mas no firme a sufrir del mar ahora
los mpetus, por voto a los marinos
dioses Cstor y Plus se dedica.

20

Almo, divino Sol, que en refulgente
carro sacas i ascondes siempre el da,
i otro i el mismo naces tras la fra
sombra que huye l'alba luz ardiente;

pura i cndida Ilitia, que luziente
eres del cielo honor, si se desva
el ureo rayo que tu hermano enva
a tu hermosa faz resplandeciente:

venid ambos, venid, lustre del cielo,
fciles a mis ruegos. T, Lucina,
seas blanda a Celia en la cercana ora.

I pues te honra, Febo, con divina
voz, da al infante cuando sienta el yelo
del aire, ingenio i dulce voz sonora.



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