Poema Tropicales de Luis Muoz Rivera

Tropicales

de Luis Muoz Rivera


Dichoso aquel que no ha visto
ms ro que el de su patria.

Tras diez aos de luchas incesantes
quiero vagar, como antes,
junto a la margen del humilde ro
que tantas veces ofreci a mis penas
la paz de sus arenas
y la quietud de su ribazo umbro.

Corren aqu cual lquidos cristales,
otras ninfas iguales
a las que vi correr hora por hora;
en ese murmullo lnguido y doliente,
el espritu siente
toda una juventud que pasa y llora.

Yergue sus ramas el laurel aejo
en el mvil espejo
de las aguas refleja su verdura
Y los cactus de flores amarillas
ocultan las orillas
a modo de silvestre colgadura.

De las cercanas frondas en un hueco
se esconde el tronco seco
en que, al rumor de la corriente leda,
daban impulso a mi ambicin temprana
las odas de Quintana
y los nerviosos cantos de Espronceda.

Nada se altera en el rincn querido;
hasta el leve ruido
que mis ensueos arrull, persiste:
es el mismo paisaje, no vara;
lo encuentro como el da
en que le dije adis convulso y triste.

En cambio, de m propio, qu me resta?
al subir la agria cuesta
rod de mis quimeras el bagaje,
y, aunque huello con mpetu el camino,
errante beduino,
tardo en llegar al trmino del viaje.

Arriba, lo ideal, foco de lumbre
que irradia en la alta cumbre
sobre los mundos su calor eterno;
abajo, lo real: nbula oscura
que tiene la negrura
de la noche y los fros del invierno.

Y en la pendiente yo; fuerza que avanza;
voluntad que se lanza;
alma que busca la verdad perdida
y se sumerge en la penumbra densa
para sentir la intensa
vibracin del esfuerzo y de la vida.

A dnde voy? Que el porvenir responda.
La sima es negra y honda;
pero es la abrupta cima ingente y clara.
Soy de los que en la liza perseveran,
y sin temblar esperan
la gloria o el peligro cara a cara.

Mi musa altiva que al placer rehsa,
fue la trgica musa
contra todos los dogmas insurrecta:
armada con el yambo deslumbrante
march siempre adelante
y, entre cien lneas, eligi la recta.

Nunca en el lodo de pasiones malas
mi inspiracin sus alas
quiso plegar; en la batalla ruda
un triple empuje a confortarme viene:
mi aliento me sostiene;
mi fe me salva; mi intencin me escuda.

Entre tanto aqu estn mi soto umbro;
la margen de mi ro;
el tronco entre la fronda abandonado;
el laurel verdinegro y la corriente
que surgen de repente
como imgenes vivas del pasado.

Cuando anso la calma y el reposo
y, al azar, silencioso,
en esta muda soledad me pierdo
sin que el bullicio mundanal me estorbe,
cmo mi ser absorbe
el balsmico aroma del recuerdo!

Mis creencias, mis dudas, mis amores;
las no olvidadas flores
que fui dejando en pos, lacias y mustias;
las tumultuosas esperanzas mas;
mis locas alegras
y el inmenso caudal de mis angustias;

algo que dura en mi caduca historia,
que puebla la memoria
y evoco a veces, si en tristeza vivo,
para que agite mi organismo inquieto
con su influjo secreto
a manera de suave reactivo.

Adis orilla plcida y amena
en cuya paz serena
respiro de otro ambiente la frescura!
Adis remanso que en tu fondo guardas
las visiones gallardas
de mi primera edad dichosa y pura!

Vuelvo a buscar ms anchos horizontes:
la cuenca de tus montes
me oprime como un cerco de granito;
vuelvo a encontrar ms amplias perspectivas:
tus ondas fugitivas
no sacian ya mi sed de lo infinito.

La vejez llega: la existencia es corta.
Si mi destino aborta
y torno a demandar calma y olvido,
reservars en tus riberas pas
el sitio que solas
a la altivez estoica del vencido?

No caer; mas si caigo, entre el estruendo
rodar bendiciendo
la causa en que fund mi vida entera;
vuelta siempre la faz a mi pasado
y como buen soldado
envuelto en un jirn de mi bandera.



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