Poema Visin de Sevilla de Miguel Hernndez

Visin de Sevilla

de Miguel Hernndez


Quin te ver, ciudad de manzanilla,
amorosa ciudad, la ciudad ms esbelta,
que encima de una torre llevas puesto: Sevilla?

Dolor a rienda suelta:
la ciudad de cristal se empaa, cruje.
Un tormentoso toro da una vuelta
al horizonte y al silencio, y muge.

Detrs del toro, al borde de su ruina,
la ciudad que viviera
bajo una cabellera de mujer soleada,
sobre una perfumada cabellera,
la ciudad cristalina
yace pisoteada.

Una bota terrible de alemanes poblada
hunde su marca en el jazmn ligero,
pesa sobre el naranjo aleteante:
y pesa y hunde su taln grosero
un general de vino desgarrado,
de lengua pegajosa y vacilante,
de bigotes de alambre groseramente astado.

Mirad, od: mordiscos en las rejas,
cepos contra las manos,
horrores reluciendo por las cejas,
luto en las azoteas, muerte en los sevillanos.

Clera contenida por los gestos,
carne despedazada ante la soga,
y lgrimas ocultas en los tiestos,
en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga.

Un clamor de oprimidos,
de huesos que exaspera la cadena,
de tendones talados, demolidos
por un cuchillo siervo de una hiena.

Se nubl la azucena,
la airosa maravilla:
patbulos y crceles degellan los gemidos,
la juventud, el aire de Sevilla.

Amordazado el ruiseor, desierto
el arrayn, el da deshonrado,
tembloroso el cancel, el patio muerto
y el surtidos, en medio, degollado.

Qu son las sevillanas
de claridad radiante y penumbrosa?
Mantillas mustias, mustias porcelanas
violadas a la orilla de la fosa.

Con angustia y claveles oprime sus ventanas
la poblacin de abril. La cal se altera
eclipsada con rojo zumo humano.

Guadalquivir, Guadalquivir, espera:
no te lleves a tanto sevillano!



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