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Se han encontrado 281 poemas con la palabra "amigo" se muestran del 21 al 30
  • José Zorrilla

    Para verdades el tiempo y para justicias Dios

    José Zorrilla

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  • dió por fin con la hostería
    donde su amigo jugaba.
    Fue a la mesa, y preguntando
    [...]
    sólo a Juan Ruiz se la debe.
    Este, a pretexto de amigo
    del triste que en polvo duerme,
    [...]
    y mi corazón con ella.
    Amigo de Pedro fuisteis,
    y yo os debo la existencia,
    [...]

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  • Antonio Machado

    ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo

    Antonio Machado

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  • Este poema se titula también Caminos
    ¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
    la sierra gris y blanca,
    [...]

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  • Gonzalo de Berceo

    Milagro XXI La abadesa en cinta

    Gonzalo de Berceo

    4042 veces visto

  • Dissolis a los angeles: a vos ambos castigo,
    Levad esti ninnuelo a fulan mi amigo,
    Deçid quem lo crie, io as sin gelo digo,
    [...]
    Envió sus saludes al sancto ermitanno,
    Commo a buen amigo, a cuempadre fontano,
    Que criase el ninno hastal seteno anno:
    [...]

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  • Gonzalo de Berceo

    Milagro I La casulla de San Ildefonso

    Gonzalo de Berceo

    1921 veces visto

  • Ovo un arzobispo coronado leal
    Que fue de la Gloriosa amigo natural.
    Diçienli Yldefonso, dizlo la escriptura,
    [...]
    Si bien lo comedieremos, fizo grant cortesia.
    Fizo grant providençia el amigo leal,
    Que puso essa festa cerca de la natal,
    [...]
    Fabloli poccos vierbos, razon buena complida.
    Amigo, dissol, sepas que so de ti pagada,
    Asme buscada onrra, non simple, ca doblada:
    [...]

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  • Federico García Lorca

    Dos odas

    Federico García Lorca

    2389 veces visto

  • apuntan a la orilla de tu sueño
    cuando el amigo come tu manzana
    con un leve sabor de gasolina
    [...]
    Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.
    Éste es el mundo, amigo, agonía, agonía.
    Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades,
    [...]

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  • José de Espronceda

    Despedida del patriota griego de la hija del apóstata

    José de Espronceda

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  • Es verdad, es verdad: tu padre un tiempo
    Mi amigo se llamó, y ¡ojalá nunca
    »Pasado hubieran tan dichosos días!
    [...]
    Las lágrimas que viertes de amargura!
    »Tú padre ¡oh Dios! como engañoso amigo
    Cuando la Grecia la servil coyunda
    [...]

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  • Carolina Coronado

    Y llévame contigo a tu morada

    Carolina Coronado

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  • mas ora el bien, ora el dolor me aguarde,
    mejor quisiera que con brazo amigo
    me quisieras llevar, Señor, contigo.
    [...]
    allá la paz, los goces celestiales
    me convidan, si quieres santo amigo
    para siempre llevarme allá contigo.
    [...]

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  • José Martí

    A Juan Doniila

    José Martí

    1197 veces visto


  • Mi querido amigo Juan:
    He puesto ahora mismo el nombre
    [...]
    Por lo noble no lo olvida
    Su amigo: ni olvida el $1.00.
    Su
    [...]

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  • Mario Benedetti

    Miles de ojos

    Mario Benedetti

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  • JORGE LUIS BORGES
    Desde temprano había menudeado las llamadas defelicitación. Para el ex torturador (todavía no sesentía cómodo con esa partícula: ex) ya nohabía peligro. La tan cuestionada ley de amnistía ahoratenía el aval del voto popular. A las felicitaciones élhabía respondido con risas, con murmullos de aprobación,con entusiasmo, sin escrúpulos. Sin embargo no se sentíaeufórico. Desayunó a solas, como siempre. A pesar de suscuarenta, se mantenía soltero. Estaba Eugenia, claro, pero enuna zona siempre provisional. Recogió los diarios quehabían deslizado bajo la puerta, pero se salteóprecisamente aquellas páginas, aparatosamente tituladas, queanalizaban la ahora confirmada amnistía. Sólo se detuvoen Internacionales y en Deportes. Luego se dedicó a regar lasplantas y el césped del fondo. La recomendación oficialdecía que, hasta nuevo aviso, era imprescindible ahorrar aguacorriente y prohibía especialmente el riego de jardines. Peroél gozaba de amnistía. Todo le estaba permitido. Si lehabían perdonado torturas, violaciones y muertes, no lo iban acondenar por un gasto excesivo de agua. Democracia es democracia. Elagua salía con fuerza tal que algunos tallitos, los másdébiles, se inclinaban e incluso hubo uno que se quebró.Lo apartó con el pie. Así estuvo dos horas. Regaba yvolvía a regar, dos o tres veces las mismas plantas, que ya noagradecían la lluvia. Cuando sintió en los pies elfrío de las zapatillas húmedas, cerró por fin lacanilla, entró en la casa y se vistió informalmente parair al supermercado. Una vez allí, hizo un buen surtido debebidas y comestibles hasta llenar prácticamente el carrito y sepuso en la cola de la Caja. Un signo de igualdad y fraternidad,pensó: aunque estaba amnistiado, de todos modos se resignaba ahacer la cola. De pronto sintió que una mano fuerte le tomaba elbrazo y experimentó una corriente eléctrica. ¿Comouna picana? No. Simplemente una corriente eléctrica. Se diovuelta con rapidez y con cierta violencia y se encontró con unvecino de rostro amable, un poco sorprendido por la reacción quehabía provocado. Disculpe, dijo el señor, sóloquería avisarle que se le cayó la billetera. Élsintió que las mejillas le ardían. Emitió un brevetartamudeo de excusas y agradecimiento y recogió la billetera.Precisamente en ese momento había llegado su turno, asíque fue colocando sus compras frente a la cajera, pagó, ymetió todo en la bolsa que había traído a esosefectos. Cuando abandonaba el supermercado, oyó que alguien ledecía, al pasar, enhorabuena, nadie hizo comentario alguno peroél comprobó que uno de los clientes, un bancario quepasaba a diario frente a su casa haciendo jogging, levantabainequívocamente las cejas. Pensó en los perros de caza,cuando, al detectar la proximidad de la presa, levantan las orejas.¿Él sería la presa? Boludeces, muchacho,boludeces. Estoy amnistiado. Un hombre sin deudas con la sociedad. Todolo hice por obediencia debida (con alguna yapa, como es natural), miconciencia y yo estamos en paz. Ya en la casa, fue vaciando la bolsa,metió en la heladera lo que correspondía, y lodemás en la despensita, sin mayor orden. Mañana, cuandoviniera Antonia a hacer la limpieza, sabría a qué estantepertenecía cada cosa. Encendió la radio pero sólohabía rock, así que la apagó y se quedó unbuen rato contemplando el techo y sus crecientes manchas de humedad.Llamar al constructor, anotó mentalmente. Después fue aldormitorio, se desnudó, se duchó, se vistió denuevo pero con ropa de salir, fue al garaje, encendió el motordel Peugeot, pensó hacer todo el camino por la Rambla pero mejorno, siempre es más seguro por Bulevar España y Maldonado.Qué tontería. ¿Más seguro? Vamos, vamos, siestoy amnistiado. Y rumbeó hacia la Rambla. No habíamuchos coches. A la altura del puertito del Buceo, lo pasó unMercedes, que de pronto frenó. El conductor le hizo señaspara que se detuviera. Él vaciló. Sólo por unadécima de segundo. El corazón le golpeaba con fuerza. LaRambla jamás es segura. Fue sólo un instante, pero en esedestello calculó que, si bien había suficiente distanciacomo para esquivar al otro coche y huir, el motor del otro era muchomás potente y le daría alcance sin problemas. De modo quese resignó y frenó junto al Mercedes. El otroasomó una cara sonriente. Lleva la valija abierta, amigo,¿no se había dado cuenta? No, no se había dadocuenta, así que dijo gracias, ha sido muy amable, y sebajó para cerrar la valija. Sin embargo, la valija no estabaabierta. Todo él se llenó de sospecha yprevención, pero el Mercedes ya había arrancado y sehabía perdido tras la curva. Miró hacia atrás,hacia el costado, hacia adelante. No había otros coches a lavista. ¿Podría ser que la valija se cerrara sola?¿Por qué no? Boludeces, muchacho, boludeces. Pero cuandovolvió a empuñar el volante, dejó abierta lagaveta donde estaba el revólver y por supuesto no siguiópor la Rambla. Cuando llegó al Centro, y a pesar de que en esacuadra había dos sitios libres, no se arriesgó a dejar elcoche en la calle y lo llevó a una playa de estacionamiento.Recordó que debía comprarse una camisa. Entró enuna tienda y le dijo al vendedor que la quería blanca, de mangaslargas, para vestir. ¿Es para usted? Sí, es paramí. ¿La quiere con el cuello flojo o más bienapretado? ¿Cómo apretado, qué quiere decir coneso? Oh, no lo tome a mal, me parece bien que lo quiera flojo, hoy endía nadie usa una camisa que lo estrangule. Hoy en día.Naturalmente. Hoy en día nadie. Estoy amnistiado. Nadie quiereque lo estrangulen. Ya no se usa. Se llevó la camisa blanca,para vestir, de mangas largas, y de cuello flojo (39 en vez de 38, queera su número). Le pareció carísima, pero noquería llamar la atención, así que pagó conun gesto de soberbia y a la vez de despreocupación por eldinero, y empezó a caminar por Dieciocho. Desde un auto,detenido porque el semáforo estaba en rojo, un desconocido legritó: felicidades. ¿Quién será? Por lasdudas saludó con la mano y entonces el otro le mostró lalengua. Su intención fue acercarse, pero el semáforo sehabía puesto verde y el auto arrancó con estruendo, entrelas risotadas de sus ocupantes. Guarangos, sólo eso, se dijo.Pero por qué lo de felicidades. ¿Por la amnistía?¿O simplemente había sido una palabra amable, destinada aservir de contraste con el gesto ofensivo que la iba a seguir? Vaya,después de todo no era la primera lengua que veía, porcierto había visto otras, más dramáticas que la deese idiota. Cosas del pasado. Abur. Por orden del presidente, la buenagente había cerrado los ojos de la nuca. Ahora ya no iban aescribir verdugos a la cárcel, verdad y justicia, y otrassandeces. Ahora habían aprendido a decir: se le cayó labilletera, enhorabuena, amigo lleva la valija abierta, felicidades.Almorzó solo, en un restaurante donde nadie lo conocía.Sin embargo, cuando estaba en el churrasco a la pimienta, vio que desdeotra mesa alguien lo saludaba, pero estaba tan lejos que sumiopía no le permitió distinguir quién era. Alrato vino el mozo con una tarjetita. El nombre era del corresponsal deuna agencia internacional, y había unas líneasrecién escritas: Tengo sumo interés en hacerle unaentrevista. Sobre la amnistía, ya se lo habrá imaginado.Le pidió al mozo que le dijera a ese señor que muchasgracias, pero que no era posible. Ya no pudo seguir comiendo a gusto.Al concluir no pidió café sino un té de boldo,pero ni así. Salió rápidamente, sin mirar alcorresponsal, que se quedó en el fondo, haciendo señas envano. Iría a lo de Eugenia, era la hora. Ella le habíatelefoneado bien temprano para decirle que lo esperaba conchampán. Un alivio. Por lo menos aquel apartamento, queél había financiado, era tierra conocida y no devastada.Eugenia estaba vestida poco menos que para una fiesta. Estarástranquilo ahora, me imagino, fue la bienvenida. Sí, bastante.Pero no lo estaba y ella lo advirtió. No seas estúpido,mi amor, ese asunto se acabó, ya lo dijo el presidente, ahorahay que mirar hacia adelante. En una ocasión como ésta, ytras el brindis de rigor (por la democracia, dijo Eugenia, ysoltó una carcajada), estaba más que cantado queirían a la cama. Y fueron. Durante todo el trámite,él estuvo con la cabeza en otra parte, pero así y todopudo cumplir como un buen soldado. En un momento, ella habíaapretado su abrazo de forma exagerada y él sintió que seasfixiaba. Por un momento tuvo pánico, casi se mareó.¿Será el abrazo, o el anís tendría algo?¿Será posible? ¿Nada menos que Eugenia?Afortunadamente, todo pasó, Eugenia había aflojado elabrazo, dijo que había estado regio, él pudo respirarnormalmente, y ella empezó a besarlo, como lo hacíasiempre en la etapa post coitum, de abajo hasta arriba. De prontoél anunció que se iba. ¿Ya? Esta noche tengo unareunión y quiero estar despejado, quiero dormir un poco.¿Es por la amnistía? No, dijo él, receloso, es porotra cosa. ¿Y dónde es? Él la miró,desconfiado. A esta altura del partido, no iba a caer en trampa taningenua. También podía suceder que, precisamente por sertan ingenua, no fuese trampa. Todavía no lo sé, meavisarán esta tarde. Nublado está mi cielo, dijo ella,sí, es mejor que te vayas, a ver si mañana estásmenos tenso. Estoy cansado, sólo eso. Bajó a la calle,caminó unas cuadras hasta donde había dejado el auto yantes de arrancar lo examinó con cuidado. Esta vez notomó por la Rambla, entre otras cosas porque soplaba un vientoque auguraba tormenta. Trató de ir esquivando (antiguaprecaución) las esquinas con semáforos, que obligabansiempre a detenerse y de hecho convertirse en blanco fijo. Cuandollegó a casa, notó con asombro que la luz de la cocinaestaba encendida. ¿Y eso? ¿La habré encendido yomismo hoy temprano, y luego, cuando me fui, como era de día, nome di cuenta? Vaya, todo estaba en orden. Quería descansar.Abrió la cama, se quitó la ropa (siempre dormíadesnudo) y tomó un somnífero suave, suficiente paradescansar unas horas. Por supuesto, no tenía ningunareunión esta noche. Experimentó un cosquilleo desatisfacción cuando advirtió que sus ojos se ibancerrando. Sólo cuando estuvo profundamente dormido,comenzó a recorrer un corredor en tinieblas, una suerte detúnel interminable, cuyas paredes eran sólo ojos, miles ymiles de ojos que lo miraban, sin ningún parpadeo. Y sinperdón.
    [...]

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  • José Martí

    Pinta mi amigo el pintor

    José Martí

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  •               XL
    Pinta mi amigo el pintor
    Sus angelones dorados,
    [...]

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