Poemas de Fray Luis de León

Fray-Luis-de-León
Nombre: Fray Luis de León
Nacimiento: Belmonte Cuenca 1527
Muerte: Madrigal de las Altas Torres Ávila 23 de agosto 3 de 1591
Nacionalidad: España
Biografía de Fray Luis de León

Poemas de Fray Luis de León



Poesías de Fray Luis de León preferidas de nuestros lectores


  • Oda I Vida retirada


  • ¡Qué descansada vida
    la del que huye del mundanal ruïdo,
    y sigue la escondida
    senda, por donde han ido
    los pocos sabios que en el mundo han sido;

    Que no le enturbia el pecho
    de los soberbios grandes el estado,
    ni del dorado techo
    se admira, fabricado
    del sabio Moro, en jaspe sustentado!

    No cura si la fama
    canta con voz su nombre pregonera,
    ni cura si encarama
    la lengua lisonjera
    lo que condena la verdad sincera.

    ¿Qué presta a mi contento
    si soy del vano dedo señalado;
    si, en busca deste viento,
    ando desalentado
    con ansias vivas, con mortal cuidado?

    ¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
    ¡Oh secreto seguro, deleitoso!
    Roto casi el navío,
    a vuestro almo reposo
    huyo de aqueste mar tempestuoso.

    Un no rompido sueño,
    un día puro, alegre, libre quiero;
    no quiero ver el ceño
    vanamente severo
    de a quien la sangre ensalza o el dinero.

    Despiértenme las aves
    con su cantar sabroso no aprendido;
    no los cuidados graves
    de que es siempre seguido
    el que al ajeno arbitrio está atenido.

    Vivir quiero conmigo,
    gozar quiero del bien que debo al cielo,
    a solas, sin testigo,
    libre de amor, de celo,
    de odio, de esperanzas, de recelo.

    Del monte en la ladera,
    por mi mano plantado tengo un huerto,
    que con la primavera
    de bella flor cubierto
    ya muestra en esperanza el fruto cierto.

    Y como codiciosa
    por ver y acrecentar su hermosura,
    desde la cumbre airosa
    una fontana pura
    hasta llegar corriendo se apresura.

    Y luego, sosegada,
    el paso entre los árboles torciendo,
    el suelo de pasada
    de verdura vistiendo
    y con diversas flores va esparciendo.

    El aire del huerto orea
    y ofrece mil olores al sentido;
    los árboles menea
    con un manso ruïdo
    que del oro y del cetro pone olvido.

    Téngase su tesoro
    los que de un falso leño se confían;
    no es mío ver el lloro
    de los que desconfían
    cuando el cierzo y el ábrego porfían.

    La combatida antena
    cruje, y en ciega noche el claro día
    se torna, al cielo suena
    confusa vocería,
    y la mar enriquecen a porfía.

    A mí una pobrecilla
    mesa de amable paz bien abastada
    me basta, y la vajilla,
    de fino oro labrada
    sea de quien la mar no teme airada.

    Y mientras miserable-
    mente se están los otros abrazando
    con sed insacïable
    del peligroso mando,
    tendido yo a la sombra esté cantando.

    A la sombra tendido,
    de hiedra y lauro eterno coronado,
    puesto el atento oído
    al son dulce, acordado,
    del plectro sabiamente meneado.



  • Oda XVIII En la ascensión


  • ¿Y dejas, Pastor santo,
    tu grey en este valle hondo, escuro,
    con soledad y llanto;
    y tú, rompiendo el puro
    aire, ¿te vas al inmortal seguro?

    Los antes bienhadados,
    y los agora tristes y afligidos,
    a tus pechos criados,
    de ti desposeídos,
    ¿a dó convertirán ya sus sentidos?

    ¿Qué mirarán los ojos
    que vieron de tu rostro la hermosura,
    que no les sea enojos?
    Quien oyó tu dulzura,
    ¿qué no tendrá por sordo y desventura?

    Aqueste mar turbado,
    ¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
    al viento fiero, airado?
    Estando tú encubierto,
    ¿qué norte guiará la nave al puerto?

    ¡Ay!, nube, envidiosa
    aun deste breve gozo, ¿qué te aquejas?
    ¿Dó vuelas presurosa?
    ¡Cuán rica tú te alejas!
    ¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!