Poemas de Luis Lloréns Torres

Luis-Lloréns-Torres
Nombre: Luis Lloréns Torres
Nacimiento: 14 de mayo de 1876 Juana Díaz
Muerte: 16 de junio de 1944 Santurce
Nacionalidad: Puerto Rico
Biografía de Luis Lloréns Torres

Poemas de Luis Lloréns Torres



Poesías de Luis Lloréns Torres preferidas de nuestros lectores


  • El negro


  • Niño, de noche lanzábame a la selva,
    acompañado del negro viejo de la hacienda,
    y cruzábamos juntos la manigua espesa.
    Yo sentía el silencioso pisar de las fieras

    y el aliento tibio de sus bocas abiertas.
    Pero el negro a mi lado era una fuerza
    que con sus brazos desgajaba las ceibas
    y con sus ojos se tragaba las tinieblas.

    Ya hombre, también a la selva del mundo fui
    y entre hombres y mujeres de todas las razas viví.
    Y también su pisar silencioso sentí.

    Y tuve miedo, como de niño... pero no huí...
    porque en mi propia sombra siempre vi
    al negro viejo siempre cerca de mí.


  • Linda rubia


  • Linda rubia: las otras lindas rubias
    saben que tú eres la más rubia entre ellas.
    ¿De qué áureos medievales, de qué onzas
    de virreinos en flor, de qué monedas,
    por el roce de siglos derretidas,
    se amontonan en tus bucles y tus trenzas
    la melcocha de oro en que embalsada
    salta en rizos de sol tu caballera?
    Orfebres gnomos de encantadas grutas,
    forjando magias de metal con ella,
    para ti harán dos lunas, dos zarcillos,
    y para mí dos soles, dos espuelas,
    que alumbren los caminos de la noche
    y ricen de temblor las madreselvas,
    cuando salgamos a correr ensueños,
    montada tú a las ancas de mi yegua,
    repica que repica repicando
    pa-ca-tás pa-ca-tás sobre las piedras,
    encendida de espumas la alazana,
    encendidas de sangre las espuelas,
    encendida la noche de luceros
    y encendida la ruta de quimeras...

    Linda rubia: las otras lindas rubias
    saben que tú eres la más zarca entre ellas.
    En sueños hice medallón dorado
    con las dos medialunas de tus cejas;
    marco de mi retrato en miniatura,
    que vi en tus ojos de color turquesa
    que las azules alas le robaron
    a la azul mariposa de la huerta;
    a la azul mariposa de azul alba
    en que el sol madrugó turnio de ojeras;
    a la azul mariposa que en la rosa
    lograste al fin hacerla prisionera.

    Linda rubia: las otras lindas rubias
    envidian la blancura de tus perlas.
    Tus labios, los dos cárdenos gusanos,
    que tu lengua de miel aterciopela
    unidos en los picos y en las colas
    en apretado amor de macho y hembra,
    circundan tu nidada de marfiles,
    tus dos triunfales arcos en hileras,
    que hízolos Dios para que fuesen dientes
    y que una noche se volvieron perlas,
    una noche de orgía en el Olimpo,
    de rumba y bacanal, la noche lesbia
    de la luna desnuda y tú desnuda,
    en que borracha tú y borracha ella,
    le pegaste un mordisco en las mejillas
    empolvadas de polvo de luciérnagas,
    y así bañaste en lumbre tus marfiles
    que se volvieron luminosas perlas.

    Linda rubia: las otras lindas rubias
    el lujo de tus nácares ensueñan.
    Nácares que en tus dedos acumulan
    la impalpabilidad con que la abeja
    liba el glóbulo intáctil de rocío
    sin que su etérea levedad la sienta.
    Besos de vaporosos colibríes
    que rozan sin rozar las astromelias.
    Nácares de las uñas de tus dedos
    que palpan sin palpar mi cabellera.
    Como las de las playas de los mares,
    uñas de las minúsculas almejas
    que por entre las púdicas enaguas,
    en que la espuma se desriza en seda,
    rascan las blancas nalgas de las olas
    que a retozar se tienden en la arena.

    Linda rubia: las otras lindas rubias
    saben que tú eres la más blanca entre ellas.
    Tú eres la luna medialuna blanca
    en mis suntuosas noches de bohemia,
    en las aristocráticas orgías
    -vinos de mieles de Afrodita y Leda-
    y hasta en las náuseas del amor rendido
    que vomita su alcohol en las tinieblas.
    La medialuna es Venus de los cielos
    y tú eres medialuna de la tierra.
    En tu falda de plata, Medialuna,
    voy a besar el oro de una estrella.