Poemas de Rubén Bonifaz Nuño

Rubén-Bonifaz-Nuño
Nombre: Rubén Bonifaz Nuño
Nacimiento: Córdoba (Veracruz) 12 de noviembre de 1923
Muerte:
Nacionalidad: México
Biografía de Rubén Bonifaz Nuño

Poemas de Rubén Bonifaz Nuño



Poesías de Rubén Bonifaz Nuño preferidas de nuestros lectores


  • Para los que llegan a las fiestas


  • Para los que llegan a las fiestas
    ávidos de tiernas compañías,
    y encuentran parejas impenetrables
    y hermosas muchachas solas que dan miedo
    —pues uno no sabe bailar, y es triste—;
    los que se arrinconan con un vaso
    de aguardiente oscuro y melancólico,
    y odian hasta el fondo su miseria,
    la envidia que sienten, los deseos;

    para los que saben con amargura
    que de la mujer que quieren les queda
    nada más que un clavo fijo en la espalda
    y algo tenue y acre, como el aroma
    que guarda el revés de un guante olvidado;

    para los que fueron invitados
    una vez; aquéllos que se pusieron
    el menos gastado de sus dos trajes
    y fueron puntuales; y en una puerta
    ya mucho después de entrados todos
    supieron que no se cumpliría
    la cita, y volvieron despreciándose;

    para los que miran desde afuera,
    de noche, las casas iluminadas,
    y a veces quisieran estar adentro:
    compartir con alguien mesa y cobijas
    vivir con hijos dichosos;
    y luego comprenden que es necesario
    hacer otras cosas, y que vale
    mucho más sufrir que ser vencido;

    para los que quieren mover el mundo
    con su corazón solitario,
    los que por las calles se fatigan
    caminando, claros de pensamientos;
    para los que pisan sus fracasos y siguen;
    para los que sufren a conciencia,
    porque no serán consolados
    los que no tendrán, los que no pueden escucharme;
    para los que están armados, escribo.


  • Recostado en su placer el día


  • Recostado en su placer, el día
    de estatuas y rejas enfloradas
    nos dice, amiga, que morimos;
    y como si al azar mordieras
    una manzana, resplandeces
    de dulces dientes y de labios.

    Y las lágrimas que están llenando,
    la carne que muerdes, las rosas
    del polvo que abres y aguirnaldas,
    festivamente se entristecen;
    y se enrosca en torno de tu brazo
    la serpiente roja de estío.

    Suena la lluvia de la noche
    cayendo al azar, como el azúcar
    de una manzana desangrada.
    De estatuas y rejas cenizas
    nace una boca, y nombra el alba.
    y dulce y de sombras resplandeces.