Poemas de San Juan de la Cruz

San-Juan-de-la-Cruz
Nombre: San Juan de la Cruz
Nacimiento: Fontiveros, Ávila, 24 de junio de 1542
Muerte: Úbeda, Jaén 14 de diciembre de 1591
Nacionalidad: España
Biografía de San Juan de la Cruz

Poemas de San Juan de la Cruz

Glosa  >> Glosas
Glosa a lo divino  >> Glosas
Noche oscura  >> Poemas Mayores
Cántico espiritual  >> Poemas Mayores
Llama de amor viva  >> Poemas Mayores
Super flumina Babylonis  >> Romances


Poesías de San Juan de la Cruz preferidas de nuestros lectores


  • Cántico espiritual


  • Canciones entre el alma y el Esposo
    Esposa
    1. ¿Adónde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste,
    habiéndome herido;
    salí tras ti clamando, y eras ido.

    2. Pastores, los que fuerdes
    allá por las majadas al otero:
    si por ventura vierdes
    aquel que yo más quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    3. Buscando mis amores,
    iré por esos montes y riberas;
    ni cogeré las flores,
    ni temeré las fieras,
    y pasaré los fuertes y fronteras.

    Pregunta a las criaturas
    4. ¡Oh bosques y espesuras,
    plantadas por la mano del Amado!
    ¡Oh prado de verduras,
    de flores esmaltado!
    Decid si por vosotros ha pasado.

    Respuesta de las criaturas
    5. Mil gracias derramando
    pasó por estos Sotos con presura,
    e, yéndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dejó de hermosura.
    Esposa
    6. ¡Ay, quién podrá sanarme!
    Acaba de entregarte ya de vero:
    no quieras enviarme
    de hoy más ya mensajero,
    que no saben decirme lo que quiero.

    7. Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos más me llagan,
    y déjame muriendo
    un no sé qué que quedan balbuciendo.

    8. Mas ¿cómo perseveras,
    ¡oh vida!, no viviendo donde vives,
    y haciendo porque mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    9. ¿Por qué, pues has llagado
    aqueste corazón, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    ¿por qué así le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    10. Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacellos,
    y véante mis ojos,
    pues eres lumbre dellos,
    y sólo para ti quiero tenellos.

    11. ¡Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibujados!

    12. ¡Apártalos, Amado,
    que voy de vuelo!

    El Esposo
    Vuélvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    La Esposa
    13. Mi Amado, las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    14. la noche sosegada
    en par de los levantes del aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    15. Nuestro lecho florido,
    de cuevas de leones enlazado,
    en púrpura tendido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    16. A zaga de tu huella
    las jóvenes discurren al camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de bálsamo divino.

    17. En la interior bodega
    de mi Amado bebí, y cuando salía
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no sabía;
    y el ganado perdí que antes seguía.

    18. Allí me dio su pecho,
    allí me enseñó ciencia muy sabrosa;
    y yo le di de hecho
    a mí, sin dejar cosa:
    allí le prometí de ser su Esposa.

    19. Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

    20. Pues ya si en el ejido
    de hoy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me he perdido;
    que, andando enamorada,
    me hice perdidiza, y fui ganada.

    21. De flores y esmeraldas,
    en las frescas mañanas escogidas,
    haremos las guirnaldas
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mío entretejidas.

    22. En solo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello,
    y en él preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    23. Cuando tú me mirabas
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecían
    los míos adorar lo
    que en ti vían.

    24. No quieras despreciarme,
    que, si color moreno en mi hallaste,
    ya bien puedes mirarme
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mi dejaste.

    25. Cogednos las raposas,
    que está ya florecida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hacemos una piña,
    y no parezca nadie en la montiña.

    26. Detente, cierzo muerto;
    ven, austro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran sus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores.

    Esposo
    27. Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    28. Debajo del manzano,
    allí conmigo fuiste desposada.
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    29. A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores
    y miedos de las noches veladores,

    30. Por las amenas liras
    y canto de serenas os conjuro
    que cesen vuestras iras,
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más seguro.

    Esposa
    31. Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el ámbar perfumea,
    morá en los arrabales,
    y no queráis tocar nuestros umbrales

    32. Escóndete, Carillo,
    y mira con tu haz a las montañas,
    y no quieras decillo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas extrañas

    Esposo
    33. La blanca palomita
    al arca con el ramo se ha tornado
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las riberas verdes ha hallado.

    34. En soledad vivía,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la guía
    a solas su querido,
    también en soledad de amor herido.

    Esposa
    35. Gocémonos, Amado,
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte ó al collado
    do mana el agua pura;
    entremos más adentro en la espesura.

    36. Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos,
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos

    37. Allí me mostrarías
    aquello que mi alma pretendía,
    y luego me darías
    allí, tú, vida mía,
    aquello que me diste el otro día:

    38. El aspirar del aire,
    el canto de la dulce Filomena,
    el soto y su donaire,
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena

    39. Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco parecía,
    y el cerco sosegaba,
    y la caballería
    a vista de las aguas descendía.


  • Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación


  • Entréme donde no supe: y quedéme no sabiendo, toda ciencia trascendiendo.
    1. Yo no supe dónde estaba,
    pero, cuando allí me vi,
    sin saber dónde me estaba,
    grandes cosas entendí;
    no diré lo que sentí,
    que me quedé no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    2. De paz y de piedad
    era la ciencia perfecta,
    en profunda soledad
    entendida, vía recta;
    era cosa tan secreta,
    que me quedé balbuciendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    3. Estaba tan embebido,
    tan absorto y ajenado,
    que se quedó mi sentido
    de todo sentir privado,
    y el espíritu dotado
    de un entender no entendiendo.
    toda ciencia trascendiendo.

    4. El que allí llega de vero
    de sí mismo desfallece;
    cuanto sabía primero
    mucho bajo le parece,
    y Su ciencia tanto crece,
    que se queda no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    5. Cuanto más alto se sube,
    tanto menos se entendía,
    que es la tenebrosa nube
    que a la noche esclarecía:
    por eso quien la sabía
    queda siempre no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    6. Este saber no sabiendo
    es de tan alto poder,
    que los sabios arguyendo
    jamás le pueden vencer;
    que no llega su saber
    a no entender entendiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    7. Y es de tan alta excelencia
    aqueste sumo saber,
    que no hay facultad ni ciencia
    que la puedan emprender;
    quien se supiere vencer
    con un no saber sabiendo,
    irá siempre trascendiendo.

    8. Y, si lo queréis oír,
    consiste esta suma ciencia
    en un subido sentir
    de la divinal esencia;
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo,
    toda ciencia trascendiendo.