Poemas de desamor

  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima XXX

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Asomaba a sus ojos una lágrima
    y a mis labios una frase de perdón...
    habló el orgullo y se enjugó su llanto,
    y la frase en mis labios expiró.

    Yo voy por un camino, ella por otro;
    pero al pensar en nuestro mutuo amor,
    yo digo aún: "¿Por que callé aquél día?"
    y ella dirá. "¿Por qué no lloré yo?"


  • Pablo Neruda

    La canción desesperada. Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924)

    Pablo Neruda

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  • Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
    El río anuda al mar su lamento obstinado.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Es la hora de partir, oh abandonado!

    Sobre mi corazón llueven frías corolas.
    Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

    En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
    De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

    Todo te lo tragaste, como la lejanía.
    Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

    Era la alegre hora del asalto y el beso.
    La hora del estupor que ardía como un faro.

    Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,
    turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

    En la infancia de niebla mi alma alada y herida.
    Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.
    Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

    Hice retroceder la muralla de sombra,
    anduve más allá del deseo y del acto.

    Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,
    a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

    Como un vaso albergaste la infinita ternura,
    y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

    Era la negra, negra soledad de las islas,
    y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

    Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.
    Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

    Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme
    en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

    Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,
    el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

    Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,
    aún los racimos arden picoteados de pájaros.

    Oh la boca mordida, oh los besados miembros,
    oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

    Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo
    en que nos anudamos y nos desesperamos.

    Y la ternura, leve como el agua y la harina.
    Y la palabra apenas comenzada en los labios.

    Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,
    y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

    Oh, sentina de escombros, en ti todo caía,
    qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron!

    De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste.
    De pie como un marino en la proa de un barco.

    Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.
    Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

    Pálido buzo ciego, desventurado hondero,
    descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

    Es la hora de partir, la dura y fría hora
    que la noche sujeta a todo horario.

    El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.
    Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

    Abandonado como los muelles en el alba.
    Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

    Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

    Es la hora de partir. Oh abandonado!


  • Antonio Machado

    Yo voy soñando caminos

    Antonio Machado

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  • Yo voy soñando caminos
    de la tarde. ¡Las colinas
    doradas, los verdes pinos,
    las polvorientas encinas!...
    ¿Adónde el camino irá?
    Yo voy cantando, viajero
    a lo largo del sendero...
    - La tarde cayendo está-.
    "En el corazón tenía
    la espina de una pasión;
    logré arrancármela un día:
    ya no siento el corazón".
    Y todo el campo un momento
    se queda, mudo y sombrío,
    meditando. Suena el viento
    en los álamos del río.
    La tarde más se oscurece;
    y el camino que serpea
    y débilmente blanquea
    se enturbia y desaparece.
    Mi cantar vuelve a plañir:
    "Aguda espina dorada,
    quién te pudiera sentir
    en el corazón clavada".


  • Efraín Huerta

    Eres, amor...

    Efraín Huerta

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  • Eres, amor, el brazo con heridas
    y la pisada en falso sobre un cielo.

    Eres el que se duerme, solitario,
    en el pequeño bosque de mi pecho.

    Eres, amor, la flor del falso nombre.

    Eres el viejo llanto y la tristeza,
    la soledad y el río de la virtud,
    el brutal aletazo del insomnio
    y el sacrificio de una noche ciega.

    Eres, amor, la flor del falso nombre.

    Eres un frágil nido, recinto de veneno,
    despiadada piedad, ángel caído,
    enlutado candor de adolescencia
    que hubiese transcurrido como un sueño.

    Eres, amor, la flor del falso nombre.
    Eres lo que me mata, lo que ahoga
    el pequeño ideal de ir viviendo.

    Eres desesperanza, triste estatua
    de polvo nada más, de envidia sorda.
    Eres, amor, la flor del falso nombre.


  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima LXXX

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Una mujer me ha envenenado el alma
    otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
    ninguna de las dos vino a buscarme,
    yo, de ninguna de las dos me quejo.

    Como el mundo es redondo, el mundo rueda.
    Si mañana, rodando, este veneno
    envenena a su vez, ¿porqué acusarme?
    ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?


  • José Ángel Buesa

    Soneto II

    José Ángel Buesa

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  • Mi corazón se siente satisfecho
    de haberte amado y nunca poseído:
    así tu amor se salva del olvido
    igual que mi ternura del despecho.

    Jamás te vi desnuda sobre el lecho,
    ni oí tu voz muriéndose en mi oído:
    así ese bien fugaz no ha convertido
    un ancho amor en un placer estrecho.

    Cuando el deleite suma a lo vivido
    acrecentado se lo resta el pecho,
    pues la ilusión se va por el sentido.

    Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,
    solo un amor se salva del olvido,
    y es el amor que queda insatisfecho.


  • Gustavo Adolfo Bécquer

    Rima XLIV

    Gustavo Adolfo Bécquer

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  • Como en un libro abierto
    leo de tus pupilas en el fondo;
    ¿a qué fingir el labio
    risas que se desmienten con los ojos?

    ¡Llora! No te avergüences
    de confesar que me quisiste un poco.
    ¡Llora! Nadie nos mira!
    Ya ves: soy un hombre... ¡y también lloro!


  • Amado Nervo

    Al encontrar unos frascos de esencia

    Amado Nervo

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  • ¡Hasta sus perfumes duran más que ella!
    Ved aquí los frascos, que apenas usó,
    y que reconstruyen para mí la huella
    sutíl que en la casa dejó...

    Herméticamente encerrada,
    la esencia en sus pomos no se escapará.
    Mientras que el espíritu de mi bien amada,
    más imponderable, más tenue quizá,
    voló de sus labios, redoma encantada,
    ¡y endónde estará!


  • José Ángel Buesa

    Canción del amor que pasa

    José Ángel Buesa

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  • M'apporte le parfum et te laisse la rose...
    H. DE REGNIER

    Yo soy como un viajero que no duerme
    más de una vez en la misma casa.
    Dame un beso y olvídame. No intentes retenerme:
    Soy el amor que pasa...

    Yo soy como una nube que da sombra un instante;
    soy una hoguera efímera que no deja una brasa.
    Yo soy el buen amor y el mal amante.
    Dime adiós y sonríeme: Soy el amor que pasa...

    Soy el amor que olvida, pero que nunca miente,
    que muere sonriendo porque nace feliz.
    Yo paso como un ala,fugazmente;
    y, aunque se siembre un ala, nunca tendrá raíz.

    No intentes retenerme: déjame que me vaya
    como el agua de un río, que no vuelve a pasar...
    Yo soy como una ola en una playa,
    pues las olas se acercan, pero vuelven al mar...

    Soy el amor de amar, que nadie odia lo inerme,
    que se lleva el perfume, pero deja la flor...
    Dime adiós, y no intentes retenerme:
    Soy el amor que pasa... ¡pero soy el amor!