Poema A una mujer flaca de Francisco de Quevedo y Villegas

A una mujer flaca

de Francisco de Quevedo y Villegas


No os espantis, seora Notoma,
Que me atreva este da,
Con exprimida voz convaleciente,
A cantar vuestras partes a la gente:
Que de hombres es en casos importantes
El caer en flaquezas semejantes.

Cant la pulga Ovidio, honor Romano,
Y la mosca Luciano,
De las ranas Homero; yo confieso
Que ellos cantaron cosas de ms peso:
Yo escribir con pluma ms delgada
Materia ms sutil y delicada.

Quien tan sin carne os viere, si no es ciego,
Yo s que dir luego,
Mirando en vos ms puntas que en rastrillo,
Que os engendr algn mircoles Corvillo;
Y quien pez os llam, no desatina,
Viendo que tras ser negra, sois espina.

Dios os defienda, dama, lo primero,
De sastre o zapatero,
Pues por punzn o alesna es caso llano
Que cada cual os cerrara en la mano;
Aunque yo pienso que por mil razones
Tenis por alma un viernes con ciciones.

Mirad que miente vuestro amigo, dama,
Cuando Mi carne os llama,
Que no podis jams en carnes veros,
Aunque para ello os desnudis en cueros;
Mas yo s bien que quedan en la calle
Picados ms de dos de vuestro talle.

Bien s que apasionis los corazones,
Porque dais ms pasiones
Que tienen diez Cuaresmas con la cara,
Que Amor hiere con vos como con jara;
Que si va por lo flaco, tenis voto
De que sois ms sutil que lo fue Scoto.

Y aunque estis tan angosta, flaca ma,
Tan estrecha y tan fra,
Tan mondada y enjuta y tan delgada,
Tan roda, exprimida y destilada,
Estrechamente os amar con bro,
Que es amor de raz el amor mo.

Aun la sarna no os come con su gula,
Y sola tenis Bula
Para no sustentar cosas vivientes;
Por slo ser de hueso tenis dientes,
Y de acostarse ya en partes tan duras,
Vuestra alma diz que tiene mataduras.

Hijos somos de Adn en este suelo,
La Nada es nuestro abuelo,
Y salstele vos tan parecida
Que apenas fuisteis algo en esta vida.
De ser sombra os defiende no el donaire,
Sino la voz, y aqueso es cosa de aire.

De los tres enemigos que hay del alma
Llevrades la palma,
Y con valor y pruebas excelentes
Los vencirades vos entre las gentes,
Si por dejar la carne de que hablo,
El mundo no os tuviera por el diablo.

Djome una mujer por cosa cierta,
Que nunca vuestra puerta
Os pudo un punto dilatar la entrada
Por causa de hallarla muy cerrada,
Pues por no deteneros aun llamando,
Por los resquicios os entris volando.

Con mujer tan aguda y amolada,
Consumida, estrujada,
Sutil, dura, bida, magra y fiera,
Que ha menester, por no picar, contera,
No me entremeto: que si llego al toque,
Conocer de m el seor San Roque.

Con vos cuando muris tras tanta guerra,
Segura est la tierra
Que no sacar el vientre de mal ao;
Y pues habis de ir flaca en modo extrao
(Sisndole las ancas y la panza)
Os podrn enterrar en una lanza.

Slo os pido, por vuestro beneficio,
Que el da del juicio
Troquis con otro muerto en las cavernas
Esas devanaderas y esas piernas,
Que si sals con huesos tan mondados,
Temo que haris rer los condenados.

Salvaros vos tras esto es cosa cierta,
Dama, despus de muerta,
Y tinenlo por cosa muy sabida
Los que ven cun estrecha es vuestra vida;
Y as, que os vendr al justo, se sospecha,
Camino tan angosto y cuenta estrecha.

Cancin, ved que es forzosa
Que os venga a vos muy ancha cualquier cosa:
Parad, pues es negocio averiguado
Que siempre quiebra por lo ms delgado.

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