Poema El viaje de Himilcón de José Antonio Ramos Sucre

El viaje de Himilcón

de José Antonio Ramos Sucre

    El almirante de la escuadra pisó el templo.Estaba ajado por las tribulaciones del viaje. Venía a cumplirlos votos enunciados, debajo del peligro, en un mar desconocido.Portaba en la diestra el volumen donde había consignado losportentos de la navegación. Lo puso en manos del sacerdote, aquien abordó modesta y dignamente, previniéndolo con unareverencia. Aquel relato debía inscribirse, a punta de cincel,al pie del ídolo gentilicio, en honor de la ciudadmarítima.
    Las naves aportaban rotas y deshabitadas. Losmarineros escasearon en medio de un mar continuo, cerca del abismo,cabo del mundo.
    Algunos recibieron sepultura nefanda en el seno delas aguas. Muchos perdieron la vida bajo los efluvios de un cielomorboso, y sus almas lamentan el suelo patrio desde una costa ignorada.
    Los supervivientes divisaron, camino del ocaso, elreino de la tarde, islas cercadas de prodigios; y descubrieron elrefugio del sol, labrador fatigado.
    Unos bárbaros capturados en el continente,prácticos de naves desarboladas, contaban maravillas de suvisita a un país cálido, más allá delmiraje vespertino; y aquellos hombres de semblante feroz y ojos grises,criados bajo un sol furtivo, motivaron con sus fábulasinsidiosas el comienzo del retorno.


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