Poemas de Guillermo Prieto

Guillermo-Prieto
Nombre: Guillermo Prieto
Nacimiento: Ciudad de Mxico 10 de febrero de 1818
Muerte: Tacubaya 2 de marzo de 1897
Nacionalidad: Mxico
Biografía de Guillermo Prieto

Poemas de Guillermo Prieto



Poesías de Guillermo Prieto preferidas de nuestros lectores


  • Romance de la Migajita


  • "Dtente! Que est rendida,
    eh, contente, no la mates!"
    Y aunque la gente gritaba
    Corraa como el aire,
    Cuando quiso ya no pudo,
    Aunque quiso lleg tarde,
    Que estaba la Migajita
    Revolcndose en su sangre. . .
    Sus largas trenzas en tierra,
    Con la muerte al abrazarse,
    Las miramos de rodillas
    Ante el hombre, suplicante;
    Pero l le dio tres metidas
    Y una al sesgo de remache.
    De sus labios de claveles
    Salen dolientes los ayes,
    Se ven entre sus pestaas,
    Los ojos al apagarse. . .
    Y el Ronco est como piedra
    En medio de los sacrifantes,
    Que lo atan codo con codo
    Para llevarlo a la crcel.

    "Ve al hespital, Migajita,
    vete con los palticantes,
    y atente a la Virgen pura
    para que tu alma se salve.
    Probrecita casa sin tus brazos!
    Pobrecita de tu madre!
    Y quin te lo hubiera dicho,
    tan preciosa cono un ngel,
    con tu rebozo de seda,
    con tus sartas de corales,
    con tus zapatos de raso
    que ibas llenando la calle,
    como guardando tus gracias,
    porque no se redamasen.

    El celo es punta de rabia,
    El celo alcanz matarte,
    Que es veneno que hace furias
    Las mas finas voluntades.

    Esto dijo con conciencia
    Una siora ya grande
    Que vido del papa al pepe
    Cmo pas todo el lance.

    Y yendo y viniendo das
    La Migajita preciosa
    Fue retoando en San Pablo;
    Pero la infeliz era otra;
    Est como pan de cera,
    El aigre la desmorona,
    Se le pintan las costillas,
    Se alevanta con congoja;
    Slo de sus lindos ojos
    Llamas de repente brotan.

    "Muerto!. . .dse!" A la ventana
    la pobre herida se asoma,
    y vio que llevan difunto,
    por otra mano alevosa,
    a su Ronco que idolatra,
    que fue su amor y su gloria.

    Olvida que est baldada
    Y de sus penas se olvida,
    Y corre como una loca,
    Y al muerto se precipita,
    Y aulla de dolor la triste
    Llenndolo de caricias.

    "Madre, mi madre (le dice)
    -que su madre la segua -,
    vendan mis aretes de oro,
    mis trasts de loza fina,
    mis dos rebozos de seda,

    y el rebozo de bolita;
    vendan mis tumbagas de oro,
    y de coral la soguilla,
    y mis arracadas grandes,
    guarnecidas con perlitas;
    vendan la cama de fierro,
    y el ropero y las camisas,
    y entierren con lujo a ese hombre
    porque era el bien de mi vida;
    que lo entierren con mi almohjada
    con su funda de estopilla,
    que pienso que su cabeza
    con el palo se lastima.

    Que le ardan cirios de cera,
    Cuatro, todos de a seis libras;
    que le pongan muchas flores,
    Que le digan muchas misas
    Mientras que me arranco el alma
    Para hacerle compaa.

    T, ampralo con tu sombra,
    Slvalo, Virgen Mara:
    Que si en esta positura
    Me puso, lo mereca;
    No porque le diera causa,
    Pues era suya mi vida". . .

    Y dando mil alaridos
    La infelice Migajita,
    Se arrancaba los cabellos,
    Y aullando se retorca.
    De pronto los gritos cesan,
    De pronto se qued fija:
    Se acercan los platicantes,
    La encuentran sin vida y fra,
    Y el silencio se destiende
    Convirtiendo en noche el da.

    En el panten de Dolores,
    Lejos, en la ltima fila,
    Entre unas cruces de palo
    Nuevas o medio podridas,
    Hay una cruz levantada
    De pulida cantera,
    Y en ella el nombre del Ronco,
    "Arizpe Jos Maras",
    y el pie, en un montn de tierra,
    medio cubierto de ortigas,
    sin que lo sospeche nadie
    reposa la Migajita,
    flor del barrio de la Palma
    y envidia de las catrinas.


  • Ensueos


  • Eco sin voz que conduce
    El huracn que se aleja,
    Ola que vaga refleja
    A la estrella que reluce;
    Recuerdo que me seduce
    Con engaos de alegra;
    Amorosa meloda
    Vibrando de tierno llanto,
    qu dices a mi quebranto,
    qu me quieres, quin te enva?

    Tiende su ala el pensamiento
    Buscando una sombra amiga,
    Y se rinde de fatiga
    En los mares del tormento;
    De pronto florido asiento
    Ve que en la orilla aparece,
    Y cundo ya desfallece
    Y ms se acerca y le alcanza,
    Ve que su hermosa esperanza
    Es nube que desaparece.

    Rayo de sol que se adhiere
    A una gota pasajera,
    Que un punto luce hechicera
    Y al tocar la sombra muere.
    Dulce memoria que hiere
    Con los recuerdos de un cielo,
    Murmurios de un arroyuelo
    Que en inaccesible hondura
    Brinda al sediento frescura
    Con imposible consuelo,

    En inquietud, como el mar,
    Y sin dejar de sufrir,
    Ni es mi descanso dormir,
    Ni me consuela llorar.
    En vano quiero ocultar
    Lo que el pecho infeliz siente;
    Tras cada sueo aparente,
    Tras cada mentida calma,
    Hay ms sombras en el alma,
    Ms arrugas en la frente.

    Si bien entra este empeo
    En que tan doliente gimo
    La esperanza de un arrimo,
    De un halago en un ensueo,
    Si de m no siendo dueo
    Sonrer grato me veis,
    Os ruego que recordis
    Que estoy de dolor rendido. . .
    Pasad. . . dejadme dormido. . .
    Pasad. . . no me despertis!