Poemas de Jaime Sabines

Jaime-Sabines
Nombre: Jaime Sabines
Nacimiento: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 25 de marzo de 1926
Muerte: Ciudad de México, 19 de marzo de 1999
Nacionalidad: México
Biografía de Jaime Sabines

Poemas de Jaime Sabines



Poesías de Jaime Sabines preferidas de nuestros lectores


  • Así es


  • Con siglos de estupor,
    con siglos de odio y llanto,
    con multitud de hombres amorosos y ciegos,
    destinado a la muerte,
    ahogándome en mi sangre, aquí, embrocado.
    Igual a aun perro herido al que rodea la gente.
    Feo como el recién nacido
    y triste como el cadáver de la parturienta.

    Los que tenemos frío de verdad,
    los que estamos solos por todas partes,
    los sin nadie.
    los que no pueden dejar destruirse,
    ésos no importan, no valen nada, nada,
    que de una vez se vayan, que se mueran pronto.
    A ver si es cierto: muérete.
    ¡Muérete, Jaime, muérete!

    ¡Ah, mula vida,
    testaruda, sorda!

    Poetas, mentirosos, ustedes no se mueran nunca.
    Con su pequeña muerte andan por todas partes
    y la lucen, la lloran, le ponen flores,
    se la enseñan a los pobres, a los humildes, a los que
    tienen esperanza.
    Ustedes no conocen la muerte todavía:
    cuando la conozcan ya no hablarán de ella,
    se dirán que no hay tiempo sino para vivir.

    Es que yo he visto muertos,
    y sólo los muertos son la muerte,
    y eso, de veras, ya no importa.

    Un desgraciado como yo no ha de ser siempre
    desgraciado.
    he aquí la vida.

    Puedo decirles una cosa por los que han muerto de amor,
    por los enfermos de esperanza,
    por los que han acabado sus días y aún andan por las
    calles
    con una mirada inequívoca en los ojos
    y con el corazón en las manos ofreciéndolo a nadie.
    Por ellos, y por los cansados que mueren lentamente en
    buhardillas
    y no hablan, y tienen sucio el cuerpo, altaneros del
    hambre,
    odiadores que pagan con moneda de amor.
    por éstos y los otros, por todos los que se han metido las
    manos
    debajo de las costillas
    y han buscado hacia arriba esa palabra, ese rostro,
    y sólo han encontrado peces de sangre, arena....
    Puedo decirles una cosa que no será silencio,
    que no ha de ser soledad,
    que no conocerá ni locura ni muerte.
    Una cosa está en los labios de los niños,
    que madura en la boca de los ancianos,
    débil como la fruta en la rama,
    codiciosa como el viento:
    humildad.

    Puedo decirles también
    que no hagan caso de lo que yo les diga.
    El fruto asciende por el tallo, sufre la flor y llega al aire.
    Nadie podrá prestarme su vida.
    Hay que saber, no obstante,
    que los ríos todos nacen del mar.


  • Doña Luz XVII

  • DOÑA LUZ XVII

    Lloverás en el tiempo de lluvia,
    harás calor en el verano,
    harás frío en el atardecer.
    Volverás a morir otras mil veces.

    Florecerás cuando todo florezca.
    No eres nada, nadie, madre.

    De nosotros quedará la misma huella,
    la semilla del viento en el agua,
    el esqueleto de las hojas en la tierra.
    Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
    en el corazón de los árboles la palabra amor.

    No somos nada, nadie, madre.
    Es inútil vivir
    pero es más inútil morir.