Poemas de Luis Rosales

Luis-Rosales
Nombre: Luis Rosales
Nacimiento: Granada, España 31 de mayo de 1910
Muerte: Madrid, España 24 de octubre de 1992
Nacionalidad: España
Biografía de Luis Rosales

Poemas de Luis Rosales



Poesías de Luis Rosales preferidas de nuestros lectores


  • La transfiguración


  • Siento tu cuerpo entero junto al mío;
    tu carne
                   es
                           como un ascua,
    fresca e imprescindible
    que está fluyendo hacia
    mi cuerpo, por un puente
    de miel lenta y silábica.
    Hay un solo momento en que se junta
    el cuerpo con el alma,
    y se sienten recíprocos,
                                                    y viven
    su trasfiguración,
                                      y se adelantan
    el uno al otro en una misma entrega,
    desde su mismo origen deseada.
    Siento tus labios en mis labios, siento
    tu piel desnuda y ávida,
    y siento,
                   ¡al fin!
                                esa frescura súbita

    como una llamarada
    de eternidad, en que la carne deja
    de serlo y se desata,
    se dispersa en el vuelo,
                                                    y va cayendo
    en la tierra sonámbula
    de tu cuerpo que cede interminable-
    mente cediendo,
                                     hasta
    que el vuelo acaba y ya la carne queda
    quieta, milagreada,
    y me devuelve al cuerpo,
                                                         y todo ha sido
    un pasmo, un rebrillar y luego nada.

  • Canción de la nieve que unifica al mundo


  • Somos hombres, Señor, y lo viviente
    ya no puede servirnos de semilla;
    entre un mar y otro mar no existe orilla;
    la misma voz con que te canto miente.

    La culpa es culpa y oscurece el bien;
    sólo queda la nieve blanca y fría,
    y andar, andar, andar hasta que un día
    lleguemos, sin saberlo, hasta Belén.

    La nieve borra los caminos; ella
    nos llevará hacia Ti que nunca duermes;
    su luz alumbrará los pies inermes,
    su resplandor nos servirá de estrella.

    Llegaremos de noche, y el helor
    de nuestra propia sangre Te daremos.
    Éste es nuestro regalo: no tenemos
    más que dolor, dolor, dolor, dolor.