Poemas de Nicanor Parra

Nicanor-Parra
Nombre: Nicanor Parra
Nacimiento: San Fabián, Provincia de Ñuble, Chile, 5 de septiembre de 1914
Muerte:
Nacionalidad: Chile
Biografía de Nicanor Parra

Poemas de Nicanor Parra



Poesías de Nicanor Parra preferidas de nuestros lectores


  • Hay un día feliz


  • A recorrer me dediqué esta tarde
    Las solitarias calles de mi aldea
    Acompañado por el buen crepúsculo
    Que es el único amigo que me queda.
    Todo está como entonces, el otoño
    Y su difusa lámpara de niebla,
    Sólo que el tiempo lo ha invadido todo
    Con su pálido manto de tristeza.
    Nunca pensé, creédmelo, un instante
    Volver a ver esta querida tierra,
    Pero ahora que he vuelto no comprendo
    Cómo pude alejarme de su puerta.
    Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
    Ni sus viejos portones de madera.
    Todo está en su lugar; las golondrinas
    En la torre más alta de la iglesia;
    El caracol en el jardín, y el musgo
    En las húmedas manos de las piedras.
    No se puede dudar, éste es el reino
    Del cielo azul y de las hojas secas
    En donde todo y cada cosa tiene
    Su singular y plácida leyenda:
    Hasta en la propia sombra reconozco
    La mirada celeste de mi abuela.
    Estos fueron los hechos memorables
    Que presenció mi juventud primera,
    El correo en la esquina de la plaza
    Y la humedad en las murallas viejas.
    ¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe
    Uno apreciar la dicha verdadera,
    Cuando la imaginamos más lejana
    Es justamente cuando está más cerca.
    Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
    Que la vida no es más que una quimera;
    Una ilusión, un sueño sin orillas,
    Una pequeña nube pasajera.
    Vamos por partes, no sé bien qué digo,
    La emoción se me sube a la cabeza.
    Como ya era la hora del silencio
    Cuando emprendí mi singular empresa,
    Una tras otra, en oleaje mudo, 
    Al establo volvían las ovejas.
    Las saludé personalmente a todas
    Y cuando estuve frente a la arboleda
    Que alimenta el oído del viajero
    Con su inefable música secreta
    Recordé el mar y enumeré las hojas
    En homenaje a mis hermanas muertas.
    Perfectamente bien. Seguí mi viaje
    Como quien de la vida nada espera.
    Pasé frente a la rueda del molino,
    Me detuve delante de una tienda:
    El olor del café siempre es el mismo,
    Siempre la misma luna en mi cabeza;
    Entre el río de entonces y el de ahora
    No distingo ninguna diferencia.
    Lo reconozco bien, éste es el árbol
    Que mi padre plantó frente a la puerta
    (Ilustre padre que en sus buenos tiempos
    Fuera mejor que una ventana abierta).
    Yo me atrevo a afirmar que su conducta
    Era un trasunto fiel de la Edad Media
    Cuando el perro dormía dulcemente
    Bajo el ángulo recto de una estrella.
    A estas alturas siento que me envuelve
    El delicado olor de las violetas
    Que mi amorosa madre cultivaba
    Para curar la tos y la tristeza.
    Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
    No podría decirlo con certeza;
    Todo está igual, seguramente,
    El vino y el ruiseñor encima de la mesa,
    Mis hermanos menores a esta hora
    Deben venir de vuelta de la escuela:
    ¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo
    Como una blanca tempestad de arena!

  • Último brindis


  • Lo queramos o no
    Sólo tenemos tres alternativas:
    El ayer, el presente y el mañana.

    Y ni siquiera tres
    Porque como dice el filósofo
    El ayer es ayer
    Nos pertenece sólo en el recuerdo:
    A la rosa que ya se deshojó
    No se le puede sacar otro pétalo.

    Las cartas por jugar 
    Son solamente dos:
    El presente y el día de mañana.

    Y ni siquiera dos
    Porque es un hecho bien establecido
    Que el presente no existe
    Sino en la medida en que se hace pasado
    Y ya pasó...,
                            como la juventud.

    En resumidas cuentas
    Sólo nos va quedando el mañana:
    Yo levanto mi copa
    Por ese día que no llega nunca
    Pero que es lo único
    De lo que realmente disponemos.