Poemas de Vicente Gallego

Vicente-Gallego
Nombre: Vicente Gallego
Nacimiento: Valencia, España 1963
Muerte:
Nacionalidad: España
Biografía de Vicente Gallego

Poemas de Vicente Gallego



Poesías de Vicente Gallego preferidas de nuestros lectores


  • Alguien trajo una rosa


  • A Carlos Aleixandre

    Alguien trajo una rosa
    hace ya algunos días, y con ella
    trajo también algo de luz;
    yo la puse en un vaso y poco a poco
    se ha apagado la luz y se apagó la rosa.
    Y ahora miro esa flor
    igual que la miraron los poetas barrocos,
    cifrando una metáfora en su destino breve:
    tomé la vida por un vaso
    que había que beber
    y había que llenar al mismo tiempo,
    guardando provisión para días oscuros;
    y si ese vaso fue la vida,
    fue la rosa mi empeño para el vaso.

    Y he buscado en la sombra de esta tarde
    esa luz de aquel día, y en el polvo
    que es ahora la flor, su antiguo aroma,
    y en la sombra y el polvo ya no estaba
    la sombra de la mano que la trajo.
    Y hoy veo que la dicha, y que la luz,
    y todas esas cosas que quisiéramos
    conservar en el vaso,
    son igual que las rosas: han sabido los días
    traerme algunas, pero
    ¿qué quedó de esas rosas en mi vida
    o en el fondo del vaso?

  • Escuchando la música sacra de Vivaldi


  • A Carlos Marzal y Felipe Benítez

    Como agua bendita,
    como santo rocío tras la noche de fiebre
    lava el alma esta música con su perdón sincero,
    fluyente arquitectura que en el aire vertebra
    la ilusión de otra vida
    salvada ya para gozar la gloria
    de un magnánimo dios.

    De lo terrestre naces,
    del metal y la cuerda, de la madera noble,
    de la humana garganta
    que estremecida afirma la hora suya en el mundo;
    y sin embargo vuelas, gratitud hecha música,
    evanescente espíritu
    que en el viento construyes tu perdurable reino.

    Si algún eco de ti sonara en nuestra muerte...

    En mitad de la muerte suenas hoy,
    cadencioso milagro, pura ofrenda de fe
    en honor de ese dios que no escucha tu ruego
    o que escucha escondido, tras su silencio oscuro,
    la demanda de luz con que el hombre lo abruma.

    Y si no existe un dios,
    ¿quién inspira en tu canto tan cumplido consuelo,
    extraña melodía de blasfema belleza
    que a los hombres sugieres su condición divina,
    para qué sordo oído
    cuando sea ya el nuestro desmemoria en el polvo,
    en mitad de la muerte, orgullosa plegaria emocionada,
    celebras esa frágil plenitud
    de no sé qué verano o qué huérfana espuma
    feliz
    de aquella ola
    que en la mañana fuimos?