Poema La infancia es otra cosa de Mario Benedetti

La infancia es otra cosa

de Mario Benedetti


Es fácil vaticinar que los propagandistas de la infancia no van a interrumpir su campaña
quieren vendernos la inocencia cual si fuera un desodorante o unhoróscopo
después de todo saben que caeremos como gorriones en la trampa
piando nostalgias inventando recuerdos perfeccionando la ansiedad

los geniales demagogos de la infancia
así se llamen Amicis o Proust o Lamorisse
sólo recapitulan turbadores sacrificios móvilescampanarios globos que vuelven a su nube de origen
su paraíso recobrable no es exactamente nuestro siempre perdidoparaíso
su paraíso tan seguro como dos y dos son cuatro no cabe ennuestro mezquino walhalla
ese logaritmo que nunca está en las tablas

los impecables paleontólogos de la infancia
duchos en exumar rondas triciclos mimos y otros fósiles
tienen olfato e intuición suficientes como para desenterrar ydesplegar mitos cautivantes pavores sabrosos felicidad a cuerda

esos decisivos restauradores
con destreza profesional tapan grietas y traumas
y remiendan con zurcido invisible el desgarrón que arruinabanuestro compacto recuerdo de cielo

sin embargo un día habrá que entrar a saco la podridainfancia
no el desván
allí apenas habitan los juguetes rotos los álbumes desellos el ferrocarril rengo o sea la piel reseca de la infancia
no  las fotografías y su letargo sepia
habrá que entrar a saco la miseria

porque la infancia
además del estanque de azogada piedad
que a cualquier precio adquieren los ávidos turistas del regreso
además de la espiga y la arañita
y el piano de Mompou
además del alegre asombro que dicen hubo
además de la amistad con el perro del vecino
del juego con las trenzas que hacen juego
además de todo eso
tan radiante tan modestamente fabuloso
y sin embargo tan cruelmente olvidado
la infancia es otra cosa

por ejemplo la oprobiosa galería de  rostros
encendidos de entusiasmo puericultor y algunas veces de crueldad dulzona
y es (también la infancia tiene su otoño) la caídade las primeras máscaras
la vertiginosa temporada que va de la inauguración delpánico a la vergüenza de la masturbación inicialrudimentaria
la gallina asesinada por los garfios de la misma buena parienta que nosarropa al comienzo de la noche
la palabra cáncer  y la noción de que no hayexorcismo que valga
la rebelión de la epidermis las estupefacciones convertidasen  lamparones de diversos diseños y medidas
la noche como la gran cortina que nadie es capaz de descorrer y que sinembargo oculta la prestigiosa momia del porvenir

por ejemplo la recurrente pesadilla
de diez cien veinte mil encapuchados
cuyo silencio a coro repetirá un longplay treinta añosmás tarde con el alevoso fascinante murmullo de los lamas delTibet en sus cantos de muerte
pero que por entonces es sólo una interminable fila deencapuchados balanceándose saliéndose del sueñogolpeando en el empañado vidrio de la cocina
proponiendo el terror y sus múltiples sobornos anexos

la otra infancia es qué duda cabe el insomnio con los ardides desu infierno acústico
uno dejándose llevar despojado de sábanas mosquiterocamisón y pellejo
uno sin bronquios y sin tímpanos
dejándose llevar imaginándose llevado hacia unlejanísismo casi inalcanzable círculo o celda o simadonde no hay hormigas ni abuela ni quebrados ni ventana ni sopa y dondeel ruido del mundo llega sólo como un zumbido ni siquierainsistente
es el golpe en la cara para ser más exacto en la  nariz
el caliente sabor de la primera sangre tragada
y el arranque de la inquina la navidad del odio que irza el pelocalienta las orejas aprieta los dientes gira los puños en unmolinete enloquecido mientras los demás asisten como un cerco dehorripiladas esperanzas timideces palabrotas y ojos con nauseas

es la chiquilina obligatoria distancia
la teresa rubia
de ojos alemanes y sonrisa para otros
humilladora de mis lápices de veneración de mis insigniasde ofrenda de mis estampillas de homenaje
futura pobre gorda sofocada de deudas y de hijos pero entonces tanlejos y escarpada
y es también el amigo el único el mejor
aplastado en la calle


un día de éstos habrá que entrar a saco la podridainfancia
habrá que entrar a saco la miseria

sólo después
con el magro botín en las manos crispadamente adultas
sólo después
ya de regreso
podrá uno permitirse el lujo la merced el pretexto
el disfrute
de hacer escala en el desván
y revisar las fotos en su letargo sepia.


Analizar métrica y rima de La infancia es otra cosa